*

X

¿Quieres tener un corazón sano? Cuida la calidad (y duración) de tus relaciones amorosas

Salud

Por: pijamasurf - 03/03/2015

Un poco como si el sentido figurado acertara en la realidad, varios estudios confirman que la salud cardíaca está relacionada directamente con la calidad sentimental de las relaciones amorosas
Patti Smith and Robert Mapplethorpe 1969

Patti Smith y Robert Mapplethorpe, Norman Seeff (1969)

La creencia popular, casi desde siempre, es que el amor guarda una relación estrecha con el corazón, como si este músculo fuera el asiento tanto de las relaciones como de los efectos de estas cuando se involucra dicho sentimiento. Alguien nos gusta y nuestro corazón late tan sólo de ver a esa persona, o terminamos una relación y entonces sentimos cómo el corazón se nos parte en mil pedazos.

Curiosamente, puede ser que estas metáforas tengan cierto ápice de realidad, pues una investigación reciente sugiere un vínculo entre la calidad de las relaciones amorosas y la salud cardíaca.

Hace unos días, Hui Liu y Linda Waite, profesoras de sociología en la Universidad Estatal de Michigan y la Universidad de Chicago respectivamente, publicaron un estudio en el que después de examinar información de casi 1,200 hombres y mujeres casados de entre 57 y 85 años de edad encontraron, por un lado, que un matrimonio saludable fortalece la salud del corazón pero, por otro, que envejecer juntos agudiza ciertas enfermedades como la hipertensión o la taquicardia por los problemas emocionales que conlleva un vínculo emocional de este tipo.

Asimismo, esta investigación sostenida por casi 5 años notó que dicho fenómeno es más común en las mujeres, al parecer porque existe en ellas cierta tendencia a internalizar sus emociones y sentimientos y, por lo mismo, sentirse más deprimidas que los hombres.

El enigma, quizá, es cómo tener una relación de largo aliento y fuerte compromiso sin que esto tenga efectos adversos para el bienestar. Y quizá eso merecería otra investigación exhaustiva.

Te podría interesar:

¿Qué es realmente la vagina? Reflexiones de placer sobre el alma sexual de la mujer

Salud

Por: María José CA - 03/03/2015

Existe una increíble gama de constructos que definen a la vagina. Cada uno de ellos presenta una parte certera así como de mucha información errónea de la subjetividad vaginal

10365876_1480012772273505_170254461524353582_n

El cuerpo humano cuenta con terminaciones nerviosas (llamadas corpúsculos sensoriales) en la piel que se encargan de la sensibilidad a lo largo de la complexión corporal. Gracias a estos mecanorreceptores somos capaces de percibir, significar, interpretar y sentir cualquier vibración o presión generada en alguna parte del cuerpo. Inclusive, algunos teóricos se atreven a definirlos como el inicio de toda creencia, pensamiento, sentimiento y conducta, los cuales están delimitados por constructos sociales y culturales (la Matrix).

Sin embargo hay una serie de costumbres culturales que provocan una especie de anhedonia sensorial; es decir, una muerte en vida de todas las sensaciones corporales (y hasta mentales). En consecuencia, no existen recursos (intrapersonales) para autorregularse ante crisis emocionales o vivenciales ni mecanismos propios para una especie de trascendencia humana. Y quizá un poco más específico, decidimos anestesiarlos de modo que no nos interrumpan en el día a día de la producción laboral.

De acuerdo con el Modelo Neurobiológico para Trastorno de estrés postraumático y enfermedades psicosomáticas de Robert Scaer, el cuerpo tiene sus propios métodos para regresar a este balance homeostático después de un evento traumático. Para él, el temblor (literal) del cuerpo es una especie de reset de los corpúsculos, del sistema nervioso y de la mente para regresar a las andadas. No obstante, si anestesiamos a los corpúsculos (y por tanto al sistema nervioso), ¿cómo vamos a darle este reinicio indispensable a nuestro cuerpo y mente para esta autorregulación y trascendencia humana?

Al reflexionar acerca de esta “muerte en vida”, se puede encontrar un paralelismo en la sexualidad tanto masculina como femenina (especialmente en la segunda). Es decir que, a pesar de que se han adoptado premisas de una revolución sexual como un estilo de vida normalizada, se continúa rechazando una sexualidad responsable con base en el placer consciente y prácticas sexuales (incluso relacionales) tanto seguras como protegidas.

En palabras de Naomi Wolf, famosa crítica cultural, politóloga y escritora, la visión de la sexualidad (femenina) está completamente desfasada debido a esta anhedonia en relación con la vagina. Al adentrarse en este túnel fascinante de la investigación de la vagina, y por lo tanto de la comprensión de la mujer, se halla una conexión esencial entre la conciencia de los corpúsculos sensoriales, la fluidez del temblor ante las sensaciones y la estructuración integral de la feminidad (y masculinidad) personal.

¿Qué es la vagina entonces?

10919002_1546722018935913_8000151173724345848_nExiste una increíble gama de constructos que definen a la vagina. Cada uno de ellos presenta una parte certera así como mucha información errónea sobre la subjetividad vaginal. Camino hacia la iluminación, loto dorado, agujero, órgano que separa la infancia de la adultez, un orificio in vogue, un producto estrella en la pornografía, un actor secundario ante el clítoris. Son muchos constructos establecidos alrededor de la vagina. Y todos, si no es que la mayoría, presentan conocimientos mínimos que establecen premisas separatistas entre ese miembro y las demás partes del cuerpo (incluyendo la mente –que no el cerebro).

A medida que se va profundizando la información y la experiencia en aspectos neurocientíficos, fisiológicos y espirituales, una mujer experimenta un cambio irreparable que reestructura este cerebro femenino, el cual permite la continuidad de los corpúsculos y de este reset homeostático para una trascendencia personal. Ya que, para alcanzar la tan aclamada felicidad y plenitud sexual, es indispensable tomar en consideración la fisiología del deseo, la excitación, la meseta y el orgasmo; la interacción física y emocional con el medio ambiente, así como las interconexiones entre mente y cuerpo. Estas cuestiones paralelas relativas a la sexualidad (independientemente de la orientación e identidad sexual) son las que permitirán una comunicación trascendental tanto con una como con esa otra (u otro).

Por consiguiente, cuando este cambio se genera, el placer sexual femenino no tiene que ver sólo con la sexualidad ni con el placer; sino con un medio de autoconocimiento, creatividad, iniciativas, felicidad, equidad, derechos, libertad, sensibilidad y salud. En pocas palabras, el cerebro femenino se convierte en un alma femenina enfocada tanto en la liberación de esquemas represivos como en el aprendizaje de quién es la vagina de cada una.

María José CA

Twitter de la autora: @deixismj

Fotografía principal: Petite Mort