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Por qué Ayotzinapa no morirá en mucho tiempo (la antibarbarie como bandera)

Por: Ana Paula de la Torre - 03/30/2015

En 6 meses van al menos 10 marchas: los motivos por los que el movimiento seguirá

Marcha-normalistas-Ayotzinapa-EFE-800x600Según la lógica (y la historia), cualquier movimiento social tiende a debilitarse. Los gobiernos suelen hacer uno que otro cambio, pocas veces profundo, para que los indignados se sientan un poco más conformes, o bien, dejan pasar el tiempo como un antídoto casi infalible. 

Sin embargo, a más de 6 meses del caso Ayotzinapa, las marchas continúan –recién se celebró la décima en la ciudad de México. Es verdad que la afluencia a las marchas ha disminuido notablemente, pero es un movimiento que a todas luces parece asentarse. Los 43 padres de los estudiantes desaparecidos han comenzado un movimiento que no descansará. 

Los motivos por los que Ayotzinapa perdurará

Un día, antes del caso Ayotzinapa, hablaba con un grupo de austriacos asombrados de la aparente serenidad en la que vivían los mexicanos pese a la espeluznante violencia en el país. Para ellos, parecía como si los locales no estuviesen siquiera enterados de lo que ocurría aquí. Sin embargo, la desaparición de los estudiantes destapó una indignación acumulada. 

Quizá, jamás en la historia del país la impunidad había llegado a niveles tales: en un país como Siria, abiertamente en guerra durante 5 años, han muerto alrededor de 250 mil personas, cifra no muy lejana en un país como México (más de 100 mil muertos y al menos 26 mil desaparecidos, con cifras oficiales confusas). Si a esto añadimos las desapariciones forzadas (aquellas en las que está involucrado el Estado), como en el caso de Ayotzinapa, entonces el escenario es aún más doloroso. 

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                                                    Mapa: MORLAN (cada punto rojo representa una persona desaparecida)

Así, Ayotzinapa destapó una indignación que ya muchos sentían al pensar en la gran cantidad de desaparecidos: personas generalmente de escasos recursos, con pocas oportunidades y que por ello poco cuentan para el sistema . 

No existe una vuelta atrás después de Ayotzinapa, porque los padres no dejarán morir este movimiento; también porque representa un momento en el que muchos mexicanos han decidido cambiar su actitud: mantenerse un poco más enterados de lo que sucede, hacer ciberactivismo, salir esporádicamente a las calles… 

La burbuja, afortunadamente, dejó de ser cool. Vivir ignorando una realidad que conlleva los horrores de cualquier guerra es imposible para cualquier mente sensible. 

Probablemente, el movimiento irá mutando y se convertirá en uno cuya demanda primordial será el freno a la impunidad general. Lo cierto es que Ayotzinapa es la bandera de un antes y un después, incluso en la forma en que la sociedad se mira a sí misma… 

 

Twitter de la autora: @anapauladelatd

Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la posición de Pijama Surf al respecto.

 

La colección más grande de las versiones más pequeñas de las cosas más grandes del mundo

Por: pijamasurf - 03/30/2015

Erika Nelson viaja en busca ‘los objetos más grandes del mundo’, y luego los miniaturiza para exhibirlos en su museo

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En Estados Unidos no son pocas las atracciones turísticas que se presentan con el título de lo “más grande del mundo”, se trate de una botella gigante de salsa Ketchup o de una pelota hecha de ligas elásticas.

Dando un giro irónico e ingenioso a este rasgo cultural estadounidense (también presente en otros países), Erika Nelson fundó el “World's Largest Collection of the World's Smallest Versions of the World's Largest Things Traveling Roadside Attraction and Museum”, un nombre en el que se advierte ya el espíritu lúdico y travieso de su fundadora, que recuerda esos títulos extensísimos al estilo de Jonathan Swift o los pregones con que anuncian a los estelares circenses.

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Este, por cierto, puede traducirse como “Museo y Atracción Carretera de la Colección Más Grande del Mundo de Las Versiones Más Pequeñas del Mundo de los Objetos Más Grandes del Mundo”, un juego de palabras que queda explicado por el curioso método que Nelson siguió para montar este recinto. 

Erika viaja por todo Estados Unidos buscando los “monstruos del camino”, construcciones monumentales de los objetos más inesperados sobre los que se documenta con fotografías y una extensa investigación al respecto.

Con esta información comienza entonces el juego, pues el siguiente paso es recrear el objeto en cuestión, “el más grande del mundo” de su tipo, en una miniatura, con las proporciones necesarias para exhibirse en las vitrinas de su museo.

Y el proceso no termina aquí. “Cuando es posible”, dice Erika, “llevo la versión más pequeña junto a su paternal objeto más grande del mundo, tomando una metafotografía del grande con el pequeño”.

El resultado es un interesante cruce de reflejos y proporciones que genera una especie de paradoja turística donde, sorpresivamente, el mundo parece caber en un estante.