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La Santa Muerte y los duendes – Curiosas pistas hacia los orígenes, asociaciones y correspondencias de La Niña Blanca

AlterCultura

Por: David Metcalfe - 03/19/2015

“Don Diego Duende” abre una visión para que entendamos las prácticas tradicionales donde “duendes” y otros espíritus elementales se entremezclan frecuentemente con las sombras residuales de los muertos para sanar, ayudar, lastimar, proteger y enseñar a aquellos que buscan empoderamiento a través de los reinos invisibles de la naturaleza y comunión con los mismos

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Cobardes difamadores, aquí estoy. Camino con el duende. Dejen que su valor decaiga, sus pelos se pongan de punta y el terror y el miedo los domine.

de la Invocación de Don Diego Duende

Los poderes mágicos de la Santa Muerte, publicado en inglés por Jaguar Books de la imprenta Cali Casa, y disponible en español en ediciones S. M., tiene lo que a primera vista parece una adición muy extraña –una invocación a Don Diego Duende. Mencionar a un duende en relación con los poderes mágicos de la Santa Muerte puede parecer fuera de lugar cuando muchas de las noticias alrededor de su presencia se relacionan con asuntos urbanos de criminalidad y tráfico de drogas. Sin embargo esta invocación se refiere a su persistente linaje como una poderosa figura asociada con el curanderismo, la brujería y otras tradiciones de la fe práctica.

“Don Diego Duende” abre una visión para que entendamos las prácticas tradicionales donde “duendes” y otros espíritus elementales se entremezclan frecuentemente con las sombras residuales de los muertos para sanar, ayudar, lastimar, proteger y enseñar a aquellos que buscan empoderamiento a través de los reinos invisibles de la naturaleza y comunión con los mismos. Conforme investigamos estos vínculos también descubrimos una serie de increíbles correspondencias relacionadas con La Niña Blanca, que iluminaron algunos de los rincones  escondidos de su surgimiento contemporáneo.

 

El Ánima Sola

Tomemos una pequeña desviación al inicio de nuestro camino hacia la comprensión de la relación de la Santa Muerte con Don Diego Duende, y miremos algunos de los conocimientos obtenidos por Nicholaj de Mattos Frisvold, un estudioso y practicante, en su libro Obeah: Un osario hechicero. La Obeah es una práctica popular caribeña cuyo objetivo principal es desarrollar relaciones con espíritus y residuos psíquicos, y dominio sobre ellos como un paso necesario en el trabajo espiritual. Frisvold menciona al ‘duende’ en relación con el Ánima Sola, una popular intermediaria que ayuda al practicante que busca trabajar con un tipo específico de espíritus errantes. Dentro de los fuegos del purgatorio, envuelta en cadenas rotas, vemos una imagen iconográfica que sugiere que su existencia en los fuegos purificadores del Infierno ha sido elegida por ella misma, y como tal, cuando es invocada tiene la capacidad de ayudar a mediar la comunicación con espíritus errantes quienes, por la razón que sea, permanecen atados al plano físico.

Es importante tomar en cuenta los detalles que proporciona Frisvold si queremos entender los lazos entre la Santa Muerte y los duendes:

El Ánima Sola es la líder de los Douen y la hija-mensajera de Papa Bones… Douen se deriva del latín duende, sinónimo de los goblins y brownies en el Norte de Europa, mientras que en Iberia y Sudamérica la categoría también incluye a las hadas y cualquier pequeño espíritu verde.

(…) También encontramos al icono del Ánima Sola en el Palo Mayombe en donde se le conoce, entre muchos otros nombres, como Mayanet Viento Malo –un viento de destrucción caliente y amargo. El Ánima Sola también es usada para representar al espíritu del Vudú Marinette Pie Cheche y Marienette Ge Rouge. Marienette es considerada una de las Lwas más peligrosas y está conectada íntimamente a los bosques, dominios de Papá Bois/Gran Bwa al igual que la Nkisi Mayanet.

Screen shot 2015-03-18 at 9.49.28 PMAunque la Santa Muerte se ha hecho conocida a través de su creciente presencia urbana y las noticias y los medios de comunicación tratan aspectos religiosos en desarrollo de su culto, la mayoría de los reportes antropológicos del siglo XX demuestran su papel como una poderosa patrona a la que se recurre en la práctica  del curanderismo y la brujería. Las raíces rurales de estas tradiciones proporcionan un elemento para explicar por qué cuando se habla de ella en relación con ‘poderes mágicos’, todavía mantiene asociaciones con espíritus de la naturaleza aun cuando su rol se extiende más visiblemente en ciudades y áreas urbanas a través de las Américas. Al mirar la Obeah también se nos recuerda que en prácticas populares como el curanderismo y la brujería, los espíritus familiares frecuentemente actúan como el medio para lograr trabajos espirituales, y siguiendo los modelos establecidos en los rituales de la hechicería europea, estos espíritus son a menudo controlados invocando la intercesión de un espíritu más alto o más poderoso –La Madrina, que es vista como uno de los más poderosos con quienes trabajar en este sentido, pues es literalmente la encarnación espiritual de la propia muerte.

Respecto al Ánima Sola, Frisvold continúa diciendo:

A partir de esto vemos cómo un tema toma forma; el Ánima Sola es la hija muerta de la Luna que sirve como mensajera entre mundos. Es un espíritu de tormento, un viento caliente y amargo que literalmente puede arrastrarte al Infierno. El Infierno debe entenderse como una metáfora de la otredad, y es en los bosques donde encontramos esas entradas y portales a la otredad. Por lo tanto ella es la mensajera del Señor de las Tinieblas, el fuego que proyecta una sombra blanca en la noche y se transforma de manera agónica. Así mismo es la patrona del misterio de los loup/garoup/hombres lobo. La simpatía por la Santísima Muerte también puede verse.

Oportunamente una Invocación al Ánima Sola aparece más adelante en Los poderes mágicos de la Santa Muerte, y conforme exploramos estas referencias somos llevados más allá de la devoción religiosa a ver a la Santa Muerte como una figura relacionada no solamente con la intercesión milagrosa sino también con experiencias iniciáticas. Esto proporciona una fascinante pista sobre un papel potencial que ha sido opacado por su popularización a lo largo de la década pasada. También nos da una mejor comprensión de por qué, conforme su tradición devocional pública ha crecido, tantas personas tienen encuentros directos con su presencia –incluyendo sueños visionarios, apariciones y mensajes proféticos. A diferencia de muchos santos populares ella no es una simple intermediaria, sino una figura a la que por mucho tiempo se le ha dado un lugar central en los misterios de la magia popular –como agente de acción y como espíritu tutelar.

 

El gran libro

Al explorar las referencias a la práctica de la Obeah en el Caribe, obtenemos una visión más matizada de cómo libros de impresión popular como Los poderes mágicos de la Santa Muerte pueden servir como conductos para la práctica seria, sin importar su fachada de impresión barata y producción en masa. Lo que explica Frisvold en referencia al Ánima Sola representa tradiciones orales que están encapsuladas en Los poderes mágicos de la Santa Muerte con una oración corta y una breve explicación de los peligros potenciales de trabajar con ella.

La Obeah, el curanderismo y la brujería comparten una relación común entre influencias urbanas y rurales –con influencias que incluyen la práctica de la hechicería, estructuras metafísicas del  movimiento del Nuevo Pensamiento/Ciencia de la Mente, espiritismo kardeciano, herbolaria tradicional y enseñanzas tradicionales entremezcladas para formar un sistema de tejido suelto basado más en resultados prácticos que en una ortodoxia estricta. Dichas prácticas no existen aisladamente, y con la mirada puesta en cualquier elemento aplicable que pueda estar disponible, frecuentemente acumulan influencias de todos los niveles de la cultura. Estas asociaciones son probadas, evaluadas y transmitidas por practicantes a quienes la integración de su trabajo espiritual con su vida diaria lleva a un nivel de entendimiento que no puede ser completamente abarcado a través de información a la que se accede rápidamente en un texto. Debemos comprender que la precisión histórica, la continuidad y otros asuntos del estilo son principalmente académicos y no guardan relación con la realidad viva de estas tradiciones.

La Obeah es la única de las tradiciones afrocaribeñas en la que, para muchos practicantes, el tomo de magia que se ordenaba por correo a principios del siglo XX, El gran libro de artes mágicas, magia hindú y ocultismo del este de la India de L. W. De Laurence, se ha vuelto un libro de referencia central. En folletos publicitarios de la Compañía De Laurence se le describe como “el más pleno y completo sistema de Filosofía Oculta: Magia Natural, Celestial y Ceremonial: Conjuros de Espíritus, etc.” Una edición reciente, publicada bajo el título de La Biblia de la Obeah, da una descripción adecuada de los verdaderos contenidos del libro y su relación con la magia caribeña:

La Bilbia de la Obeah fue publicada originalmente como El gran libro de artes mágicas, magia hindú y ocultismo del este de la India en 1898 por L. W. De Laurence. Este texto fue tomado de la edición de 1915.

A pesar del título, el texto tiene poco que ver con el hinduismo –muchas de las palabras “hindúes” fueron inventadas y pegadas al texto, gran parte del cual es una versión adaptada del trabajo de ocultismo de 1801 The Magus de Francis Barret (que a su vez era una compilación de obras anteriores de ocultismo europeo, incluidas las de Cornelius Agrippa y Pietro D’Abano).

El gran libro se convirtió en un texto influyente en la práctica de ciertos sistemas mágicos de origen africano incluyendo el hoodoo, vudú y la Obeah. Algunos han ido tan lejos como para llamar a la Obeah “una forma de magia basada en un catálogo ordenado por correo”, haciendo referencia a la principal técnica de venta de De Laurence.

El gran libro, junto con todos los demás libros publicados por la Compañía De Laurence, permanece prohibido en Jamaica debido a sus fuertes asociaciones con la práctica de la Obeah. Esto le ha ganado a El gran libro su apodo, La Biblia de la Obeah.

Aunque el libro es una amalgama de secciones plagiadas del manual de hechicería del siglo XIX de Francis Barret, The Magus, junto con una revoltura de investigación psíquica, folclor, especulación teosófica, prácticas simplificadas de yoga, trabajo con sueños y otras diversas ofertas, este compendio de información se convierte en un poderoso foco para la práctica cuando se accede a él con intención y creencia. Aunque no es coherente en un sentido académico, al dar acceso a tan amplio espectro de información, es ciertamente practicable en términos de proveer una amplia base de material a partir de la cual un estudiante serio de las ‘ciencias ocultas’ puede trabajar. La inclusión de instrucciones sobre trabajo de respiración visionaria y otras prácticas físicas también proporcionan al practicante una base para acceder a la información a un nivel más integral que va más allá de la especulación intelectual o la conceptualización.

Libros como Los poderes mágicos de la Santa Muerte traen la tradición de estas potentes hechicerías populares al siglo XXI, aunque contiene más de 600 páginas de denso material encontrado en El gran libro, este manual para el trabajo práctico con la Santa Muerte abre con líneas que nos recuerdan a De Laurence.

De Los poderes mágicos:

Si usted decide iniciarse en este culto, ruegue porque sus sentimientos estén siempre orientados hacia un lugar que le permita desarrollar su inteligencia, crecimiento espiritual, y encontrar su misión para vivir de acuerdo con los planes cósmicos.

(…) nunca olvide que se cosecha lo que se siembra. Por lo tanto quien siembra el daño, cosecha el daño.

De El gran libro:

El escritor informará por este medio al estudiante que cualesquiera que sean los deseos que lo hayan impulsado a buscar un conocimiento del ocultismo y las fuerzas invisibles de la naturaleza, lo mismo cosechará, pues lo parecido siempre atrae lo parecido.

En la versión inglesa de Los poderes mágicos de la Santa Muerte las últimas páginas tienen anuncios de Leyendas de la magia del incienso, hierbas y aceite de Lewis de Claremont, y Secretos de los salmos de Godfrey Selig, libros que caen dentro de la categoría de obras populares, al igual que El gran libro de De Laurence, que han sido usados a través del siglo XX en la magia popular americana. Aunque la legitimidad de estas fuentes pueda parecer dudosa desde un punto de vista académico, cuando se trata de la práctica popular, la tradición oral, más que el texto escrito, actúa como una llave que abre los misterios de estas áreas. El texto forma simplemente un punto de contacto que puede ser provocado por la anécdota, la intención y la instrucción personal, e incluso el más modesto material escrito puede convertirse en un canal coercitivo para el empoderamiento.

Un pasaje de El gran libro sirve para ilustrar la divergencia entre la especulación intelectual y la capacidad práctica, diciendo:

Aquellos que en verdadero sentido merecen la apelación de ‘adeptos’… no son los filósofos especulativos o las elaboraciones de cosmogonías. Los verdaderos adeptos son a menudo notablemente deficientes en información filosófica e incluso en información general.

El escritor ha encontrado entre ellos individuos que serían estimados como sumamente ignorantes si fueran juzgados por nuestros estándares occidentales de educación; hombres, por ejemplo, que no tenían ni el más remoto conocimiento de geografía, y para quienes incluso la historia de su propio país era en gran medida un libro sellado.

Sin embargo esos hombres eran los custodios de secretos por los cuales un gigante intelectual cambiaría fácilmente 20 años de su vida, secretos que hasta el momento han desconcertado con éxito a las investigaciones de los mejores pensadores e investigadores occidentales, y que no sólo han permitido a su poseedor suspender o desafiar las ‘leyes de la naturaleza’ ordinarias, sino triunfar sobre el tiempo y el espacio con una facilidad y rapidez que los griegos difícilmente se hubieran atrevido a atribuir a sus dioses olímpicos.

Cualquier agente espiritual que se encuentre tras la imagen iconográfica de la Santa Muerte ha estado iniciando en las artes de la magia a practicantes solitarios por mucho tiempo. Más que conocimiento académico o precisión histórica –la transmisión de un poder espiritual activo y funcional es esencial en las tradiciones de fe práctica, ya sea que este poder sea transmitido de maestro a estudiante, del experto al aprendiz u otorgado por un agente espiritual cuyo domino se sitúa en el delgado velo entre realidad e imaginación.

 

Katherine_Cameron-Thomas_the_RhymerLa Reina de Elphen

Lo que muchos han confundido con cambios ‘new age’ en el culto popular de la Santa Muerte, tales como correspondencias de color fuera de los tradicionales blanco, rojo y negro y otras innovaciones en esas líneas, pueden ser rastreados a temas comunes en la práctica popular que se remontan hasta finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Cuando observamos el entorno histórico de algo como la Invocación a Don Diego Duende somos llevados aún más lejos en el tiempo, donde, por tomar un solo ejemplo, encontramos figuras similares al Ánima Sola y la Santa Muerte, como las define Frisvold, dentro de juicios por brujería irlandeses y europeos.

En su tesis doctoral, El significado de Elfo y Elfos en la Inglaterra medieval, Alaric Timothy Peter Hall dice:

La evidencia de los juicios por brujería escoceses consolida las comparaciones medievales. Muestra la amplia existencia en la sociedad de narrativas como las registradas en los textos medievales, y cómo pudieron ser parte de interacciones dinámicas con las construcciones de la realidad del pueblo. Los juicios también sugieren continuidad de creencias relativas a ælfe en la cultura de habla inglesa. A pesar de la preponderancia de elfos femeninos y hadas en la literatura medieval inglesa y su referente comparativo en la alta Edad Media, y aunque una Reina de Elphen o una mujer similar del otro mundo es prominente en la evidencia de los juicios, los mismos muestran claramente que los elfos masculinos existían en las creencias escocesas… Los juicios por hechicería escoceses también atestiguan el uso de historias de elfos y hadas en populares ingeniosas construcciones y presentaciones de sus poderes y procesos curativos. Esto proporciona un contexto para comprender aspectos de los significados de ylfig –para ver a los alfe no sólo como causantes de daño en la cultura anglosajona, sino también como fuentes de poder.

Las tradiciones de sanación populares han sido largamente asociadas con el desarrollo de relaciones con el ‘otro’ reino de los espíritus elementales e independientes. En su libro Canción del cosmos: Una introducción a la cosmología tradicional, el erudito Arthur Versluis detalla cómo los espíritus llamados ‘elfos’ y ‘elementales’ se consideran tradicionalmente como participantes de una relación cosmológica horizontal, más que en una vertical. Lo que esto significa en la práctica es que cuando uno desea que algo sea hecho en el reino material, es más fácil y más eficiente trabajar con estos espíritus que hacerlo con espíritus ‘angélicos’ o ‘celestiales’ cuya función es llevar al practicante por encima de las preocupaciones terrenales. Aquí debemos recordar la afirmación a menudo repetida de que la Santa Muerte otorgará lo que otros santos no.

Como señala Versluis:

…podemos hablar de los siguientes géneros de los reinos subhumanos y extrahumanos: primero están los seres extra-humanos como los asuras (ángeles caídos)…después están las estaciones subhumanas como los elementales, que son las fuerzas inherentes a la propia Creación, los seres sutiles del fuego, el aire, la tierra y el agua, el metal y la madera, las náyades, las dríades y los demás de quienes hablaba Agrippa. También están las estaciones periféricas como son las de los fantasmas y las pretas, los goblins y las brujas, los seres que mantienen una relación directa con el reino de lo humano, siendo una ‘consecuencia’ de la misma, una especie de ‘horizontalización’ de las aspiraciones humanas hacia lo divino, a menudo resultado de la violencia, de la venganza, de cualquier cosas que cree una intencionalidad individualista.

Lo que comúnmente conocemos como ‘hadas’ o ‘elfos’ presenta un complejo grupo de seres espirituales que, en un contexto mágico cristianizado, se dice que existen ‘entre los jardines’ del Cielo y el Infierno o entre el mundo material y el trascendente. En algunas referencias las líneas entre ‘hada’ y ‘espíritu de los muertos’ son  borrosas en el mejor de los casos –y como se dice en el tratado del siglo XVII La comunidad secreta de los elfos, faunos y hadas de Robert Kirk, parte del folclor popular sostenía que ciertos espíritus asociados con las hadas eran de hecho los espíritus de aquellos que murieron antes y durante el gran diluvio mencionado en el Libro del Génesis –incluidos los espíritus de los misteriosos nefilim, quienes eran el fruto de la unión entre los ‘hijos de dios’ y las ‘hijas del hombre’.

Es interesante ver que Verluis resalta la marginalidad de estas especies ‘extra-humanas’ al describir su posición en el orden natural:

…hay una infinidad de otras ‘estaciones’ que no corresponden de manera exacta con la posición media del humano, estaciones del ser que están desviadas del Eje en varios grados y que para el ser humano individual representan estados sub-humanos o extra-humanos: carecen de la axialidad, o la centralidad que caracteriza a las posibilidades humanas. Entre estos sin duda podemos contar a los ‘fantasmas hambrientos’ o pretas de la tradición budista, a los asuras de las tradiciones védica y budista, a los jinn de la tradición islámica y a las faery de tradición céltica, así como a los gigantes, enanos, elfos y otros seres de varias culturas, seres que ahora se supone que son mitológicos.

Como reina de las fronteras y márgenes entre la vida y la  muerte sólo tiene sentido buscar algunas pistas de la relación de la Santa Muerte con los ‘elfos’ o duendes a partir de sus lazos con prácticas tradicionales como el curanderismo y la brujería que aún conservan algo de conocimiento práctico de las ‘hadas’, más que una fantasía victoriana. La posición de la Santa Muerte como guardiana de las puertas de la muerte funciona de manera similar a la del Ánima Sola cuya posición dentro de los fuegos del purgatorio le permite mediar entre el practicante y los espíritus residuales atados al plano material. Si continuamos rastreando las pistas textuales este rol intermedio va aún más allá.

 

La Santa Muerte y el aquelarre

Pese a la tentación de buscar raíces mesoamericanas en su tradición, conforme vemos las pistas más de cerca es cada vez más evidente que además de las fuentes mayas y aztecas, la Santa Muerte ha sido capaz de concentrar prácticas liminares de Europa, África y las Américas en un sistema de fe práctica sorprendente y fluido. Las continuidades inesperadas son abundantes una vez que empezamos a analizar lo que vemos de ella a la luz de las tradiciones europeas asociadas con espíritus iniciáticos femeninos.

Ronald Hutton, profesor de Historia en la Universidad de Bristol, nos da una explicación más amplia del papel de los ‘elfos’ como maestros de magia tradicional en su artículo “La cacería salvaje y el aquelarre”, del Journal of Folklore, en el que menciona:

También vale la pena enfatizar que en muchas partes de la Europa moderna temprana, los cunning folk (bajo sus varios diferentes nombres) decían haber obtenido sus conocimientos de magia a través de los  espíritus locales de la tierra (también bajo muchos nombres y formas distintas), que a veces se mezclaban con seres humanos muertos.

Es importante poner atención al hecho de que al acercarnos a la Santa Muerte nos encontramos con una fusión de creencias y prácticas que sirven para cubrir sucesos milagrosos e influencias en la vida de aquellos que se acercan a ella buscando sus favores como sanadora poderosa, maga del amor y protectora. Aunque la iconografía de la Santa Muerte es específica de ella, el papel particular que juega como un potente espíritu femenino tiene llamativas semejanzas con espíritus femeninos asociados con los muertos a través de muchas culturas diferentes.

Al mirar las semejanzas entre culturas y tradiciones es importante recordar que estamos dando más cuerpo a potenciales interpretaciones, más que haciendo atrevidas declaraciones de continuidad histórica. Estas comparaciones cruzadas proporcionan entendimiento sobre cómo ciertas confluencias de experiencia, simbolismo e intención interactúan en el nivel de lo imaginario. El artículo del profesor Hutton teje más los hilos para ayudarnos a entender las líneas de conexión entre la explicación de Frisvold del Ánima Sola como “la hija muerta de la luna que sirve como mensajera entre mundos”, la Reina de Elphen encontrada en los juicios por brujería y el papel de la Santa Muerte como espíritu iniciático en la práctica popular mesoamericana. Hablando de las leyendas europeas de la ‘cacería salvaje’, Hutton explica lo siguiente:  

El concepto moderno de la Cacería es principalmente una combinación de dos distintos tipos de procesión o desfile nocturno. Uno estaba compuesto principalmente de espíritus femeninos y peregrinaba, a menudo visitando hogares humanos para bendecirlos si sus habitantes eran limpios y hospitalarios. Personas vivas frecuentemente afirmaban haberse unido a ella, a veces explícitamente en forma de espíritu, mientras sus cuerpos permanecían en sus camas. En muchas áreas se creía que aquel era dirigido por una mujer sobrenatural, a quien los escritores eclesiásticos tendían a llamar Diana o Herodias, pero que también era conocida como Holda, Abundia, Satia, Percht, y por otros nombres locales. El otro tipo de procesión estaba en su mayoría o completamente compuesto por seres humanos muertos, y rara vez era considerado como atractivo o benevolente.

Quienes están familiarizados con el libro del siglo XIX de Charles Leland Aradia: un evangelio de brujas, que pretende basarse en prácticas populares italianas, reconocerá las figuras de Diana y Herodias, ya que estos nombres son esenciales en el ‘culto de las brujas’ que él describe en su libro. Sin embargo esta conexión simplemente nos trae de nuevo al hecho de que como folclorista Lelan jugó imprudentemente con sus influencias, entremezclando creencias afroamericanas tradicionales, magia popular europea, Nuevo Pensamiento/Ciencia de la Mente, y otros varios aspectos para compensar lo que él sentía que era una degeneración del material de origen que obtuvo de practicantes tradicionales.

Sin embargo esta mezcla sigue el camino en que la espiritualidad práctica tradicional ha sido transmitida siempre, fuera de controles ortodoxos. Como podemos ver con la fusión de creencias asociadas con la Santa Muerte, este tipo de diversidad sólo sirve al continuo crecimiento de su atractivo como hacedora de milagros y no desafía en modo alguno la eficacia de las prácticas asociadas con ella.

También es pertinente mirar más de cerca  lo que Leland estaba haciendo con Aradia a fin de descubrir conexiones intrigantes adicionales. Bosquejando el libro en un artículo para el Correspondences Journal titulado “Un corzo escurridizo, luciferianismo y paganismo en la brujería de Robert Cochrane”, Ethan Doyle menciona que Leland:

…había estado reuniendo relatos y tradiciones populares en la Toscana durante varios años cuando su informante, Magdalena, supuestamente le trajo este texto, el evangelio de una secta secreta de brujas, antes de desaparecer repentinamente. Los estudiosos han debatido si el texto representa las enseñanzas genuinas de un grupo religioso o una creación ficticia de Magdalena o Leland; lo más probable es que contenga algunos componentes folclóricos genuinos, sin embargo  es una creación de finales del siglo XIX.

Desde luego, nunca se ha encontrado ningún otro rastro de esta religión de brujas de la Toscana. La teología contenida en Aradia mezcla la figura de Lucifer, descrito aquí como ‘el dios del Sol y la Luna, el dios de la Luz, que estaba tan orgulloso de su belleza, y  quien por su orgullo fue echado del Paraíso’, con la deidad pagana clásica de Diana, aseverando que tuvieron una hija, la titular Aradia, quien fue enviada a la Tierra para combatir a la Iglesia católica romana y a la aristocracia, enseñando magia  a los campesinos a fin de que pudieran hacerlo.

Qué cosa tan extraña descubrir que el arreglo ciertamente artificial de Leland al folclor conduciría hacia una figura como Aradia, que proporciona patrocinio milagroso a aquellos que están en los márgenes sociales, les enseña las artes de la magia, combate a la Iglesia católica romana y guía a aquellos que están luchando contra la élite social. Lo que no menciona White es que Leland participó activamente en los movimientos revolucionarios dentro de Europa y era un propagandista activo por la igualdad social durante la Guerra Civil en Estados Unidos –incluso como folclorista usó su trabajo para defender los ideales sociales que sentía que eran importantes para el progreso de la sociedad.

De manera paralela, cabe señalar que la razón de la censura legal en Jamaica a los libros de la Compañía De Laurence asociados con la Obeah es que la Obeah durante mucho tiempo ha estado ligada a la actividad revolucionaria y el tradicionalismo panafricano a lo largo de la historia del país, ya fuera bajo el dominio colonial o los regímenes socialistas. Al tener el potencial para una revaloración radical del poder personal y para reconectar a la gente con sus raíces tradicionales la Obeah empezó a ser vista por las autoridades como una semilla de descontento social que era mejor dejar infértil.

El creciente papel de la Santa Muerte como una figura unificadora entre los desposeídos de la sociedad toma un matiz diferente al ser visto en relación con las similitudes que comparte con estas tradiciones paralelas. Su papel como líder que proporciona un territorio neutral para la unificación de un variado conjunto de grupos marginales, como  terreno neutral entre los devotos que están a favor de las fuerzas del orden y los llamados ‘criminales’, ciertamente agrega combustible a los fuegos de la desconfianza, que tiene nerviosos a religiosos y funcionarios de gobierno cuando monitorean a su creciente base de fe a lo largo de las Américas.

 

Ella permanece en las sombras

El catolicismo popular es muy capaz de explicar muchos aspectos de la tradición devocional  de la Santa Muerte sin tener que recurrir a la historia azteca o maya, de la misma manera, aparentes innovaciones como la Invocación de Don Diego Duende tienen sus raíces en los reinos de la práctica tradicional que no están ligados, como algunos afirman, a inventos ‘new age’ o a la comercialización. Con la Aradia de Leland o El gran libro de De Laurence, vemos cómo la calidad efectiva de estas fuentes existe más allá de su cuestionable providencia, tal como la eficacia de la Santa Muerte existe aun cuando su tradición es presentada en forma de libros de mercado masivo y su iconografía se extrae de la imaginería popular.

En un breve rastreo de estas correspondencias se vuelve evidente que los misterios que rodean a la Santa Muerte no son fácilmente codificados o contenidos dentro de un esquema simplista de narco-culto, mercancía de consumo masivo o santo popular, y a pesar del rápido crecimiento de su popularidad ella permanece como oculta en las sombras de la espiritualidad contemporánea. Si bien nos hemos centrado en Los mágicos poderes de la Santa Muerte como texto de origen, no se debe asumir que esto representa la ‘verdadera’ naturaleza de las prácticas del culto a la Santa Muerte, sino simplemente una serie de pistas y alusiones que dan más pruebas de algo que permanece fuera del reino de la especulación conceptual. Aun habiendo seguido el rastro sutil de Don Diego Duende en la medida en que lo hemos hecho, seguimos encontrándonos con más preguntas que respuestas en relación con los secretos más esotéricos de la Santísima, secretos que ella reserva para sus devotos más amados.

Twitter del autor: @davidbmetcalfe

También en Pijamasurf: El Búho sin ojos: telepatía, magia y la Santa Muerte

 

Desde tiempos literalmente inmemoriales, el ser humano ha contemplado el cielo estrellado y ha encontrado en sus periódicas mutaciones relaciones con su propio devenir, ha hallado configuraciones regulares de significado o bien ha proyectado su psique inconsciente en el vasto manto estelar

There are more things in heaven and earth, Horatio, than are dreamt of in your philosophy.

Hamlet, William Shakespeare

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I. Los fundamentos de la ciencia astrológica

Pocas disciplinas humanas son tan antiguas y tan mundialmente universales como la astrología (del griego "conocimiento de los astros"). Desde tiempos literalmente inmemoriales, el ser humano ha contemplado el cielo estrellado y ha encontrado en sus periódicas mutaciones relaciones con su propio devenir, ha hallado configuraciones regulares de significado o bien ha proyectado su psique inconsciente en el vasto manto estelar. Los registros prehistóricos de esta práctica, esparcidos por Oriente y Occidente, datan de al menos 15 mil años. En Egipto, Babilonia, Persia, y más tarde en Grecia, la observación de las relaciones entre los movimientos estelares y los asuntos humanos se desarrolló hasta convertirse en una ciencia y una tradición sumamente sofisticada y precisa. Los antiguos estudiosos del cielo fueron otorgando nombres a los planetas en función de la cualidad que percibían en sus ciclos en relación con la vida humana. Desde esta perspectiva, las culturas antiguas no basaban la disciplina astrológica en una mera creencia heredada sino en una praxis fundada en una metódica observación empírica a lo largo de siglos y en una interpretación de esas observaciones a partir de un esquema simbólico cuya matriz subyacente es análoga a las distintas culturas en donde este saber tuvo lugar.

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Contrario a lo que normalmente se piensa, la concepción tradicional del sentido de la astrología no radicaba en la idea lineal-determinista de que los movimientos de los planetas y los astros generaran un efecto causal sobre la vida humana, sino más bien en una noción de correspondencia. La bóveda celeste era concebida como un espejo macrocósmico de las realidades microcósmicas de los hombres. Esta forma participativa de pensamiento sobre la relación entre el hombre y el universo fue sintetizada en el tan citado axioma atribuido a Hermes Trismegisto: 

Lo que está arriba es como lo que está abajo,

y lo que está abajo es como lo que está arriba,

para que se cumpla el misterio de la Unidad. 

(Tabula Smaragdina)

En tal sentido, las órbitas de los planetas en el cielo estelar y la órbita del Sol a través de las constelaciones respecto de nuestro planeta no eran concebidas como una causa que determinara o influenciara el mundo humano, sino que tanto el mundo humano como el "mundo celeste" participaban de una misma sintonía cósmica, de un mismo estado subyacente en el que se manifestaban a la vez ciertos principios divinos o arquetípicos en los múltiples planos del Ser. Cada uno de los cuerpos celestes llamados "planetas" por la tradición (incluyendo al Sol y la Luna) se consideraban la manifestación visible y macrocósmica de esos principios divinos, los cuales, a partir de sus dinámicas relaciones, daban forma al mundo. La palabra griega Kosmos, empleada por los filósofos pitagóricos griegos, implicaba una concepción del universo como un orden coherente, bello, inteligente e inteligible que era la expresión de estos principios divinos arquetípicos que de algún modo formaban la existencia y estaban al mismo tiempo más allá de ella. El filósofo hermético medieval Gerhard Dorn llamo a este orden subyacente que unifica todo lo real, y del que todo lo real surge y al cual retorna, el Unus Mundus.

6250d07f-331e-484d-a178-68b6a0f2e40eLa tradición astrológica atravesó profundas mutaciones a lo largo del desarrollo de la historia de Occidente, degradándose gradualmente la visión tradicional de la correspondencia en concepciones cada vez más deterministas, materialistas y lineales acerca de la influencia de los astros sobre la vida humana. Con la expansión del racionalismo y el materialismo en la Europa de los siglos XVII y XVIII, esta visión de las influencias planetarias se fue tornando cada vez más inconsistente e insostenible para la mayoría de los intelectuales y los científicos, en la misma medida en que se iba instalando cada vez con mayor fuerza la imagen de un cosmos mecanicista, ciego y azaroso, hecho de materia en movimiento regida exclusivamente por las leyes naturales que era capaz de reconocer y clasificar la razón humana a través del método científico. Por primera vez en la historia de la cultura occidental, la astrología, probablemente la más antigua y respetada de las disciplinas del conocimiento humano, se vería relegada al espacio de las supersticiones arcaicas de un pensamiento pre-científico que el positivismo incipiente creía estar destinado a desterrar definitivamente.

Hoy en día, la astrología en todas sus formas, incluso las más profundas y sofisticadas, se encuentra aún cercada por un rechazo muy fuerte que se halla fundamentado por los prejuicios ideológicos[1] que hemos heredado de esta concepción moderna del mundo. Paradójicamente, nunca como hoy hubo tanta apertura y posibilidades de profundizar seriamente en este saber para aquellos que intuyen, con Hamlet, que "hay más cosas en el cielo y en la tierra... que las que sueña nuestra filosofía".

Hoy en día, ideas tales como el Unus Mundus de Dorn o la cosmovisión hermética de la correspondencia podrían parecernos concepciones obsoletas de la realidad. Y sin embargo, las últimas concepciones del universo y de la mente humana parecen señalarnos en esta misma dirección. Estas ideas podrían tener un paralelo claro, por ejemplo, en la teoría del orden implicado[2] desarrollada en los años 60 por el físico cuántico David Bohm, colaborador de Einstein. Bohm postuló que debajo del "orden desplegado" (explicate realm) que incluye el mundo que podemos percibir con los sentidos y explicarnos hasta cierto punto a través de las leyes de la física, habría un "orden implicado" (implicate realm), que organiza e informa ("da forma") a la realidad desde un nivel subcuántico. Bohm utilizó una metáfora para ilustrar el concepto de un orden implicado: el holograma. De la misma forma que un holograma, en cualquier elemento del universo se halla contenida la totalidad de la información[3] del universo y toda la información entre todas las partes del universo existe en un estado de interconexión inseparable. Desde esta teoría, "el orden que vemos --por ejemplo-- en el movimiento de los planetas es, en verdad, la expresión de un «orden implicado» en el cual los conceptos de espacio y tiempo ya no tienen validez; que en cualquier elemento del universo se contiene la realidad del mismo, una totalidad que incluye tanto materia como conciencia" (David Bohm, La totalidad y el orden implicado, 1992).

Siguiendo con esta línea, el físico David Peat encontró sentido a las llamadas "sincronicidades", concepto propuesto por el psicólogo suizo Carl Gustav Jung y el premio nobel de física Wolfgang Pauli. La sincronicidad alude a todo suceso en el que se experimenta una relación inequívoca entre un fenómeno interior y un hecho externo, hechos catalogados generalmente por la razón humana como “coincidencias”: “Los eventos sincronísticos, entendidos como una coincidencia significativa entre microcosmos y macrocosmos, son aplicables si consideramos que, bajo los estratos de un orden implicado individual, existe un nivel más profundo que contiene, plegada, toda la información del Universo” (Francis David Peat, Sincroncidad: Puente entre mente y materia, 1987).

Otra teoría que da fuerza a estas concepciones es la del universo como fractal, la cual está ganando actualmente[4] cada vez mayor validez científica. En esencia, la fractalidad es la propiedad estructural de un objeto que se repite dentro de sí mismo en distintas escalas. Ejemplos visualmente elocuentes de ello pueden hallarse en las formas que van desde las plantas, los cristales de nieve, las líneas de la costa, hasta la organización de las mismas galaxias.

Vinculando la fractalidad con el principio de correspondencia de la astrología, el astrólogo experimental Aleix Mercadé se pregunta[5]: "¿Parecería tan descabellado pensar que cuando nacimos, el todo y las partes mantenían configuraciones muy similares y que por ello somos, como parte, un fractal del universo de ese momento?". 

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Durante los primeros años de nuestro siglo, un grupo de astrofísicos de la Universidad de California llevó a cabo una investigación en la que se dedicaron a estudiar las semejanzas estructurales entre nuestro cerebro y las galaxias, llegando a sorprendentes conclusiones. En el año 2006 se publicó un informe[6] de esta investigación, en el que se plantea la semejanza existente entre el despliegue de un cúmulo de galaxias y el desarrollo de una red neuronal, señalando fuertes semejanzas no sólo en la estructura sino también en el funcionamiento, lo que vendría a ser una trascendental evidencia tanto de la teoría de la cosmo-fractalidad como de la concepción de un "orden implicado" en el universo. 

Por otro lado, los avances en distintos campos del conocimiento han aportado nueva luz y nuevas perspectivas sobre la comprensión del fenómeno astrológico. A mediados del siglo XX, los franceses Michel y Françoise Gauquelin aplicaron el análisis estadístico sobre la astrología, con resultados sorprendentes, evidenciando que algunos de los principios fundamentales de la tradición astrológica eran veraces. Los Gauquelin llevaron a cabo durante 40 años una investigación estadística a gran escala sobre las correlaciones entre las posiciones de ciertos planetas y el nacimiento de distintas personas prominentes en diversos campos, cada uno asociado con la cualidad tradicional de estos planetas: Marte en deportistas y militares, Júpiter en políticos y líderes, la Luna en escritores, Saturno en científicos, etc. "Desde los tiempos de Babilonia, los símbolos de Marte, Júpiter y Saturno, son muy parecidos a los actuales aunque los encarnasen dioses distintos de los griegos o los romanos. Lo más sorprendente es que actualmente, en el siglo XX, milenios después de la existencia de aquellos astrónomos/astrólogos babilónicos, la investigación estadística moderna corrobora los antiguos símbolos"[7] (Michel Gauquelin, 1990).

Estos descubrimientos no sólo no fueron refutados[8] sino que se confirmaron y profundizaron por posteriores estudios llevados a cabo por diversos investigadores. Hans Eysenck, un importante psicólogo alemán, escéptico de la astrología --e incluso del psicoanálisis, luego de analizar los estudios estadísticos de los Gauquelin llego a afirmar: 

Nos sentimos obligados a admitir que hay aquí algo que requiere explicación. Por mucho que les disguste, otros científicos que se tomen el trabajo de examinar la evidencia pueden verse forzados a una conclusión semejante. Los hallazgos son inexplicables, pero se trata de hechos, y como tales no se puede seguir ignorándolos; no podemos hacer como si no existieran simplemente porque no sean del agrado de las leyes de la ciencia de hoy o no concuerden con ellas... Tal vez haya llegado el momento de afirmar de manera completamente inequívoca que está naciendo una nueva ciencia. (Astrología: ¿ciencia o superstición?, 1982) 

559038_485824244772654_44236082_nEl último aporte más convincente sobre el fenómeno astrológico lo constituye el  vasto trabajo de investigación de Richard Tarnas, historiador de la cultura y profesor de filosofía y psicología en el Institute of Integral Studies de California, en el que fundó el programa de Filosofía, Cosmología y Conciencia. Tarnas se dedicó, durante un período de 30 años y junto con una serie de colaboradores, a estudiar la astrología empírica y metódicamente, armado con un acceso históricamente privilegiado de datos astronómicos precisos y una afilada metodología crítica. Escéptico al principio, afirmó verse rendido ante la evidencia irrefutable que fue presentándosele:

Lo que encontré superó mis expectativas (…) Lo que me llamó particularmente la atención fue el hecho inexplicable de que el carácter de los estados psicológicos observados correspondiera tan estrechamente a los significados atribuidos a los pertinentes planetas en tránsito y natales, tal como los describen los textos corrientes de astrología. Pues ya era desconcertante que hubiera correlación coherente, pero que, además las correlaciones correspondieran a los sentidos tradicionales de los planetas era sencillamente pasmoso. (Cosmos & Psique: Indicios para una nueva visión del mundo, 2006)

Los resultados más contundentes de su trabajo fueron presentados en la forma de un voluminoso cuerpo de datos que evidencia las relaciones entre ciclos planetarios y hechos históricos y procesos sociales significativos, así como momentos cruciales en la vida de grandes personalidades históricas.

Pero quizás más relevante incluso que las evidencias desarrolladas a favor del fenómeno astrológico sea la nueva perspectiva interpretativa presentada por Tarnas, en la que vincula de manera brillante los fundamentos del saber astrológico tradicional con los aportes de la psicología del inconsciente, especialmente los de la escuela de Carl Jung y sus continuadores. A esta tradicional y a la vez renovada perspectiva Tarnas dio el nombre de Astrología Arquetipal. Y es en ella en la que nos introduciremos en la próxima entrega.

Lee segunda parte 


[1]      http://astrologiaexperimental.com/2014/03/21/guiaanalisiscienciaastrologia/

[2]      http://cienciauanl.uanl.mx/?p=70

[3]      http://pijamasurf.com/2011/10/la-conciencia-es-no-local-el-retorno-del-alma-al-mundo/

[4]      http://www.tendencias21.net/El-Universo-como-fractal-un-modelo-del-cosmos-que-gana-validez-cientifica_a24995.html

[5]      http://astrologiaexperimental.com/2014/02/10/por-que-lo-de-arriba-esta-relacionado-con-lo-de-abajo/

[6]      http://pijamasurf.com/2012/12/tu-cerebro-podria-ser-el-universo-y-al-reves/

[7]      http://astrologiaexperimental.com/2014/04/03/entrevista-con-michel-gauquelin/

[8]      http://astrologiaexperimental.com/2013/03/20/6-malentendidos-y-objeciones-comunes-entorno-a-gauquelin-y-sus-hallazgos/