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La promiscua, misteriosa genética de los tréboles de cuatro hojas

Ecosistemas

Por: pijamasurf - 03/18/2015

Los tréboles son antiguos y tienen los cromosomas de poco menos que un extraterrestre. Esta es la razón por la cual hay algunos que tienen cuatro hojas

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To make a prairie it takes a clover and one bee,
One clover, and a bee,
And revery.
The revery alone will do,
If bees are few.

 Emily Dickinson

 

Hay 300 especies diferentes de tréboles, pero en un consenso más o menos general, el trébol blanco (Trifolium repens) de cuatro hojas es el de la suerte. Y el hecho de que haya tantos tréboles de cuatro hojas (casi todos hemos visto alguno) es porque la planta es nativa de tres continentes y prolifera muchísimo; entre tantos y tantos tréboles juntos uno que otro tiene un error de cromosoma. Pero al parecer las cuatro hojas no son ningún error, y si hubiera uno sería tener sólo tres.

La fama del trébol de cuatro hojas se ha expandido tanto que ahora científicos están indagando la genética de los tréboles para saber qué sucede a nivel ADN con estos casos de trébol. “Sabemos más o menos dónde está la mutación en el cromosoma”, apuntan, “pero el trébol parece hacer lo posible para hacer inescrutable su genoma”. Hay algo fascinante dentro de estas miniaturas verdes. Cada trébol tiene el doble número de cromosomas que los humanos, los mangos y la mayoría de los demás organismos, y cada par de cromosomas viene de una especie distinta. Como si fueran extraterrestres.

Cuando estaba proliferando sobre el mundo el trébol comenzó a dividirse en múltiples especies, pero luego se “apareó” (literalmente) de regreso y se siguió reproduciendo. En lugar de recombinarse, el trébol se quedó con ambos pares de cromosomas. Además, el trébol blanco ha sido un organismo de lo más promiscuo a lo largo de su historia (20 millones de años); es prácticamente incapaz de reproducirse entre su propia especie. Así, su vida sexual hace imposible rastrear los genes de los padres de cada ejemplar. Pero lo que los científicos descubrieron al crecer y monitorear 178 plantas de trébol, fue que los tréboles en la antigüedad tenían muchísimas hojas; entre más se fueron adaptando a la humedad y el frío del planeta, las fueron perdiendo.

Esto quiere decir que los tréboles comunes de tres hojas son más evolucionados que los de cuatro (el récord Guinness de un trébol actual es de 56 hojas en un solo tallo: el más primitivo de todos).

En general se puede concluir que lo que nos gusta, sin duda, es la excepción a la regla y el folclor. La fascinante empresa de buscar entre millones de plantitas una que sea diferente y que esté destinada a nosotros (porque así es la suerte), y la asociación que tenemos entre una miniatura –que además crece salvaje en tantos lugares– y su promesa de buena fortuna directamente ligada a los duendes irlandeses. Quizá los de cuatro hojas se extingan del planeta gracias a la adaptación, pero aún hay cientos y miles que nos esperan como un consuelo diminuto. La combinación de factores es bella y eso es suficiente.

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Imágenes de la sobrepoblación y el sobreconsumo: la doble dinámica de la destrucción

Ecosistemas

Por: pijamasurf - 03/18/2015

Un mundo de ciudades monstruosas que se comen las montañas, desiertos infernales de petróleo, cementerios de troncos iterados, surfistas que se deslizan por olas de basura
[caption id="attachment_93599" align="aligncenter" width="610"]cdmex La enorme, irrestañable mancha urbana de la ciudad de México crece como si fuera ola apocalíptica. FOTO: Pablo López Luz[/caption]

El paradigma socioeconómico imperante en nuestro planeta --el crecimiento infinito para abastecer nuestro sistema económico y nuestro deseo de tener más cosas-- tiene serias consecuencia ambientales y empieza a generar inquietantes preguntas sobre nuestra capacidad de sostener nuestro estilo de vida sin arrasar a las demás formas de vida y hacer de la Tierra un gigantesco terreno baldío.

Esta preocupación ha generado el libro Overdevelopment, Overpopulation, Overshoot (OVER)que congrega a científicos, artistas y activistas en torno al tema de la sobrepoblación, el sobredesarrollo, el exceso de consumo y la desigualdad y los problemas ecológicos y políticos que generan. El libro también cuenta con una serie de imágenes que poderosamente comunican el estado alarmante de nuestra realidad planetaria. Grandes masas urbanas que atiborran el espacio, miles de personas apiladas en paupérrimos barrios, surfistas deslizándose por olas de basura, otras miles de personas más corriendo como los perros de Pavlov ante las campanas de la programación psicosocial en búsqueda de nuevos aparatos, míticas aves que alimentaban nuestra imaginación envenenadas por nuestros desechos, bosques asolados, contaminantes y toxinas flotando por el mar y el aire, etc... Un panorama de la destrucción que busca generar acción de cambio.

La pregunta crucial, como se dice en la introducción del libro, no tiene que ver con la cantidad de personas que caben en un espacio delimitado (los más de 7 mil millones de personas del mundo cabrían, hacinados, en Texas). Es: 

¿Cuántas personas puede sostener la Tierra, a un nivel de vida razonable, dejando, a su vez, lugar para que la diversidad de la vida florezca? No hay una respuesta precisa a esta pregunta, pero los hechos de manera demoledora señalan que no podemos seguir como vamos. Ya estamos propinando daño severo al planeta. En algo tenemos que ceder.

Y es que la economía de crecimiento infinito, el uso de recursos no renovables y la proyección moderada de que para 2100 llegaremos a 10.9 mil millones de habitantes, simplemente no hacen sustentable nuestro modo de vida. No necesariamente tenemos que dejar de tener hijos, pero sí necesitamos implementar otro sistema de vida. Esperemos que podamos reaccionar antes de que nos orille una fecha límite, encarándonos con un funesto ultimátum. 

 

[caption id="attachment_93603" align="aligncenter" width="610"]zach-noyle-surfeando-en la basura-indonesia Surfeando olas de basura en Indonesia. FOTO: Zach Noyle[/caption]

 

[caption id="attachment_93604" align="aligncenter" width="610"]tala-industrial-oregon-daniel-dancer Tala industrial en Oregon. FOTO: Daniel Dancer[/caption]

 

[caption id="attachment_93605" align="aligncenter" width="610"]oil-spill-daniel-beltra Derrame petrolero incendiando el mar. FOTO: Daniel Beltrá[/caption]

 

[caption id="attachment_93606" align="aligncenter" width="610"]mark-gamba-campo de pozos petroleros-infierno en la tierra El infierno en la tierras, las máquinas extrayendo con incesante ambición el oro negro. FOTO: Mark Gamba[/caption]

 

[caption id="attachment_93607" align="aligncenter" width="610"]google-earth-no-hayespacio-para la natura-solo produccion china La geometría de la naturaleza violentada por la hiperproducción, sin un centímetro para la regeneración. FOTO: Google Earth: China[/caption]

 

[caption id="attachment_93608" align="aligncenter" width="610"]garth-lentz-canada.el braisl-del norte Bosques de Canadá, llamados también el "Amazonas del Norte", igualmente destruidos. FOTO: Garth Lentz[/caption]

 

[caption id="attachment_93609" align="aligncenter" width="610"]fabelas-dehaiti-google earth Las favelas de Puerto Príncipe, en Haití, uno de los países más pobres del mundo. FOTO: Google Earth[/caption]

 

[caption id="attachment_93610" align="aligncenter" width="610"]daniel-beltra-vacas contra la quema del amazonas Vacas paciendo en pánico mientras el Amazonas se quema. FOTO: Daniel Beltrá[/caption]

 

[caption id="attachment_93611" align="aligncenter" width="610"]chris-jordan-albatros-muerto por plástico Un albatros, el ave que cruza océanos, muerta en la tierra por comer plástico. FOTO: Chris Jordan[/caption]

 

[caption id="attachment_93632" align="aligncenter" width="610"]mall-indiakolkata-brett cole Personas en un mall en la India. FOTO: Brett Cole[/caption]