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Vivimos en la era de la inspiración en gotas (y la poca atención); para estos tiempos un ecléctico y jugoso compendio de frases célebres vía Russ Kick

 

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Por sí misma, la vida es una cita.

Borges 

Hemos pasado de la generación MTV, en la que imágenes caleidoscópicas cortaron en gajos las narrativas tradicionales iniciando un asalto sensorial, a la generación de Twitter, de las constantes actualizaciones en un feed anegándose de snippets de 140 caracteres, snacks de noticias, chismes e inspiración autosuperacional que compiten por nuestra endeble atención. El internet no sólo ha hecho que toda la información del mundo esté a nuestro alcance, ha hecho que toda la información ya resumida, predigerida y formateada para que sea user friendly esté a un clic de distancia. No es necesario profundizar: nos distribuimos por todas partes y recorremos el espacio global sin movernos. Esto nos permite abarcar muchos más temas, estar mucho más informados, conocer un poco de todo, y así tal vez absorber paletas multicolores, de las más diversas culturas, y ampliar nuestros horizontes. Tal vez incluso aumentar nuestra capacidad de detectar patrones --la habilidad intelectual más valorada de nuestra época-- descargando en las máquinas nuestra memoria y otras tareas prescindibles para dedicarnos a ver el campo de juego, con una mirada arquímidea, y conectar los puntos dispares (conectarlo todo), estratégicamente tomar decisiones.

En este contexto, divididos entre el flujo mercurial del éxtasis de la información y la evaporación de la reflexión y la capacidad de atención, el editor y antologista Russ Kick nos presenta su libro Flash Wisdom. He aquí un resumen ejecutivo de la sabiduría milenaria en rebanadas, centellas de inteligencia clásica, perlas digitales para personas que creen que pueden decodificar la totalidad a través de una pequeña parte del mandala, como el holograma de David Bohm, en el que en cada imagen o en cada bit de información está implicada la totalidad de la información del universo. O para aquellas que consideran que la información es una divisa que pueden canjear por todo tipo de puntos y quieres encumbrarse en el mercado de la información: he aquí unos instrumentos financiero para capitalizar su reputación: sabiduría por nos cuantos dólares y, sobre todo, por unos cuantos minutos de inversión. Y, por último, también hay que decirlo, para aquellos que buscan sincera inspiración, piedras luminosas en el camino de la carretera.

Russ Kick es alguien que encarna perfectamente el nuevo paradigma en el que todos somos curadores de información, DJs de datos compartiendo y editando lo que vamos viendo en nuestros life streams, hackeando de la realidad. Lleva haciendo esto --compilando crema(data)master-- por más de una década, minando internet y llevando los formatos de internet a los libros (para lectores con menos inclinación a los textos de largo aliento, que se niegan a revelar su esencia y utilidad al primer vistazo) para la formidable Disinformation Company, una editorial que es también uno de los mejores sitios en la historia de internet.

El libro es lo que podemos llamar un braingasm o un adictivo comprimido psicoactivo de inspiración, humor, provocación e instrucción de la genialidad de la humanidad. Un compendio que celebra los grandes momentos de inspiración y lucidez de la manera más accesible.

Los grandes temas, como qué es la realidad, la vida, la muerte, el amor y los temas del zeitgeist: la felicidad, la creatividad, el otro, el control y la vigilancia y la visión de sistema (holística) son filtrados por la mirada particular de Kick, emblema de nuestra (contra)cultura. Desde ese nodo por el que han pasado cosas como el posmodernismo, el desencanto con las grandes narrativas, la teoría de la conspiración, la física cuántica y sus extrañas implicaciones al nivel más básico realidad (cómo el acto de observar afecta lo observado o el fantasmagórico efecto de entrelazamiento cuántico: todo está superlumínicamente conectado), la revolución psicodélica y por supuesto los sueños de la (¿teología? de la) liberación a través de la información de internet. La verdad en una quote te hará libre (o al menos obtendrás una ola de retweets). Un teaser:

Cada modelo que construimos nos dice más sobre nuestra mente que sobre el universo… el universo es más grande que cualquiera de nuestros modelos… cada descripción del universo es una descripción del instrumento que utilizamos para describir el universo: la mente humana. (Robert Anton Wilson)

A continuación una selección (de la selección) de Flash Wisdom (traducida al español) y al final de cada sección un extra o pilón de la casa:

 

REALIDAD

No vemos las cosas como son,  las vemos como somos nosotros.

--Anaïs Nin

La realidad es frecuentemente imprecisa.

--Douglas Adams

El espacio de Einstein no está más cercano a la realidad que el cielo de Van Gogh. La gloria de la ciencia no está en una verdad más absoluta que la verdad de Bach o Tolstoi, sino en el acto mismo de la creación.

--Arthur Koestler

 

EXTRA:

Hay momentos en la historia en los que las visiones de dementes y drogadictos son una mejor guía a la realidad que la interpretación del sentido común de la información disponible a la mente “normal”. Este es uno de esos períodos, si es que no te has dado cuenta.

--Robert Anton Wilson

Todos los fenómenos son reales en algún sentido, irreales en algún sentido, sin sentido y reales en algún sentido, sin sentido e irreales en algún sentido y sin sentido reales e irreales en algún sentido… y si repites 666 veces esto alcanzarás la iluminación suprema… en algún sentido. 

--R. A. W.

 

VIDA

Todo en la vida es sólo por un rato.

―Philip K. Dick

Nos convertimos en lo que pretendemos ser, así que debemos de tener cuidado de qué pretendemos ser.

—Kurt Vonnegut

Todo es un patrón, toda la vida, pero a veces no podemos ver el patrón cuando somos parte de él.

—Belva Plain

El gran arte de la vida es la sensación; sentir que existimos, incluso en el dolor.

—Lord Byron

Si no te conviertes en el océano estarás mareado todos los días.

—Leonard Cohen

EXTRA:

Este lugar es un sueño. Sólo alguien dormido lo considera real. Luego la muerte llega como el amanecer, y te despiertas riéndote de lo que pensabas eran tus penas.

--Rumi

 

BIENESTAR

Sanamos del sufrimiento sólo cuando lo experimentamos en su totalidad.

—Marcel Proust

Las cosas q posees terminan por poseerte.

—Chuck Palahniuk

Estoy feliz de haber prestado tan poco atención a los buenos consejos; de haberlos seguido, ta vez hubiera evitado algunas de mis equivocaciones más valiosas.

―Edna St. Vincent Millay

EXTRA:

Hasta que no obtiene lo que quiere, el alma te enferma.

--James Hillman

No podemos cambiar algo hasta que no lo aceptamos. Condenar no libera, oprime.

--Carl Jung

 

EL SER

La mente es todo. Eres lo que piensas. 
—Gautama Buddha

El hombre es el único animal para el cual su propia existencia es un problema que debe resolver.

—Erich Fromm

La ansiedad es miedo de uno mismo.

--William Shekel

Por fin he llegado a la conclusión de que mi más alta ambición es ser lo que ya soy.

—Thomas Merton

EXTRA:

Sé tu mismo, todos los demás puestos ya están tomados.

Oscar Wilde

 

ARTE Y CREATIVIDAD

Escribo porque no sé lo que pienso hasta que leo lo que digo.

—Flannery O’Connor

El arte no reproduce lo visible; en cambio, hace visible.

—Paul Klee

Ante la pregunta: ¿Cómo te conviertes en un profeta?

Allen Ginsberg: Dí tus secretos.

 

AUTORIDAD Y CONTROL

La indignación moral es lo mismo que los celos pero con un halo. 

—H. G. Wells

Si las palabras, "vida, libertad y búsqueda de la felicidad" no incluyen el derecho a experimentar con tu propia conciencia, entonces la Declaración de la Independencia no vale ni siquiera el cáñamo con el que fue escrita.

—Terence McKenna

Debo crear mi propio sistema o seré esclavizado por el sistema de otro hombre.

—William Blake

Reexamina todo lo que te han dicho en la iglesia o en la escuela o en un libro, descarta todo lo que insulta a tu propia alma.

—Walt Whitman

 

Twitter del autor:@alepholo

 

 

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La obligación cultural de ser feliz podría ser una ruta casi segura a la infelicidad

Actualmente la felicidad está por todos lados —al menos discursivamente. Algunos nos dicen que la felicidad se encuentra en una lata de refresco y otros que llega sólo cuando hacemos caso a nuestra intuición. Hay quienes rescatan tradiciones antiquísimas y casi olvidadas para extraer un sumario de consejos útiles para ser feliz.

Hace unos meses publicamos una crítica contra la actual política del be happy como un credo existencial contemporáneo: "Sobre la triste obligación de tener que ser feliz". Y es que extrañamente, en esta atmósfera, hay un rostro de la felicidad contemporánea que tiene los rasgos del imperativo. Nuestra época nos ha acostumbrado a perseguir la felicidad. Pero, al emprender dicha persecución, ¿no aceptamos tácitamente que el objetivo puede ser inalcanzable?

Hace poco, en el sitio Big Think, uno de sus colaborares más asiduos y agudos, Steven Mazie, publicó un breve texto a propósito de un fragmento de Kant sobre la felicidad. Como sabemos, Kant es el gran filósofo de la moralidad, un ámbito de la filosofía que inevitablemente se cruza con la exploración de la felicidad si pensamos que esta ocurre en el territorio de lo compartido.

En Fundamentación de la metafísica de las costumbres, un trabajo de 1785, Kant dedica varias páginas a este asunto, visto sobre todo a la luz de la razón. Para el legendario caminante de Königsberg, la felicidad forma parte de una ecuación no tan sencilla en la que están involucradas la racionalidad, la moralidad y una categoría necesaria para encaminarse hacia la solución que el filósofo entiende como “sagacidad”: “la habilidad al elegir los medios para conseguir la mayor cantidad posible de bienestar propio”.

Hasta este punto, el sistema podría funcionar y, como si se tratase de un mecanismo perfecto, ofrecernos un resultado claro sobre qué significa ser feliz, qué se necesita para conseguirlo. Sólo que no es tan fácil, no por un último ingrediente: la experiencia, uno de los nombres de la subjetividad. La experiencia personal determina si encontraremos la felicidad en un auto nuevo o en nuestro platillo favorito, si al observar un atardecer o en el abrazo de alguien a quien queremos y que también nos quiere. Experiencia que además se transforma y cambia al ritmo de nuestra propia vida. Por eso, por la experiencia, es tan complicado decir con seguridad qué nos haría felices en este momento. Al respecto, escribe Kant:

Ahora bien, es imposible que un ser, por muy perspicaz y poderoso que sea, siendo finito, se haga un concepto determinado de lo que propiamente quiere en este sentido. Si quiere riqueza ¡cuántas preocupaciones, cuánta envidia, cuántas asechanzas no podrá atraerse con ella! ¿Quiere conocimiento y saber? Pero quizá esto no haga sino darle una visión más aguda que le mostrará más terribles aún los males que ahora están ocultos para él y que no puede evitar, o impondrá a sus deseos, que ya bastante le dan que hacer, necesidades nuevas. ¿Quiere una larga vida? ¿Quién le asegura que no ha de ser una larga miseria? ¿Quiere al menos tener salud? Pero ¿no ha sucedido muchas veces que la flaqueza del cuerpo le ha evitado caer en excesos que habría cometido de haber tenido una salud perfecta?, etcétera. En suma, nadie es capaz de determinar con plena certeza mediante un principio cualquiera qué es lo que le haría verdaderamente feliz, porque para eso se necesitaría una sabiduría absoluta.

La idea de felicidad de Kant es un poco como una matriz matemática en la que la totalidad es un meta-valor que la hace funcionar. No está ahí entre sus elementos, pero es necesario. Una totalidad que implica conocer todos los factores posibles de una situación para poder prever su resultado. Sólo que, en cuestiones humanas, morales, esto es imposible. Por eso, nos dice Kant, nadie puede decir con qué sería feliz totalmente.

Al glosar este y otros pasajes en que el filósofo se ocupa del asunto, Mazie nos guía por los razonamientos kantianos para hacernos ver que la felicidad puede no entenderse como una búsqueda, sino como apenas el corolario de una tesis mucho más amplia. Una de las enunciaciones del imperativo categórico —clave de la filosofía kantiana, formulado por primera vez en esta Fundamentación…—, dice:

Obra de tal modo que te relaciones con la humanidad, tanto en tu persona como en la de cualquier otro, siempre como un fin, y nunca sólo como un medio.

Según Mazie, este “imperativo práctico” nos hace considerar a las personas con quienes tratamos a diario como eso, personas, no sujetos que están ahí para complacernos o que sirven a nuestros propios fines, sino como personas “con una dignidad en común que merecen nuestro respeto”. El hombre o la mujer a quien le compramos un café todas las mañanas es un ser humano con una existencia singular, con sus cualidades, sus problemas, su propia historia que por una coincidencia improbable llegó a coincidir con la de ese cliente que a las 8:35 ordena un café americano.

¿Y qué tiene que ver eso con la felicidad? En el ámbito de la ética kantiana, que la única forma de comportarse con esa persona que prepara tu café de camino al trabajo es como si supusieras que esa acción se convertirá en ley universal, dicho de otro modo, como si cada uno de tus actos se convirtiera ipso facto en una norma que el mundo entero estaría obligado a cumplir. ¿Te gustaría que, de esa mañana en adelante, todos estuviéramos obligados a ser descorteses con quien prepara nuestro café?

Ahora sí tiene sentido el imperativo categórico de Kant, ¿no? Como vemos, se trata menos de una obligación hueca como la contemporánea —un “Sé feliz” que se agota en el imperativo de la consigna— y más de una actitud coherente con un sistema más amplio en donde la felicidad es apenas un engranaje, un elemento de una vida mucho más plena: la vida en el mundo que es, al mismo tiempo, filosofía y praxis.

Twitter del autor: @juanpablocahz