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Esta poco conocida droga psicodélica podría curar el asma

Salud

Por: pijamasurf - 03/02/2015

El DOI, un psicodélico diseñado por Alexander Shulgin, parece ser una prometedora alternativa para tratar el asma

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Una droga relativamente desconocida, primero sintetizada por el doctor Sasha Shulgin, parece ser un prometedor tratamiento para el asma.

El doctor Charles Nichols de la Universidad de Louisiana State realizó estudios con el psicodélico R-DOI (2,5-dimetoxi-4-yodoanfetamina) y descubrió que esta sustancia previene la formación de asma alérgica en ratones. La sustancia es efectiva a una dosis 50 veces menor a la que influye en el comportamiento por lo que, a diferencia de otros psicodélicos que podrían tener usos medicinales, también cumple con el importante factor de presentar una experiencia segura y poco peligrosa (aunque algunos psiconautas habrían querido las dos partes).

Nichols considera que su descubrimiento es importante porque además ha demostrado que drogas que afectan el cerebro también pueden ser efectivas tratando enfermedades fisiológicas fuera del cerebro. "Hemos identificado un nuevo mecanismo antiinflamatorio para el tratamiento del asma en la clínica que podría ser administrado en un inhalador o en una pastilla".

El doctor Nichols ha descubierto en su laboratorio que la activación de receptores de serotonina 5-HT2A con psicodélicos produce fuerte actividad en los tejidos, en las arterias y en el intestino. Esto podría ser el fundamento de un nuevo campo de estudio dentro de la medicina psicodélica.

 

Quejarte podría ser la etapa previa de la felicidad (pero sólo si es una queja constructiva)

Salud

Por: pijamasurf - 03/02/2015

La queja tiene consecuencias sobre nuestro estado emocional y, sobre todo, sobre nuestro momento presente

Todos nos quejamos, algunos más que otros, pero todos lo hacemos o lo hemos hecho. Nos quejamos del gobierno, de un servicio poco amable en un restaurante o del comportamiento de un amigo. ¿Pero esperabas que esto tuviera un efecto sobre tu salud emocional? De acuerdo con un estudio reciente, la queja tiene un alcance mayor de lo que esperaríamos.

Robin Kowalski es profesora de psicología en la Universidad Clemson, en Carolina del Sur, Estados Unidos y, junto con otros colegas, realizó una investigación para encontrar el vínculo entre la salud física, emociones como la felicidad y la queja y la “atención presente”, un término con el que podríamos traducir mindfulness, esa capacidad de enfocarse mentalmente en el momento presente. Para esto, tomaron un grupo de 410 voluntarios, hombres y mujeres, y por medio de dos cuestionarios tomaron registro de las “manías” que cada uno de ellos tenía cuando se encontraba en una relación de pareja y, por otro lado, analizaron su estado emocional actual, con preguntas orientadas para medir su felicidad, su tristeza, su atención presente, la satisfacción con su relación de pareja y su satisfacción con respecto a la vida en general.

Entre otros resultados, el estudio encontró que aquellas personas que se quejaban con cierta regularidad eran más felices que quienes no lo hacían, pero con una condición: sólo cuando la queja tenía como objetivo obtener un resultado específico, y no cuando se incurría en el quejarse por quejarse.

¿Pero cuál es la relación entre la queja y la atención presente? De acuerdo con Kowalski, las personas con mayor sensibilidad del momento presente tienden a quejarse pero sólo cuando esto sirve a un propósito, es decir, moderan el número de sus quejas según este criterio. Por el contrario, quienes no tienen tan desarrollada su atención presente se quejan más pero con un efecto mucho menor sobre su realidad inmediata. En cierta forma, se trata de un juego de expectativas y posibilidades: una queja bien formulada, coherente con la realidad, tiene más probabilidad de provocar el efecto deseado, lo cual conlleva una sensación de éxito; por el contrario, una queja vaga, general, usualmente se queda en el nivel discursivo, no genera ninguna consecuencia, no altera el estado del mundo, lo cual puede conducir a la frustración.

En un estudio anterior, Kowalski observó que las personas con una autoestima elevada y una notable confianza en sí tendían también a quejarse con más frecuencia, lo cual mostraba un vínculo entre la queja y la creencia de que hablar podía volver una situación favorable a los propósitos y deseos de quien lo hacía.

Quejarse es entonces, en cierto sentido, una etapa previa de la felicidad, pero sólo si sabemos por qué nos quejamos y qué queremos lograr con eso.

¿O será que ya éramos felices antes de quejarnos?