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Álter-instructivo: construye tu propia Dreamachine con los planos de Brion Gysin (VIDEO)

Por: Javier Raya - 03/10/2015

Un electrodoméstico iniciático que ha dado un largo periplo a través del siglo XX para traerte la experiencia de contar historias en una caverna del neolítico, de tumbarte bajo los árboles en un día soleado, de tener una experiencia alucinógena sin ninguna sustancia ilegal: el ensueño surrealista de la máquina onírica

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Debemos atacar las ciudadelas de la iluminación. Tenemos los medios a mano.

William Burroughs en carta a Brion Gysin

Escribir sobre la DREAMACHINE --creada por los artistas, ocultistas y escritores Brion Gysin, Ian Sommervile y Bill Burroughs-- me provoca la incómoda sensación de redactar un comercial sobre el electrodoméstico más extraño de la historia: no hay nada de "mágico" en su fabricación, la cual puede realizarse con piezas que uno consiga en mercados de pulgas o piezas de segunda mano por unos 50 dólares. No: no puede hacerse un comercial para una sustancia alucinógena ni para una experiencia mística. Como dicen, es necesario vivirla por uno mismo. Por lo tanto podría limitarme a hablar un poco sobre la máquina en sí, sobre su fascinante historia y sobre por qué deberías pensar en hacerte de una para tu próxima remodelación. 

La Dreamachine es "la primera máquina en la historia creada para ser vista con los ojos cerrados", según sus creadores. Consiste en un cilindro perforado de casi 1 metro de altura, con un patrón geométrico en la superficie. En su interior se coloca una bombilla de poco voltaje. El cilindro gira sobre una tornamesa de 78 rpm. Con los ojos abiertos parece una lámpara un poco surrealista, pero lámpara al fin; con los ojos cerrados, sin embargo, los patrones titilantes se proyectan detrás de los párpados produciendo una fascinante experiencia alucinógena de fotoestimulación. Si pudiera existir el LSD sin LSD, se parecería a esta máquina. La luz como una droga.

Brion Gysin salió echando pestes de París, pestes de los surrealistas y se embarcó en busca de lo desconocido hasta Marruecos, donde una calurosa tarde conoció a William Burroughs. Juntos exploraron el arte, las drogas, sus cuerpos y todas las cosas que dos jóvenes medio geniales y medio imbéciles hacen para sentirse vivos. Sobra decir que estuvieron a punto de volverse locos, y que una de sus más radicales ocurrencias los sobrevivió como testimonio: la máquina de soñar.

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Una de las subtramas de Naked Lunch de Burroughs trata precisamente sobre la Dreamachine y su papel como arma en la lucha contra esos malditos bichos. Se refería a la máquina en los términos en los que un científico extraterrestre reportaría el orgasmo de los mamíferos: "Los sujetos reportan luces cegadoras de brillo y color fuera de este mundo... Elaboradas construcciones geométricas de increíble intrincado emergen de mosaicos multidimensionales hacia bolas de fuego vivientes como mandalas del misticismo Oriental o se resuelven momentáneamente en aparentes imágenes individuales y escenas poderosamente dramáticas como sueños vívidamente coloreados".

La máquina vio la luz en 1962 durante una exposición en el Museé des Arts Decoratifs del Louvre. Gysin nunca quedaría satisfecho con la (poca) atención que recibió su máquina de los sueños, la cual no llegaría a producirse masivamente en su vida. Luego de su muerte en 1986, el Temple ov Psychick Youth se encargó de hacer propaganda al legado de Gysin y, como dicen, el resto es historia. 

Un infomercial iniciático

Las Dreamachines comerciales tienen un costo en el mercado de más de 449 dólares. Pero no es necesario invertir mucho dinero en hacerla: los planos para hacer esta máquina se encuentran en este Google Docs. Después de todo, aún no es posible descargar de una app store una experiencia onírica. Todo lo que necesitas (además de un poco de tiempo libre y habilidad manual) es:

  • Una hoja de aluminio de 32" x 32", o en su defecto cartón grueso. Debe ser flexible, porque será la superficie de tu Dreamachine.
  • Una tornamesa de 78 rpm. Probablemente esto sea lo más difícil de conseguir. Revisa tiendas de segunda mano o hazle una visita a ese tío que gusta de acumular objetos descompuestos en el garage. Si todo falla, siempre está MercadoLibre, eBay, etcétera.
  • Un bulbo, un socket, un cable de corriente.
  • Tijeras, un cuchillo Xacto (si usas aluminio), o un cúter, además de pegamento industrial (Resistol 5000 o similar), reglas, lápices, pinzas de presión, tal vez un par de manos extra, etcétera.

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Primer paso: Deja la tornamesa limpia. Quítale el brazo y la base para discos, dejando solamente el émbolo central. Trata de no dañar el motor ni los controles en el proceso.

Segundo paso: Dibuja una cuadrícula dejando 2 pulgadas entre cada línea, para crear cuadrados de 2 pulgadas por lado. Imprime o dibuja el patrón que viene en el PDF de arriba: se trata de cinco formas distintas. Personalmente, creo que el patrón genera la ilusión de continuidad, sube y baja, o cualquier metáfora por el estilo, además de que parece una suerte de escritura geométrica. Aquí hay un plano en alta definición.

Si cortas el aluminio, cuida de lijar las orillas y de ser preciso tanto en los cortes como en los dobleces. Si (como yo) te resulta difícil todo trabajo manual, utiliza cartón. 

Tercer paso: Pega el cartón o el aluminio con pegamento industrial y fíjalo con pinzas o algo que lo inmovilice mientras seca. Aquí es donde el par de manos extra pueden ser de gran ayuda.

Cuarto paso: Si tu tornamesa no tiene una base suficientemente grande para tu cilindro, deberás construir una. Utiliza el mismo material que usaste en el cilindro. Se trata de que la base quede fija a la tornamesa y pueda girar sin obstáculos. Cuida que la base no estorbe el acceso a los controles.

Quinto paso: Dependiendo del tipo de lámpara que uses, puedes utilizar un foco suspendido en el interior del cilindro o una lámpara de base rígida sobre la que montes el cilindro y la base. En cualquier caso, deberá colgar a un tercio o a la mitad de la longitud del cilindro, ni muy arriba ni muy abajo.

Sexto paso: Enciende la bombilla, ajusta la rotación de la tornamesa a 78 rpm, colócate cerca de la Dreamachine y cierra los ojos. Cuéntannos cómo te fue en los comentarios.

 Sugerencia: Puedes poner este disco de John Zorn inspirado en la Dreamachine mientras meditas.

Si necesitas un poco más de inspiración, puedes echar un ojo al documental FlicKeR, donde Lee Ranaldo de Sonic Youth, Nick Zinner de los Yeah Yeah Yeahs y otro montón de rockeros y artistas te darán buenas razones para invertir algo de tiempo y esfuerzo en hacerte de esta máquina desquiciadora.

(Gracias a Ultraculture)

Twitter del autor: @javier_raya

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Celebración y escarnio de la barba (una historia abreviada de la masculinidad)

Por: pijamasurf - 03/10/2015

Una breve historia de la masculinidad a través de esa prótesis facial del falo: ese abrigo portátil: ese accesorio a veces magnánimo y a veces absurdo: la barba y el bigote
[caption id="attachment_92292" align="aligncenter" width="668"](C) Brock Elbank (C) Brock Elbank[/caption]

Durante siglos, jalar las barbas de un hombre se consideró un insulto mayor que matar a toda su familia de manera atroz. Símbolo de grandeza y hombría, el vello facial masculino ha recorrido un largo periplo desde los largos caireles marmolados de las estatuas grecolatinas hasta las gabardinas peludas de los hipsters: si los hombres fueran aves, probablemente la barba sería como un arreglo de plumas para atraer a las hembras y repeler a posibles contrincantes. ¿O no?

"Imberbe" (literalmente, sin barba) sigue siendo un sofisticado insulto, al equiparar el crecimiento del vello facial con las capacidades intelectivas, a imagen y semejanza de los filósofos de la Antigüedad.

Sin embargo, la barba también ha estado asociada a la salud. Los ingleses del siglo XVII consideraban un signo de fortaleza física y "candor sexual" el crecimiento de una larga barba; la virilidad y el orgullo de un miembro de la corte podía traducirse en la cantidad de vello facial que cayera sobre su pecho, ya fuese Tudor o Estuardo, o bien un ranchero mexicano o el senador Fernández de Cevallos. Hay que recordar también que toda una genealogía de piratas fue aludida por el color de la barba: Barba Azul, Barba Negra, Barba Roja, etcétera.

[caption id="attachment_92291" align="alignleft" width="206"] Enrique VIII, por Hans Holbein el Joven[/caption]

En el siglo XIX, con el auge de los gérmenes, los médicos recomendaban a los hombres dejarse crecer largas barbas para filtrar enfermedades alrededor de las vías de entrada bucal y nasal. Dicha relación se invirtió con el correr del tiempo: una fábrica en Derbyshire, Inglaterra, hace constar en un reporte de mediados del XIX que las pobres condiciones de trabajo de los hombres impiden el crecimiento de vello facial. 

Las primeras barberías datan del siglo XVIII, así como también los primeros fabricantes de hojas de afeitar. Con el auge de la burguesía y la afluencia de nuevas e inéditas formas de consumo, un rostro limpio y libre de vello (especialmente si el self-made man se lo rasuraba por sí mismo) fueron la cara de la modernización: los miembros de la Comuna de París, así como los padres fundadores de Estados Unidos mostraban sus modernos y afeitados rostros, si bien las patillas ("chuletas") siguieron siendo moda durante 100 años más.

Algunas patentes de la era victoriana, cuando la barba volvió a ponerse de moda, muestran "entrenadores de bigote", "protectores" y toda clase de prótesis para que el vello no se metiera en la sopa. En épocas donde la higiene y virilidad quedó signada por mostrar las mejillas al descubierto, las barbas fueron signo de enfermedad al albergar no sólo gérmenes sino partículas microscópicas de comida y ser guarida de olores indeseables. 

[caption id="attachment_92290" align="alignright" width="279"]zeus Ánfora panatenáica representando a Zeus[/caption]

Como suele ocurrir, algunos hombres basaron en la existencia de las barbas una peregrina y estúpida idea de superioridad al afirmar, como el lampiño médico y satirista John Arbuthnot, quien se refirió en alguna ocasión al vello como "un ornamento de la providencia", que era signo de la voluntad divina de que el hombre debía dominar a la naturaleza --y por extensión, a la mujer. Después de todo, desde Babilonia pasando por Zeus hasta Dios Padre y Cristo, los dioses tienen barba. He ahí un patrón propiamente masculino: compensar carencias a través de atributos.

La industrialización y las luchas femeninas por los derechos civiles a través del siglo XX llevaron la pelea al campo del vello facial. Algunos hombres abrazaron el look clean shaved como emblema de su adhesión a las nuevas ideas, sin temer ser tildados de "afeminados" o infantiles. De pronto, el vaquero de una conocida marca de cigarrillos se mostraba en los comerciales rasurando un viril y anguloso rostro mientras contemplaba las praderas del Oeste. 

La barba probablemente seguirá cambiando sus significaciones y creciendo en formas extravagantes, personales, accesorios propiamente masculinos que, en su presencia o ausencia, cifran una postura estética frente al mundo: mesar la barba mientras se frunce el ceño hace creer al tonto que puede pensar, hace parecer sabio al tonto y maduro al precoz. En suma, la barba es un signo que toma tantas y tan diversas formas como las masculinidades posibles.