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Recorre la estremecedora belleza de esta central eléctrica abandonada (FOTOS)

Por: pijamasurf - 02/08/2015

Entre el futurismo y la mitología, esta central de energía ubicada en Bélgica emana un nostálgico esplendor

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Con el tiempo hemos podido comprobar que la fascinación por la estética abandonada, por esos lugares abandonados a merced de su propio eco, es un fenómeno bastante popular –o al menos lo es entre nuestros lectores. Esos muros corroídos, los rincones asaltados por la hierba, las presencias diluidas en cuerpo más no en sensación, son sólo algunos de los ingredientes que dotan a estos espacios de magnética coquetería.

En el caso de esta planta de energía abandonada que se ubica junto al pueblo de Charleroi, en Bélgica, la cual el genial blog Atlas Obscura se encargó de ubicar, la exuberante estética es más que evidente. Como si se tratara de una especie de arena mitológica que alguna vez alojó, paradójicamente en un futuro cercano, espectáculos masivos que aún no logramos entender del todo, este espacio esencialmente geométrico denota una particular capacidad para despertar flujos imaginarios.

Algo curioso es que la Central Eléctrica IM fue apenas abandonada hace 8 años, tiempo probadamente suficiente para que ese otro tiempo la reclamara como suya, e impregnara en la estructura original un dejo de suntuosa nostalgia. El espacio fue inaugurado en 1921 como una de las mayores plantas de carbón en este país. Un caudal de agua era liberado hacia el interior de su torre de enfriamiento, en donde a base de viento se enfriaba y liberaba columnas de aire caliente. Para finales de los 70 se enviaban 480 mil galones de agua por minuto.

Eventualmente se comprobó que la planta era responsable del 10% del total de emisiones de dióxido de carbono en Bélgica. Y luego de sonadas protestas encabezadas por Greenpeace, la central fue clausurada en 2007. Fue entonces cuando comenzó la invasión del abandono y hoy, a escasos 8 años, el espectáculo es vibrante. 

 

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Se recuperó de un coma sólo para dejar de ver a Barney por televisión

Por: pijamasurf - 02/08/2015

Una misteriosa enfermedad le quitó 12 años de su vida, pero el odio a un dinosaurio morado le devolvió la fuerza para despertar

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En enero de 1988, Martin Pistorius de 12 años volvió de la escuela con un ligero dolor de garganta. En ese momento no lo sabía, pero no regresaría a su escuela.

Martin era un niño sano, nacido en Sudáfrica, fanático de la electrónica y la televisión, pero poco a poco su cuerpo dejó de responder y fue cerrándose en sí mismo: sus manos y piernas dejaron de funcionar y poco a poco quedó atrapado en sí mismo: “Mis músculos sucumbieron, mis miembros temblaban, mis manos y pies se doblaron sobre sí mismos como garras”, escribe Pistorius en su autobiografía, Ghost Boy.

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Los médicos nunca pudieron diagnosticarlo completamente; durante los primeros meses de la enfermedad el veredicto fue meningitis criptococal. Luego de su cuerpo, su memoria se secó… pero no estaba totalmente en coma. La ciencia médica se lavó las manos y sus padres no supieron qué hacer. La madre de Martin, Joan, llegó a susurrarle “Espero que te mueras”.

Pero Martin no murió.

4 años después de los primeros síntomas, Martin recuperó la conciencia. No tenía manera de comunicarlo, pues su cuerpo seguía en coma, pero era capaz de darse cuenta de su propia existencia, la cual se reducía a 8 horas diarias de Barney, el dinosaurio morado, en la televisión de una casa de asistencia donde lo dejaba su madre.

“No piensas nada en realidad. Sólo existes. Es un lugar muy oscuro para encontrarse”. Pero a medida que su mente ganaba fuerza, decidió no dejar extinguirse la brasa: “Sabía quién era y dónde estaba, y comprendí que me habían privado de una vida real”.

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Martin aprendió a saber la hora por la posición del sol en la habitación, y gracias a una trabajadora social que le prestó atención, los médicos se dieron cuenta de que el chico estaba consciente. Joan, su madre, pasó los siguientes 2 años trabajando con Martin para aprender un programa de computadora que le permitía hablar.

Eventualmente ganó movilidad y logró hacerse de una vida propia, mudándose a Inglaterra y casándose con una enfermera. “No puedo expresar cuánto odiaba a Barney”, afirmó en una entrevista con NPR. Martin recobró el deseo de vivir sólo para poder escapar de esa infinita e inhumana tortura.