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Esta extraña pregunta es respondida por una mujer que se dedica a defender indigentes ante un juez todos días. Su reflexión es un buen punto de vista sobre el concepto de la belleza traspolado a la falta de casa y la pobreza

Outsiders_Poverty-13-1La belleza es una cuestión que no compete ni a abogados ni a indigentes y, tal vez por eso mismo, que una defensora legal de vagabundos se pregunte si son bellos, es importante. O al menos, inédito.

Osha Neumann, que se dedica a encontrar las lagunas de la ley para estrujar dentro a sus clientes y convencer a jueces de que aunque duerman sin un techo siguen cubiertos por la constitución, se preguntó si los vagabundos son bellos.

No argumento en corte si los indigentes son o no bellos. No es algo de lo cual un juez vaya a dar un veredicto. Sin embargo, los juicios estéticos acerca de las personas que no tienen casa siempre están en la mezcla, desapareciendo en una multitud de juicios sobre su higiene, su criminalidad y el riesgo que pueden o no representar para la salud de la sociedad, el bienestar y la prosperidad económica.

¿Los vagabundos son bellos? La respuesta generalmente es no. No lo son.

No es sorprendente que, al analizar el resultado de esta extraña mezcla de términos –belleza e indigencia, todo indique que no van de la mano. Pero lo interesante es por qué. “Porque son invariablemente sucios”, dice Neumann.

“Sucio”, “marrano” y “puerco” son algunas de las ofensas más comunes de la sociedad para desdeñar a alguien. “La suciedad es degeneración moral. Es insana y fea. Como el excremento. Si está en la calle, hay que limpiarla. Así la calle será bella de nuevo”, observa la abogada. Las metáforas sobre la limpieza abundan en nuestra ideología moderna occidental, y ello es la clave para ni siquiera considerar que un indigente pueda ser hermoso. Alguien que vaga las calles representa, más bien, una ofensa grave y directa al lifestyle de una sociedad.

Los vagabundos son constantemente citados por lo que llamamos ofensas de “calidad de vida”: bloquear la banqueta, atravesarse en escalones de iglesias, quedarse en el parque después de la hora de cierre, etc. etc. […] No puedo evitar sentir que su ofensa subyacente es que violan el sentido de orden de la sociedad, no como “la ley y el orden”, sino un orden que la gente percibe como atractiva, cómoda y ultimadamente bello.

El concepto de belleza es un gran tirano en la sociedad en que vivimos. Las mujeres son tiranizadas por él, sometiéndose a cirugías plásticas y dietas estruendosas y los indigentes, aunque indiferentes a él, son convertidos en seres invisibles mediante un pequeño acto de voluntad, porque no son bellos. Porque la pobreza es fea. Y aunque lo evidente es que por supuesto que hay belleza en la indigencia –una mucho más cercana al camino y a la libertad de no ser propietarios de nada más que de la humanidad propia en diálogo con el entorno, "¿qué responderían los vagabundos ante la pregunta: ¿Los vagabundos son bellos?”, se cuestiona Neumann: “Mi apuesta es que les parecería ridículo”.

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Por: pijamasurf - 02/03/2015

Las personas en la búsqueda de esta complicidad se permiten reconocer, a través del espejeo del otro, sus propias necesidades como seres sexuales interdependientes

Hablar acerca de la prostitución nunca es menester sencillo, ya que requiere de la valoración adecuada de un enfoque cosmogónico acerca del erotismo, los vínculos afectivos, el género e inclusive la reproducción. Y es que es un tema que necesita no sólo rigor, pues es también un proceso que determina creencias, actitudes, sentimientos y conductas asociadas a nuestra respectiva sexualidad. 

Basta con echar un vistazo a la diversidad sexual que existe en este mercado para comprender la importancia de esta reflexión: los proveedores de tan exquisito placer pueden variar entre mujeres y hombres heterosexuales, homosexuales, transgénero, transexual, practicantes de BDSM y acompañantes no sexuales, entre otros (y más). Prácticamente es un coctel de gustos que satisfacen las necesidades más básicas del ser humano, tanto físicas como psíquicas. Por lo tanto, al indagar un poco en el tema, nos sorprendemos con el descubrimiento de mitos internos que terminan influyendo en nuestra percepción como seres sexuales interdependientes. 

Esto probablemente cambie en relación con lo que realmente significa la compañía de un conocedor en temas del amor erótico, en la volatilidad del deseo sexual expresado a través de las fantasías según el sexo (hombre o mujer), etc., y que puede definirse como el genuino deseo de una compañía más allá de la interacción sexual, de un espejo psíquico como seres que comparten el continuum del gregarismo y afectividad, de una intimidad vulnerable entre dos miradas que reflejan necesidades en común. 

Por lo tanto, las personas en la búsqueda de esta complicidad se permiten reconocer, a través del espejeo del otro, sus propias necesidades como seres sexuales interdependientes. En especial si forman parte de minorías ignoradas con sus propios deseos de afecto, tales como las personas de la tercera edad. ¿Por qué no, tras tantos años de vivir en compañía, de gozar (o no) de una sexualidad latente y permitida (o a veces), aceptar que continúen experimentándola con una mayor sabiduría de su cuerpo y emociones? 

De ese modo nace el romance tourism, el turismo establecido en Mombasa, Kenia, donde las mujeres mayores pagan por la compañía de un joven habitante de la ciudad. A diferencia de la sexualidad completamente erótica entre un cliente hombre heterosexual y una chica, además de una mera erotización del cuerpo masculino y una emotización en la psique femenina, en la relación del turismo “romántico” lo principal es el descubrimiento de los deseos de la clienta en búsqueda de su propio bienestar. O al menos eso transmiten las fotografías de Sofie Amalie Klougart.