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La relación prehistórica del Homo sapiens y las sustancias psicoactivas

Psiconáutica

Por: pijamasurf - 02/25/2015

La domesticación de plantas y animales fue parte del proceso de hominización desde hace 20 mil años. El consumo de sustancias hoy consideradas tóxicas o ilegales precede por mucho a las legislaciones que las proscriben

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Las sustancias psicoactivas deben su mala fama al abuso de la moderna "sociedad de la adicción", así como a la propaganda de los gobiernos en su contra; sin embargo, un corpus creciente de evidencias avala el uso de estas sustancias como parte integral del proceso de hominización, que se inició hace más de 15 mil años, mucho tiempo antes que los sistemas de leyes escritas.

La doctora Elisa Guerra-Doce, profesora asociada de prehistoria en la Universidad de Valladolid, España, ha realizado un estudio donde documenta el uso de diversas sustancias psicodélicas, así como de fermentos alcohólicos y la planta de tabaco, en diferentes culturas alrededor del mundo, con el objetivo de tratar de comprender la correlación de las civilizaciones y las sustancias que alteran la conciencia.

"Tan pronto como estas plantas y bebidas fermentadas comenzaron a consumirse", escribe Guerra-Doce, "existe evidencia ininterrumpida de su uso durante siglos y, ocasionalmente, la relación que comenzó en tiempos prehistóricos ha continuado hasta nuestros días". 

Estos son algunos ejemplos:

Alcohol

La evidencia de bebida alcohólica más antigua data de entre 7 mil y 6 mil 600 años antes de nuestra era. Los residuos provienen de restos de arcilla en la remota villa de Jiahu, en la provincia china de Henán. La bebida consistía en una mezcla de arroz, miel y posiblemente uvas u otra fruta fermentada.

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Cactos y hongos mágicos

Los restos fósiles más antiguos del cactus San Pedro (Echinopsis pachanoi) fueron hallados en una cueva de Perú, datando de entre 8 mil 600 y 5 mil 600 años antes de nuestra era. Semillas de mescalina han sido halladas en el norte de México y el sur de Estados Unidos con fechas aproximadas de 9 mil años a.C., y en toda Mesoamérica se han encontrado figurillas de piedra con forma de hongos asociadas a cultos religiosos donde se utilizaban hongos mágicos, con edades de entre 500 a.C. y 900 de nuestra era.

Opio

6 mil años antes de Cristo ya se utilizaba la planta del opio en lo que hoy es Italia: restos de semillas de amapola y rastros de opiáceos han sido hallados en esqueletos humanos que datan del cuarto milenio antes de nuestra era; pinturas prehistóricas han sido interpretadas como instructivos para preparar opio y utilizarlo en ceremonias religiosas.

Hoja de coca

La evidencia más temprana del consumo de coca data de hace 8 mil años. Restos dentales humanos y cabello momificado hallados en el valle de Nanchoc, Perú, consignan su uso en la zona al menos desde ese período.

Tabaco

En el noroeste de Argentina se han encontrado pipas para fumar con antigüedad de 2 mil años antes de nuestra era. Restos de nicotina se han encontrado con toda fidelidad antes del 300 a.C.

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Por: pijamasurf - 02/25/2015

Aunque por sí mismos los psicodélicos difícilmente generan adicción, una combinación de sus cualidades y la reacción que nuestro cerebro tiene al consumirlos podría generar cierto nivel de dependencia

dcsi_01_img0117Uno de los descubrimientos más sorprendentes de la experimentación con psicodélicos fue el hecho de que difícilmente generan adicción, al menos no en el sentido en que el cuerpo humano puede depender cotidianamente de sustancias como el alcohol, la cafeína, la nicotina o el azúcar. Quien haya consumido LSD o ayahuasca sabe que no se trata de algo que podría hacer 2 días consecutivos, e incluso ni siquiera es algo que querría. Por su composición química, los psicoactivos reaccionan en nuestro cerebro de una manera que exige ese período más o menos prolongado entre una experiencia y otra.

Con todo, si la adicción se piensa de otra manera, entonces los psicodélicos podrían considerarse potencialmente adictivos. Pensemos, por un momento, en que nuestro cerebro tiene una propensión natural hacia los estímulos nuevos, desconocidos: cuando tenemos nuestra primera experiencia sexual, cuando aprendemos un nuevo idioma, cuando podemos hacer algo que antes se nos dificultaba, el cerebro nos recompensa con una buena dosis de dopamina, sobre todo si por nuestra propia historia otorgamos un valor positivo a esa experiencia.

En el caso de las sustancias psicoactivas (que, por naturaleza propia, son prácticamente estímulo puro), la experiencia que pueden desatar difícilmente se compara con alguna otra que pueda obtenerse en la vida. Ese es su atractivo y también, por otro lado, la cualidad por la que alguien puede engancharse fácilmente a ellos. No a la sustancia, sino al estímulo que suscitaron, a la posibilidad de experimentar la realidad de otra manera.

Esa, en términos generales, es la hipótesis que propone Derek Beres en un artículo publicado recientemente en el sitio Big Think. Escribe Beres:

La novedad es lo que me condujo a la experimentación. Lo que experimentas con los psicodélicos es tan diferente a la realidad cotidiana que se vuelve un refugio que te acoge frente a tu mundo real. Tienes visiones. Obtienes ideas. Te sientes parte de un mundo como nunca antes lo habías sentido. En tu soledad, dejas de sentirte solitario. El centro de ego de tu cerebro se apaga. Te sientes parte de todo. Todo parece adecuado —un lugar mucho mejor que lo mundano, donde todo parece tan mal.

Solo que no es difícil advertir que esto es un espejismo. Uno que Beres compara con un elemento del discurso religioso presente en casi todas las confesiones: “siempre hay otro nivel, siempre hay algo o alguien esperando por ti, es necesario sacrificarse más”. Como las religiones, los psicodélicos refuerzan la idea de que el mundo puede ser mejor, pero siempre estamos un paso atrás de dicho estado, y esa es la trampa:

La espiritualidad no está definida por lo que crees, sino por cómo te comportas contigo mismo y con los demás. Esto es difícil de entender si no te das tiempo a ti mismo para ser quien eres. Llenas tu mundo con más: más religión, más oraciones, más comida, más drogas, más cosas.

El estímulo. La novedad. La experiencia. La falsa idea de que entre la realidad y lo mejor no hay más que un kick off de distancia. En suma, la cualidad de los psicodélicos de sustraernos de nuestra normalidad —lo cual, al menos en un primer momento, puede parecer atractivo.