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La arquitectura de las emociones humanas: sobre el trabajo de Joanna Hogg

Arte

Por: Psicanzuelo - 02/03/2015

Por medio de las construcciones espaciales de la directora inglesa encontramos la manera en la que las emociones pueden vibrar hasta el espectador

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Londinense de nacimiento, Joanna Hogg cuenta con 54 años de edad, siendo una de las voces femeninas más innovadoras actualmente. Sus películas son sutiles estudios sociales de la cultura inglesa contemporánea. De entrada, su estilo se asemeja un poco al de Michael Haneke antes de Amour: tomas largas, en su mayoría planos americanos o planos generales, pero a diferencia de este sus encuadres por lo general no tienen movimiento alguno, y está muy lejos de sus temas. Lo que sí genera, al igual que Haneke, por lo mismo de su estilo, es una tensión en la trama. Podemos observar al personaje a plenitud, en ocasiones a varios de ellos teniendo discusiones; como tanto habló al respecto el maestro teórico de la nueva ola francesa, André Bazin, este acercamiento brinda objetividad al espectador en relación a lo que sucede en la escena. No hay un montaje que piense por él, y puede libremente elegir a donde mirar. El mejor representante de las teorías de Bazin fue Jean Renoir (tan admirado por la nueva ola) en su momento; Joanna Hogg comparte un estilo similar en su acercamiento dramático.

Archipelago_-_Picture_2Pensemos en La regla del juego (Jean Renoir, 1939) y comparémosla con la hermosa Archipiélago (Joanna Hogg, 2010). En la trama del clásico de Renoir, un grupo de burgueses se encierra en una casona a disfrutar de la vida; en contraste con sus actividades, que denotan su frivolidad, viviendo sin hacer un solo esfuerzo, se nos presenta a la servidumbre, que vive contrariamente. La manera como se relacionan los dos grupos nos da la película. En la cinta de Hogg, una familia bien acomodada viaja a su casa de campo en vacaciones, siendo sus grandes conflictos dramáticos, para la madre por ejemplo, que el padre no los vaya alcanzar, y para la caprichosa hermana un pescado que a su gusto no está bien cocinado por el color y un pequeño hueso que encuentra en otro platillo, que la termina lastimando al masticarlo. Al centro de la trama están el hijo varón Edward (Tom Hiddleston) y la joven y atractiva sirvienta, que ha venido a ayudar a la familia en esta temporada vacacional, Rose (Amy Lloyd). Se desarrolla una relación de absoluto entendimiento entre ellos, en platicas que son claros ejemplos de que Edward no comparte con mucha gente ni la afinidad ni el sentimiento. Finalmente la clase social los separa, no hay espacio para nada más que una relación amo y sirviente.

En su más reciente trabajo, Exhibition (Joanna Hogg, 2014), la autora parte una vez más de un lugar, en este caso la casa donde han vivido por varios años el matrimonio que componen D (Viviane Albertine) y H (Liam Gillick). Es un espacio increíblemente bien diseñado, H es un arquitecto exitoso y D es una artista contemporánea, que hace instalaciones y performances. Los dos aman la casa, pero saben que es un momento de cambio y la van a vender, quieren irse a otro lugar a darle un nuevo inicio a su corazón. El amor de la pareja está presente en cada momento, pero sus defectos, su humanidad, también, siendo el puente de comunicación entre ellos lo que hace que trascienda la relación. Ambos viven el momento tenso, lleno de ansiedad de estar por dejar la casa. La sutilidad, una vez más, es el arma letal de Hogg; más que en los diálogos, en lo que no se dice, como alguna vez lo demostró Michelangelo Antonioni, el existencialismo en pareja. En este caso, el arte los une de varias maneras, en su mutua sensibilidad y la manera en que respetan su libertad individual: son adultos que practican actividades de niños y equilibran su humanidad mutuamente. Además Hogg hace una operación especial con sus actores: Viviane Albertine solía ser una música punk, integrando parte del mítico grupo The Slits: 

Y por su parte Liam Gillick es un artista conceptual; ninguno de los dos son actores profesionales ni amateurs, pero lo que sí son es artistas. La decisión de Hogg es muy afortunada: la veracidad que recibe el espectador es irrefutable. En especial Viviane Albertine explora a profundidad su personaje, casi en una interpretación punk de sensaciones del estar vivo, del miedo a la muerte, del miedo también a estar vivo, de la sensación de existir. Este acercamiento ya le había funcionado a la directora en otros roles, aunque menos importantes. Hogg también es guionista de sus cintas: el rol que tiene en Archipiélago el pintor que da clases a la madre y que también vacaciona en la misma isla es un famoso pintor en la vida real.

Desde que murió el maestro Antonioni no había visto un cine que dependiera tanto del espacio, de la arquitecturaexhibition_2640080b. Haciendo del arte cinematográfico un ejercicio arquitectónico, directores como Wim Wenders o Jia Zhangke vienen a mi mente pero no ocurre lo mismo que con las películas de esta mujer, en el sentido de cómo los personajes habitan los lugares y lo que representa habitarlos. Joana Hogg comentó al respecto, en una entrevista sobre la casa en la que todo ocurre en Exhibition, lo siguiente, aclarando la relevancia desde su gestación:

Conocí a James Melvin (el arquitecto) en los tempranos 90 y me volví amiga de él y su esposa, Elsa. La casa se me hizo un perfecto cubo que podía ser el perfecto contenedor de mis ideas. Me gustó la angularidad, y la idea de que este lugar postmodernista era un buen escenario para una historia explorando la ansiedad alrededor del cambio, la memoria y el sueño, todas las cosas que quedan en la vibra de una casa con el tiempo. Hay una teatralidad acerca de ella de alguna manera. Es como una casa de muñecas modernista, donde la escalera de caracol es su espina dorsal. Fue construida en 1969, pero Sauerbruch Hutton la rediseño en los 90. Adjuntaron elementos como las puertas corredizas rosas, y mucho del color que se ve; la casa original era muy monocromática. Creo que las modificaciones incrementan el sentido de teatralidad.

Estos comentarios nos indican la importancia que tiene la casi única locación en la realización de Exhibition. El personaje que interpreta Viviane ocupa una oficina en el piso de arriba, y el personaje que interpreta Liam tiene un despacho en la parte de abajo; se comunican mientras trabajan en sus respectivos proyectos por un interfón, donde en ocasiones expresan sus angustias existenciales además de establecer la hora de la cena. Ella plantea a través de la preparación de sus performances los problemas que está teniendo para abandonar la casa; algunas noches se masturba en la cama cuando su esposo está ya dormido, en una especie de reto hacia él, sin ser descubierta.

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Al igual que para Antonioni, hay un discurso en estás películas de la incomunicación, pero permea sobre un asunto de crítica sobre la burguesía. En el caso de Hogg, también hay una reflexión profunda de la manera como un artista puede solucionar mucho de lo que es criticado, por la forma en cómo se acerca a la realidad que lo rodea. Por ejemplo, durante una cena formal de unos amigos, ante la plática banal, ella finge un desmayo y él le sigue la corriente; cuando conversan de regreso en su casa al respecto, nos damos cuenta de lo liberador que fue el performance social y de como los une esta sensibilidad artística ante el mundo exterior.

El cine de Joanna Hogg, al igual que el del maestro Antonioni, cuestiona el estar vivo en un contexto social; Hogg nos estimula en un tiempo donde todo se quiere decir con palabras, de una hermosa manera rítmica y geométrica.  

Twitter del autor: @psicanzuelo          

Esta es ahora la pintura más cara de la historia

Arte

Por: pijamasurf - 02/03/2015

Un cuadro de Gauguin fue vendido por 300 millones de dólares, convirtiéndose así en el cuadro más caro de la historia

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La relación entre mercado y arte siempre ha sido un tanto absurda. Y no sólo por que las esencias de ambos "fenómenos" podrían, al menos originalmente, concebirse como opuestas, sino porque los criterios para fijar el valor mercantil de una obra generalmente corresponden a variables que son antiartísticas.  

Pero en todo caso no deja de ser impresionante la cantidad de dinero que se mueve alrededor de un "selecto" nicho de arte, en el cual obras superan fácilmente los 100 millones de dólares y derraman caudales de estatus sobre sus propietarios. Y para muestra de lo anterior basta con conocer la suma que recién se pagó por el cuadro Nafea faa ipoipo o ¿Cuándo te casarás?, obra del francés Paul Gauguin, y que retrata a dos jóvenes haitianas.

Hasta ahora la obra pertenecía a un coleccionista suizo, Rudolf Staechelin, quien tras diferencias con el museo al cual la tenía cedida, el Kunstmuseum de Basel, decidió venderlo. Aparentemente el nuevo propietario es "un museo en Qatar". Nafea faa ipoipo, creado en 1892, fue vendido en 197 millones de libras (300 millones de dólares), superando así a Los jugadores de cartas, de Cézanne, que en 2011 se vendió por 150 millones.