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Ir a la oficina en el 2040: ¿ciencia ficción cotidiana o enajenación productiva?

Por: pijamasurf - 02/18/2015

Las revoluciones financieras, de salud y de trabajo son sólo parte de las predicciones corporativas del futuro cercano, donde la independencia y la autonomía de los trabajadores estará enfrentada a una capacidad mayor de los jefes, empleadores y compañías para vigilar y asumir el rol de los gobiernos

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Abres los ojos después de una noche de sueños intranquilos, y tu sensor focal integrado te dice que tu estado de salud es bueno: no morirás de causas naturales en las próximas 24 horas. Es otro día de trabajo en el año 2040. Te alistas para ir a trabajar y piensas en cómo tus abuelos tenían que transportarse largas distancias para ir a la oficina. En estos días, la gente vive, trabaja, come y aprende en un radio caminable de su propia casa, debido al incremento de los costos de transporte y energía a principios del siglo XXI. Ese fue el primero de muchos cambios.

Las oficinas tradicionales y los espacios de trabajo remotos también son cosa del pasado: ahora la gente trabaja en pequeños centros y comunidades suburbanas alrededor de las ciudades o como ciudades industriales dentro de las ciudades mismas. Cada una alberga miles de empleados de diferentes compañías globales, en una verdadera utopía de interconexión corporativa. Los edificios se han vuelto una extensión de las telecomunicaciones, por lo que gran parte de las paredes son pantallas, y gran parte del mobiliario es interactivo. ¿Se te rompió un tacón? No importa: puedes imprimir un zapato nuevo. 

El dinero en efectivo hace años es una reliquia de museos: la adopción temprana de Bitcoin y otros sistemas cambiarios informáticos supusieron una revolución financiera que cambió el mapa global de los mercados. Una red internacional cambiaria se encarga de crear y administrar las necesidades financieras de grupos corporativos y de la gente a su servicio. Los países hace mucho tiempo son una reliquia, al igual que el gobierno, la soberanía y (según algunos) también la democracia; no necesitamos identidades nacionales, sino trabajar y no morirnos de hambre. La moneda criptográfica fue el avance que permitió que las compañías se convirtieran en pequeños centros de gobierno que eventualmente absorbieron las economías nacionales. Todo se paga automáticamente, y las pocas transacciones manuales se cargan a los chips identificadores que todos tienen bajo la piel. 

 

Sure, why not?

A todas horas se escuchan bancos de impresoras tridimensionales entregando órdenes de productos ordenados por la comunidad; enjambres de drones surcan el cielo entregando pedidos de restaurantes locales durante la hora de comer. El tráfico aéreo a esta hora ensombrece el Sol, con parvadas de oficinistas en jetpacks. Las versiones vintage (como las Martin Aircraft) todavía se conducían manualmente, pero las más recientes simplemente necesitan un destino fijado por el usuario y te llevan automáticamente a donde quieras.

Simon Raik-Allen, director tecnológico de MYOB, una empresa de software australiana, predijo estos avances hace 30 años: las proyecciones holográficas fueron el mayor cambio para las formas de trabajo terciario desde la llegada del correo electrónico, permitiendo que los webinars mutaran en holonars, enormes convenciones de personas trabajando y participando de un mismo evento a través de un avatar holográfico.

En unos años seremos capaces de descargar apps directamente en nuestros cerebros, los nanobots nadarán a través del torrente sanguíneo, diagnosticando enfermedades y librándonos de coágulos malignos como si se tratara de una policía de la sangre. Los implantes de retina devolverán la vista a los ciegos, además de permitirnos echar un ojo a los microprocesos que tienen lugar al interior de nuestro propio cuerpo. Como dijo Raik-Allen en 2015, "100 millones de nodos [en la retina] no son tantos. En 25 años, el poder de procesamiento de un smartphone probablemente estará condensado en el tamaño de una célula de sangre".

El problema, como siempre, será hasta qué punto la voluntad unilateral se transforma en poder absoluto (recordándonos que el poder absoluto genera resistencia absoluta): "Podremos saber qué patrones cerebrales están asociados a mirar Facebook, por ejemplo, y cuáles una hoja de cálculo. El jefe podría tener un reporte de quiénes están trabajando y quiénes no".

Las cosas, según parece, no habrán cambiado tanto.

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¿Qué tanto se bañan las personas en diferentes países?

Por: pijamasurf - 02/18/2015

México, al parecer, es el país del mundo que más gusta de bañarse y usar shampoo

 

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Existen muchos prejuicios y clichés en torno a los hábitos de limpieza de diferentes países. Por ejemplo, la idea de que los franceses se bañan menos y usan más perfume o, en la cultura anglosajona, de que los australianos son más sucios (algo que las estadísticas aquí presentadas contradice).

El siglo XX fue el siglo de la publicidad y de la insidiosa invasión del espacio público a la esfera privada. Las compañías de productos higiénicos, en conjunto con las agencias de marketing y publicidad, lograron explotar y aumentar las inseguridades de los consumidores para que utilizaran todo tipo de productos de limpieza, que antes se usaban sólo ocasionalmente, de manera diaria e incesante. Entre ellos el shampoo y el desodorante, de la mano de la idea de que una persona debe bañarse diario (algo que no se acostumbraba en siglos pasados). Esta ideología convenientemente instruida por las marcas que venden estos productos y la civilización del confort y el consumo actualmente está siendo puesta en duda por movimientos ligados a la ecología e incluso la medicina, ya que si bien la asepsia ha logrado evitar contagios infecciosos, el exceso de productos antibacteriales empieza a tener efectos negativos para la salud del microbioma humano.

Según reporta The Atlantic, una encuesta global de higiene arrojó resultados que muestran que las personas de países latinos suelen bañarse más, una costumbre que tiene su mayor adherencia en países como México, Brasil o Colombia. Aquí podemos detectar seguramente una relación entre el clima y el baño: en el calor es más apetecible, pero también quizás una relación cultural: los latinoamericanos tienen temperamentos más flemáticos. Otra cosa a analizar debería ser el nivel de propaganda al que las marcas de higiene someten a la población y sus mismas inseguridades estéticas o de imagen corporal y reacciones a estigmas (complejos culturales como puede ser no aceptar el color de piel). Por otro lado, China, Japón y Gran Bretaña son algunos de los países que menos se bañan. India y Francia son los países que menos usan shampoo proporcionalmente.


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Antes de jactarse de una supuesta limpieza, países como México (que muestra el mayor número de baños con shampoo) también deben considerar que bañarse diario puede ser una práctica poco ecológica, especialmente cuando existe una distribución tan desigual del agua como ocurre en muchas partes de México, a lo que hay que añadir también el uso de jabón y shampoo. Tomando en cuenta este tipo de cosas, hablando de la cultura y hasta de la metafísica del baño, no podemos igualar la cantidad de veces que una persona se baña con un indicador de mayor limpieza. 

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Si te interesa cuidar el agua sin sacrificar tu higiene, puede leer las lecciones de 1 año sin bañarse de Rob Greenfeld (quien logró mantenerse limpio sólo utilizando fuentes de agua natural, ríos, lluvia, etcétera).