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El nuevo metagadget de Microsoft permite hacer operaciones digitales sobre el espacio físico, borrando la frontera entre lo real y lo virtual con hologramas

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El proyecto más ambicioso de Microsoft en años está por ser develado probablemente este año. Por el momento se trata de un prototipo de lentes de realidad aumentada que juegan con tecnología holográfica. HoloLens, según Microsoft, permite "nuevas formas para visualizar el trabajo y compartir ideas", borrando la barrera entre la pantalla y la realidad.

La computación que conocemos ocurre en pantallas, realizando comandos en un teclado. Lo que propone la tecnología de HoloLens es computar sobre el espacio físico, borrando la frontera entre la realidad y el ciberespacio o incrustando el ciberespacio sobre la realidad. Lo que esta tecnología parece haber logrado, según Wired, es "hologramas realistas" que funcionan "engañando al cerebro para que vea la luz como materia". 

Alex Kipman líder del proyecto, señala: "Al final de cuentas, percibes el mundo debido a la luz. Si yo pudiera mágicamente usar un debugger para que podamos ver los fotones rebotando en el mundo... eventualmente  los fotones chocan de regreso a tus ojos y, a través de eso, razonas lo que es el mundo. Esencialmente alucinamos el mundo, o vemos lo que la mente quiere que veamos".

Es difícil decir si esta tecnología impactará el mercado o será de una adopción más problemática, como Google Glass. Por el momento, la NASA ya ha solicitado la tecnología para utilizarla para misiones simuladas.

Si tecnología como estos lentes holográficos llega a volverse de uso masivo es posible que se borre la línea que separa mente y materia o lo real y lo virtual, bajo riesgo de que la simulación, la hiperrealidad llegue a sustituir al mundo real, con todo lo que esto implica: un vértigo ontológico, una especie de sueño cibernético colectivo pero también una noción de que la materia es sólo información y puede ser programada a voluntad. A fin de cuentas, esto que parece totalmente artificial, tal vez sea lo más natural del mundo, si es que algunos físicos están en lo cierto y el universo es una simulación holográfica.

Buscando un poco de acción en Tinder, uno corre el riesgo de intentar seducir a un bot

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Si utilizas Tinder para catalizar tu vida sexual frecuentemente, es probable que te haya tocado conversar con un bot que parecía ser una chica sexy. 

Desde 2013, cuando Tinder cobró popularidad, los spammers empezaron a programar bots para tratar de enganchar a jóvenes ganosos con links hacia webcams y sitios de porno. Esto era bastante frontal, pero ahora los spammers han evolucionado y han configurado bots más verosímiles; una de las modalidades que está siendo ensayada es la de la vecina sexy a la que le gustan los deportes. 

Antes los bots sólo respondían algo como: "Hola, si quieres que sigamos hablando visita mi website". Hoy los bots ya hacen conversación, simulan inteligencia --aunque a veces pueden llegar a situaciones surrealistas-- y suelen tener fotos más comunes y corrientes. Lo más cómico de esto es cuando las personas llegan a invertir cierta energía o excitación sobre lo que podría suceder con su conexión en Tinder, cuando en realidad se trata de una entidad digital automatizada.

Los sitios de software para crear bots recomiendan que los bots tarden más tiempo en contestar y sólo busquen convertir en visitas o ventas una vez que los usuarios están involucrados y han enviado un mensaje por SMS. Uno de ellos, según Motherboard, motiva a seguir con este simulacro porque "una vez que un hombre beta se siente emocionalmente involucrado hará lo que sea por conseguir una cita". No hay duda de que la fauna digital es cada vez más diversa y extraña.