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Los hongos mágicos tienen 80% de efectividad en el tratamiento de la adicción al tabaco: 50% más efectivos que el siguiente mejor tratamiento. La evidencia a favor de la medicina psicodélica es irreprimible: estos son tiempos históricos después de 40 años de impasse

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En los últimos años hemos venido reportando lo que se ha llamado el "renacimiento de la medicina psicodélica": diversos estudios con psilocibina, MDMA, LSD, ketamina y por supuesto marihuana, que comprueban que las drogas psicodélicas tienen diversos usos medicinales. Esto es una obviedad, y sin embargo le ha costado 40 años al gobierno de Estados Unidos empezar a aceptar esta posibilidad de nuevo. Evidentemente la naturaleza del juicio que se hace sobre estas sustancias no es científico, es de carácter político, ideológico y sobre todo económico: estas sustancias no pueden patentarse y representan una fuerte competencia para las drogas (esas sí llamadas medicamentos) que fabrican las farmacéuticas (o lo que algunos llaman el cartel del Big Pharma). En palabras de Giorgio Samorini: "el fenómeno de las drogas es un fenómeno natural, mientras que el problema de las drogas es un problema cultural". O, como sugiere Richard Doyle en su excelente Darwin's Pharmacy, la criminalización de los psicodélicos es una criminalización de un estado de ánimo, de una serie de pensamientos y prácticas políticas ligadas con la década de los 60 y la experimentación misma de otros modelos de realidad.

Pese a esto, la balanza cada vez más está del lado de los psicodélicos y aunque existen todavía muchos tabúes y prejuicios, hay razones para mostrarse entusiastas. Una buena señal es el importante artículo que escribió el periodista del New York Times y autor de varios best sellers Michael Pollan, en el que hace un recuento de la historia de la medicina psicodélica y sus recientes casos de éxito, especialmente los que se han llevado a cabo en la Universidad Johns Hopkins. Pollan es un periodista de primer orden, parte del mainstream cultural, y el hecho de que haya escrito un artículo en el que los psicodélicos salen tan bien parados, a la luz de los hechos, habla de que, como diría Bob Dylan, "the times are a changin'".

Contra las adicciones, la mejor arma: los psicodélicos

Uno de los estudios científicos que ha generado más interés es el realizado hace unos meses en Johns Hopkins, la universidad pionera en la nueva ola de medicina psicodélica. Johns Hopkins hace algunos años recibió notoriedad por un exitosos estudio administrando psilocibina (el ingrediente activo de los hongos mágicos) en pacientes terminales, mejorando significativamente su experiencia de muerte. En el estudio reciente, publicado en el Journal of Psychopharmacologyse utilizaron tres sesiones de psilocibina en conjunto con psicoterapia antes y después de la experiencia, para ayudar a fumadores a dejar el tabaco. El estudio fue pequeño, sólo 15 fumadores --con un hábito de más de dos cajetillas al día, pero el porcentaje de éxito fue asombroso. El 80% de los pacientes, todos los cuales habían intentado otros métodos antes, habían dejado de fumar 6 meses después. Actualmente el método de tratamiento más efectivo, la vareniclina, un fármaco que suprime el deseo de nicotina, sólo mantiene un éxito de 35%. 

La fase II de este estudio se encuentra en etapa de preparación y se cree que incluso podría recibir fondos del gobierno de EE.UU., algo que sería histórico. Si bien el estudio es limitado por la poca cantidad de sujetos, existen indicios para creer que la psilocibina podría ser el método más efectivo para dejar de fumar que conocemos hasta la fecha (la competencia quizás podría llegar solamente a través de otras plantas psicodélicas como la ayahuasca). Un estudio en fase preliminar de la Universidad NYU planea probar los efectos de la psilocibina en alcohólicos. Es de notar que desde la década de los 50 el LSD ya había sido probado con éxito para tratar el alcoholismo por parte del doctor Humphry Osmond (quien acuñó el término psicodélico: "aquello que manifiesta la mente"). Estos prometedores estudios clínicos y otros más fueron suspendidos, en gran medida por el efecto Tim Leary y la amenaza que percibió Nixon para el statu quo. Esta herencia sigue haciéndose sentir y hoy en día los investigadores prefieren usar la psilocibina al LSD ya que tiene menos carga política, además de ser generalmente un poco más suave.

Los resultados no son lo único interesante en este caso, lo más revelador es el mecanismo de acción que contrarresta la adicción. "Fumar me pareció irrelevante, así que lo deje", dijo uno de los sujetos del estudio. Otro sujeto describió cómo lo había logrado "cambiando la forma en la que uno se orienta hacia el futuro, de tal forma que actúas en el sentido de un beneficio holístico a largo plazo en lugar de actuar en respuesta a un deseo inmediato". Los voluntarios que reportaron una mayor experiencia mística tuvieron mayor éxito rompiendo el hábito. Al parecer, los psicodélicos hacen que las personas cambien su forma de ver el mundo, amplifiquen su perspectiva y encuentren un nuevo y más profundo significado (muchas de las descripciones hablan de una disolución del ego y una sensación de interconexión con la naturaleza o con un sistema más grande). Esto embona con estudios sobre cuál es la verdadera causa de las adicciones, los cuales sugieren que más que el efecto neuroquímico de una sustancia, son las condiciones psicológicas de una persona las que la llevan a volverse adicta. Personas aisladas, sin relaciones íntimas o sin una clara motivación (significado de vida) suelen volverse más fácilmente adictas a las drogas; cuando recuperan el sentido y logran convivir en un entorno naturalmente estimulante dejan las drogas sin problemas. Por eso el énfasis en la facilidad con la que los hongos mágicos producen experiencias espirituales, las cuales logran reformatear la mente (la visión de mundo) de los voluntarios y por eso, aunque sus efectos sólo duran alrededor de 6 horas, 6 meses después la "magia" de los hongos sigue haciéndose sentir. En cierta forma esta es una medicina superior ya que detona un efecto de autocuración, sin la necesidad de seguir administrando la medicina (y por supuesto sin efectos secundarios). Ya lo decía el alquimista suizo Paracelso: aquello que cura el alma es superior a aquello que sólo cura el cuerpo. Y, también, la medicina psicodélica ofrece una radiante posibilidad, al menos en el caso de adicciones y psicopatologías: descubrir que uno es capaz de curarse a sí mismo --al igual que de generar una enfermedad.

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El primer caso de éxito de esta nueva etapa de la psilocibina fue con pacientes en fase terminal. El director de estos estudios en Johns Hopkins, Roland Griffiths, ha notado que si la psilocibina ha demostrado ayudar a las personas que están muriendo, esto significa que debería de hacerse disponible, técnicamente, para todos. "Todos somos terminales. Todos estamos tratando con la muerte. Esto será demasiado valioso para limitarlo sólo a las personas enfermas", dijo Griffiths a Michael Pollan. Por milenios los psicodélicos han ayudado al hombre a entrar en contacto con el mundo invisible, con los muertos y con la muerte. El libro seminal en la relativamente joven ciencia de estudios psicodélicos, The Psychedelic Experience, escrito por tres profesores de Harvard en 1964, fue modelado justamente a partir del Libro Tibetano de la Muerte. Esta podría ser la virtud más clara de sustancias como la psilocibina, común a la mayoría de los psicodélicos, que al ofrecernos experiencias místicas o trascendentes, nos reconcilian con la muerte. Nos brindan el necesario acceso al inframundo, a enfrentar nuestras sombras y nuestro inconsciente, al reino de Plutón (recordemos que Plutón es el dios del inframundo, pero etimológicamente significa riqueza: hay un tesoro en el descenso al abismo del ser). Una vida en paz con la muerte --no una vida que la niega, sino que la reconoce-- es una vida más rica y significativa. Paradójicamente, es la muerte la que nos sana.

 Twitter del autor: @alepholo

El LSD y el yoga son fascinantes por separado, y esta chica se preguntó qué pasaría si los juntara. Su crónica es una estimulante invitación al viaje
[caption id="attachment_93527" align="aligncenter" width="600"]Imagen: barefootongravel.com Imagen: barefootongravel.com[/caption]

Las sustancias psicoactivas (o enteógenas) y el movimiento físico han formado una mancuerna indivisible desde los días de Eleusis hasta Woodstock: es por ello que la practicante de yoga Rae Lland se decidió un buen día a encerrarse en una cabaña en las montañas a practicar algunos asanas mientras estaba bajo la influencia de una dosis de LSD.

A decir suyo, “cada pose se sentía como si mi cuerpo se abriera al mundo circundante como nunca antes lo había hecho”. Lland incluso llegará a comparar la fluidez de los asanas en LSD “con la euforia física del sexo”.

Y es que los efectos físicos del LSD para realizar actividades concretas han sido poco explorados: a diferencia de sus efectos en la creatividad, en la capacidad para resolver problemas complejos (de tipo lógico, técnico o genealógico, es decir, psicológico) o como guías durante trances espirituales, el impacto del ácido lisérgico en el cuerpo en movimiento es un campo virtualmente virgen para la exploración.

Existen casos como el del beisbolista Dock Ellis, quien jugó un partido en LSD en 1970. Luego de ganar se le preguntó si había visto la última jugada. “¿Verla?”, respondió; “¡Tú debiste verla como yo la vi!”.

En el caso del yoga y psicodélicos, Lland recomienda tener experiencia previa con ambas cosas antes de embarcarse en la búsqueda conjunta: conocer las limitaciones del propio cuerpo durante la práctica del yoga, así como conocer las reacciones físicas y psíquicas individuales a los psicodélicos, nos permitirán sacar a flote lo mejor de ambas experiencias.

Una vez dicho esto, lo más interesante que describe Lland es la euforia en la concatenación de los asanas: el flujo en el que el cuerpo parece ser llevado como una corriente de energía, que permite llegar a nuevos estados de meditación y aventurarse en zonas de la psique a donde nos suele dar miedo ir.

Sigue el flujo de la respiración y trata de dirigir conscientemente el aliento rumbo a áreas del cuerpo en tensión. Aclara la mente y deja que el pensamiento se derrita. Encuentra aquellos espacios ‘sin pensamiento’, y disfruta del silencio y de la sensación de la energía fluyendo por el cuerpo.

Probablemente los practicantes asiduos de yoga no crean necesario o útil el uso de psicodélicos durante la práctica; afortunadamente, como la tradición yogui nos enseña, el soma no es de uso generalizado y se trata solamente de una herramienta en el contexto de una práctica espiritual y física, a la manera de un “tapete” para la mente.

Los psicodélicos de uso recreativo suelen aparecer en fiestas, festivales de música y retiros en el bosque: utilizarlos dentro de un contexto deportivo también es responsabilidad de quien los usa.