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Buscando un poco de acción en Tinder, uno corre el riesgo de intentar seducir a un bot

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Si utilizas Tinder para catalizar tu vida sexual frecuentemente, es probable que te haya tocado conversar con un bot que parecía ser una chica sexy. 

Desde 2013, cuando Tinder cobró popularidad, los spammers empezaron a programar bots para tratar de enganchar a jóvenes ganosos con links hacia webcams y sitios de porno. Esto era bastante frontal, pero ahora los spammers han evolucionado y han configurado bots más verosímiles; una de las modalidades que está siendo ensayada es la de la vecina sexy a la que le gustan los deportes. 

Antes los bots sólo respondían algo como: "Hola, si quieres que sigamos hablando visita mi website". Hoy los bots ya hacen conversación, simulan inteligencia --aunque a veces pueden llegar a situaciones surrealistas-- y suelen tener fotos más comunes y corrientes. Lo más cómico de esto es cuando las personas llegan a invertir cierta energía o excitación sobre lo que podría suceder con su conexión en Tinder, cuando en realidad se trata de una entidad digital automatizada.

Los sitios de software para crear bots recomiendan que los bots tarden más tiempo en contestar y sólo busquen convertir en visitas o ventas una vez que los usuarios están involucrados y han enviado un mensaje por SMS. Uno de ellos, según Motherboard, motiva a seguir con este simulacro porque "una vez que un hombre beta se siente emocionalmente involucrado hará lo que sea por conseguir una cita". No hay duda de que la fauna digital es cada vez más diversa y extraña.

Un increíble ejemplo de cómo la tecnología puede volvernos insensibles al mundo que nos rodea

 

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La cadena ABC de Estados Unidos compartió esta imagen de un hombre demasiado "ocupado" con su teléfono celular para darse cuenta de una ballena que pasaba cerca de su embarcación en Redondo Beach, California. Según Eric Smith, quien tomó la imagen, el hombre con el celular nunca notó a la ballena, se quedó aparentemente texteando sin percatarse de lo que sucedía alrededor, en un epic fail de la distracción.

"Podía estar enviando un mensaje a su madre en el hospital, por todo lo que sé, pero en ese momento pensé que era terrible que se perdiera de una situación tan maravillosa que estaba ocurriendo a 1 metro de distancia", dijo Smith, quien es fotógrafo profesional.

El caso es sin duda sintomático de nuestra época, donde muchos prefieren llevar vidas en burbujas digitales y cada vez estar menos atentos a lo que les sucede alrededor. Este caso habla de una especie de atrofiamiento perceptual. Nuestra tecnología nos permite amplificar nuestros sentidos y percibir lo que está a miles de kilómetros de distancia pero, al mismo tiempo, amputa nuestra percepción de lo inmediato o hace que lo que sucede a nuestro alrededor pierda interés al no poder competir con los estímulos electrónicos y las plantillas de nuestros aparatos. Todo esto ya lo había notado claramente hace 50 años Marshall McLuhan, pero hoy es más evidente que nunca. 

Nuestros teléfonos, además de smartphones, también son dumbphones.