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La física detrás del delicioso olor a lluvia

Screen shot 2015-02-04 at 7.33.47 PMLa palabra lluvia es quizá una de las onomatopeyas más deliciosas del lenguaje; así también precipitación pluvial o diluvio. Todas suenan a lluvia cayendo y ese sonido es reconfortante aunque sólo lo imaginemos. De hecho, el sonido de la lluvia es el resultado de un fascinante sistema de ritmos, superficies y tamaños casi imposible de reproducir, aunque estos japoneses lo lograron. Después de todo, ellos son los expertos en encontrar la poesía en los fenómenos naturales: tienen 50 palabras para decir "lluvia" y cada una es una lluvia diferente.

Pues ahora unos científicos norteamericanos se pusieron la tarea de descubrir cómo es que la lluvia despierta tantos olores cuando toca la tierra. ¿A quién no le gusta el olor a pavimento llovido, pasto llovido, tierra mojada? Lo que descubrieron es que no es la lluvia la que huele tan rico, sino el proceso que detona cuando impacta una superficie.

Tienes que tener una gota del tamaño adecuado, cayendo a la velocidad correcta sobre la superficie apropiada. En el momento en que esta toca la tierra atrapa diminutas burbujas de aire; estas burbujas luego estallan en la superficie como las burbujas del champagne y llevan con ellas el olor de la tierra o el pavimento mojado, dependiendo de dónde caigan.

Así queda claro que todo lo relacionado con la lluvia es sofisticado y sutil. Nada nunca, aunque echemos agua, olerá igual que la lluvia.

 

La promiscua, misteriosa genética de los tréboles de cuatro hojas

Ecosistemas

Por: pijamasurf - 02/05/2015

Los tréboles son antiguos y tienen los cromosomas de poco menos que un extraterrestre. Esta es la razón por la cual hay algunos que tienen cuatro hojas

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To make a prairie it takes a clover and one bee,
One clover, and a bee,
And revery.
The revery alone will do,
If bees are few.

 Emily Dickinson

 

Hay 300 especies diferentes de tréboles, pero en un consenso más o menos general, el trébol blanco (Trifolium repens) de cuatro hojas es el de la suerte. Y el hecho de que haya tantos tréboles de cuatro hojas (casi todos hemos visto alguno) es porque la planta es nativa de tres continentes y prolifera muchísimo; entre tantos y tantos tréboles juntos uno que otro tiene un error de cromosoma. Pero al parecer las cuatro hojas no son ningún error, y si hubiera uno sería tener sólo tres.

La fama del trébol de cuatro hojas se ha expandido tanto que ahora científicos están indagando la genética de los tréboles para saber qué sucede a nivel ADN con estos casos de trébol. “Sabemos más o menos dónde está la mutación en el cromosoma”, apuntan, “pero el trébol parece hacer lo posible para hacer inescrutable su genoma”. Hay algo fascinante dentro de estas miniaturas verdes. Cada trébol tiene el doble número de cromosomas que los humanos, los mangos y la mayoría de los demás organismos, y cada par de cromosomas viene de una especie distinta. Como si fueran extraterrestres.

Cuando estaba proliferando sobre el mundo el trébol comenzó a dividirse en múltiples especies, pero luego se “apareó” (literalmente) de regreso y se siguió reproduciendo. En lugar de recombinarse, el trébol se quedó con ambos pares de cromosomas. Además, el trébol blanco ha sido un organismo de lo más promiscuo a lo largo de su historia (20 millones de años); es prácticamente incapaz de reproducirse entre su propia especie. Así, su vida sexual hace imposible rastrear los genes de los padres de cada ejemplar. Pero lo que los científicos descubrieron al crecer y monitorear 178 plantas de trébol, fue que los tréboles en la antigüedad tenían muchísimas hojas; entre más se fueron adaptando a la humedad y el frío del planeta, las fueron perdiendo.

Esto quiere decir que los tréboles comunes de tres hojas son más evolucionados que los de cuatro (el récord Guinness de un trébol actual es de 56 hojas en un solo tallo: el más primitivo de todos).

En general se puede concluir que lo que nos gusta, sin duda, es la excepción a la regla y el folclor. La fascinante empresa de buscar entre millones de plantitas una que sea diferente y que esté destinada a nosotros (porque así es la suerte), y la asociación que tenemos entre una miniatura –que además crece salvaje en tantos lugares– y su promesa de buena fortuna directamente ligada a los duendes irlandeses. Quizá los de cuatro hojas se extingan del planeta gracias a la adaptación, pero aún hay cientos y miles que nos esperan como un consuelo diminuto. La combinación de factores es bella y eso es suficiente.