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5 formas de autoesculpir tu estructura mental para mejorar tu desempeño cognitivo

Salud

Por: pijamasurf - 02/18/2015

Actualmente se sabe que las neuronas del cerebro cuentan con cierta plasticidad sináptica que modifica la eficacia de la transferencia de la información, lo cual deja huellas en la percepción y construcción de nociones psicocognitivas

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No tiene más de 15 años que la ciencia consideraba que el cerebro alcanzaba un punto de maduración donde las neuronas (y sus conexiones) llegaban a un número fijo. Inclusive se creía que era casi imposible generar nuevas neuronas ante lesiones, enfermedades o abuso de sustancias. Se definió entonces al cerebro como un órgano inmutable cuya estructura, definida por el código genético, tarda en desarrollarse y alcanzar una madurez fija.

Actualmente se sabe que las neuronas del cerebro cuentan con cierta plasticidad sináptica que modifica la eficacia de la transferencia de la información, lo cual deja huellas en la percepción y construcción de nociones psicocognitivas. De modo que esta maleabilidad neuronal permite esculpir constantemente este andamio genético y químico que resulta en creencias, pensamientos, sentimientos, conductas e interacciones con nuestro medio ambiente. 

De acuerdo con el doctor Matthew Owen Howard y el doctor Eric Garland, investigadores en el campo de la neuroplasticidad, existen maneras de transformar a la mente, es decir, de autoesculpir la estructura mental para un mejor desempeño integral. Estas son cinco que puedes intentar:

-          El ejercicio regular es una de las alternativas más frecuentes para reducir hasta 60% el riesgo de la demencia. Al caminar, el cerebro construye nuevas conexiones neuronales, las cuales entran en un estado de plasticidad facilitando procesos cognitivos como el aprendizaje.

-          El aprendizaje de una nueva habilidad (como la danza, un idioma o un instrumento musical). Para mantener al cerebro en su óptima condición es necesario realizar ejercicios que reten a las habilidades regulares como por ejemplo, el aprendizaje de un idioma, un instrumento o un tipo de danza. Estas actividades activan el núcleo basal, el cual es el responsable de consolidar nuevas conexiones neuronales asociadas con la atención y concentración.

-          Practica algunos ejercicios mentales. Conforme se envejece, el cerebro puede encontrar dificultades para registrar y retener nueva información. Por lo que Michael Merzenich, pionero de la investigación de la neuroplasticidad, explica que es ideal entrenar ciertas áreas específicas del cerebro, las cuales se encargan de procesar imágenes y sonidos. A diferencia de los juegos en línea o en periódicos, este tipo de ejercicios requieren de una concentración intensa para resolver combinaciones líricas entre consonantes y vocales a una velocidad sorprendente. Esto ayuda a agudizar las habilidades auditivas y memoriales del cerebro. Inclusive, en NIH a esto se le conoce como Brain HQ.

-          Presta atención detallada al sonido de tu voz. Existen voces que son capaces de motivarnos; otras simplemente nos exigen entregarnos a Morfeo. Esto sucede debido a las frecuencias vocales y a la habilidad del orador de escuchar las diferencias sutiles de su propia voz. Por lo que la persona que cuenta con una voz activa y motivante, es gracias a su habilidad superior de escuchar y actuar en función de. Por ello, escuchar atentamente a lo que estás diciendo, al simple sonido (no tanto el contenido), te otorgará la capacidad de refinamiento auditivo y mental.

-           Descansa la cantidad de tiempo que tu cuerpo te pide. A la hora de dormir, el cerebro realiza ciertas actividades que permiten la rehabilitación del cuerpo: por un lado, la glía elimina los productos nocivos y tóxicos que se encuentran en el cuerpo; por otro, forma nuevas conexiones neuronales con una mayor consistencia y durabilidad. Realiza un horario donde le brindes a tu cuerpo las horas necesarias para reconstituir sus células. 

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Salud

Por: pijamasurf - 02/18/2015

La queja tiene consecuencias sobre nuestro estado emocional y, sobre todo, sobre nuestro momento presente

Todos nos quejamos, algunos más que otros, pero todos lo hacemos o lo hemos hecho. Nos quejamos del gobierno, de un servicio poco amable en un restaurante o del comportamiento de un amigo. ¿Pero esperabas que esto tuviera un efecto sobre tu salud emocional? De acuerdo con un estudio reciente, la queja tiene un alcance mayor de lo que esperaríamos.

Robin Kowalski es profesora de psicología en la Universidad Clemson, en Carolina del Sur, Estados Unidos y, junto con otros colegas, realizó una investigación para encontrar el vínculo entre la salud física, emociones como la felicidad y la queja y la “atención presente”, un término con el que podríamos traducir mindfulness, esa capacidad de enfocarse mentalmente en el momento presente. Para esto, tomaron un grupo de 410 voluntarios, hombres y mujeres, y por medio de dos cuestionarios tomaron registro de las “manías” que cada uno de ellos tenía cuando se encontraba en una relación de pareja y, por otro lado, analizaron su estado emocional actual, con preguntas orientadas para medir su felicidad, su tristeza, su atención presente, la satisfacción con su relación de pareja y su satisfacción con respecto a la vida en general.

Entre otros resultados, el estudio encontró que aquellas personas que se quejaban con cierta regularidad eran más felices que quienes no lo hacían, pero con una condición: sólo cuando la queja tenía como objetivo obtener un resultado específico, y no cuando se incurría en el quejarse por quejarse.

¿Pero cuál es la relación entre la queja y la atención presente? De acuerdo con Kowalski, las personas con mayor sensibilidad del momento presente tienden a quejarse pero sólo cuando esto sirve a un propósito, es decir, moderan el número de sus quejas según este criterio. Por el contrario, quienes no tienen tan desarrollada su atención presente se quejan más pero con un efecto mucho menor sobre su realidad inmediata. En cierta forma, se trata de un juego de expectativas y posibilidades: una queja bien formulada, coherente con la realidad, tiene más probabilidad de provocar el efecto deseado, lo cual conlleva una sensación de éxito; por el contrario, una queja vaga, general, usualmente se queda en el nivel discursivo, no genera ninguna consecuencia, no altera el estado del mundo, lo cual puede conducir a la frustración.

En un estudio anterior, Kowalski observó que las personas con una autoestima elevada y una notable confianza en sí tendían también a quejarse con más frecuencia, lo cual mostraba un vínculo entre la queja y la creencia de que hablar podía volver una situación favorable a los propósitos y deseos de quien lo hacía.

Quejarse es entonces, en cierto sentido, una etapa previa de la felicidad, pero sólo si sabemos por qué nos quejamos y qué queremos lograr con eso.

¿O será que ya éramos felices antes de quejarnos?