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40 años de peinados de David Bowie en un camaleónico GIF

Buena Vida

Por: pijamasurf - 01/13/2015

Porque lo raro es cool: un paseo de 50 años en 5 segundos a los extraños looks de David Bowie, el más grande trendsetter de nuestra era

 

Muchos músicos y actores han sido íconos de la moda del momento, pero ninguno lo ha sido por tanto tiempo como David Bowie, el hombre que se ha reinventado permanentemente, creando estilos que en otra persona serían completamente ridículos. Su naturaleza camaleónica y su estatus de trendsetter perpetuo vienen, paradójicamente, de que Bowie no ha tenido reparos en copiar modas y estilos. Su cleptomanía cultural ha sido advertida por Mick Jagger, pero en el caso de Bowie aplica la frase: "No importa de dónde lo tomes, lo que importa es a dónde lo lleves".

Bowie empezó su carrera en los 60 como un chico londinense desesperado por recibir atención. Ese deseo fue trascendido con una actitud temeraria en la que ningún riesgo era demasiado, entrando en extrañas fases heterónimas como Ziggy Stardust y The Thin White Duke, entre otras, reflejos de su interés por los extraterrestres, las drogas y la magia. Bowie ha demostrado en reiteradas ocasiones que lo raro es cool.

Este GIF es el resultado de los dibujos de Helen Green, pueden ver más en su sitio web.

La aparente contradicción de dos condiciones se funde en estos excéntricos personajes que son, al mismo tiempo, miembros de dos comunidades totalmente opuestas: el judaísmo ortodoxo y el glamouroso mundo de las drag queens

En los últimos años la expresión de la sexualidad ha conocido una apertura que, aunque existió en épocas anteriores, quizá no era del todo visible. A la dicotomía un poco simplona de homosexual/heterosexual que, con distintos nombres, casi siempre se usó para clasificar las prácticas en torno al sexo, ahora se ha sumado una gama mucho más amplia que intenta dar cuenta de todo aquello que los sujetos buscan cuando intentan dar cauce a su deseo (o su goce).

Este es un poco el caso de las drag queens, un término difícil de precisar lingüísticamente pero, paradójicamente, sumamente claro en la realidad. En efecto: por un lado, la etimología de la expresión se debate entre el inglés y el gitano, pues hay quienes aseguran que “drag” es el acrónimo de “Dressed Resembling A Girl” (“vestido parecido a una chica”, utilizado como indicación teatral) pero, por otro, también se dice que la palabra podría derivar de ciertos dialectos romaníes en donde a la falda se le llama “daraka” o “jendraka”. En cuanto a “queen”, igualmente se trata de una alusión femenina.

Pero si bien, como decíamos, puede ser que expresiones como esta sean conocidas o incluso públicas, todavía pueden considerarse marginales en la medida en que su campo de acción es más bien limitado. En cierta forma, el discurso social de la “tolerancia” crea territorios de excepción en donde lo “anormal” es permitido mientras se mantenga dentro de esas fronteras.

¿Pero qué pasa cuando lo excéntrico deja esas márgenes y toma una posición privilegiada, en donde no puede no verse? De alguna manera ese es el caso de algunas drag queens que a esta elección de vida suman otra circunstancia personal: la ortodoxia judía a la que pertenecen o en la cual se formaron parcialmente.

Aunque suene increíble o imposible, existen hombres travestidos que reivindican también su condición judía, a pesar de que esta religión, como casi todas, condena moralmente la homosexualidad y cualquier otra práctica sexual ajena a las normas. Lady SinAGaga (sobrenombre que conlleva una ingeniosa aliteración de “sinagoga”) y Yudi K son algunas de estas drags que han causado cierta conmoción dentro de un mundo caracterizado por su rigurosidad y el intenso apego a las tradiciones.

Irónicamente, para Jayson Littman, fundador de Hebro, una organización que apoya y celebra la homosexualidad dentro de la comunidad judía, el referente para toda drag está más cerca de lo que cualquier judío ortodoxo quisiera creer; al respecto, dice Littman:

Ser un personaje drag se trata al final de crear una personalidad enorme, exagerada, y la mayoría de los gays judíos tienen el modelo perfecto para imitar esto: nuestras madres.

Quizá una comunidad funcione también como esos sistemas matemáticos que conforme se desarrollan terminan por generar su propia contradicción, sólo para evidenciar que esta es, a la postre, un elemento del propio modelo que nunca debió no considerarse.