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¿Puede un solo individuo destruir el mundo? ¿Cuándo?

Por: pijamasurf - 01/31/2015

Los recursos necesarios para realizar un daño irreparable a las condiciones de supervivencia humana en la Tierra podrían estar a la mano de individuos o pequeños grupos en el lapso de una o dos generaciones
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Megamind (Pixar, 2010)

 

Vivimos en tiempos narcisistas donde el individualismo puede ser a la vez motor de cambio mundial (caso Malala en Pakistán, o las filtraciones de Edward Snowden) y la experimentación subjetiva se promueve y alienta; pero en este contexto, es inevitable pensar en su reverso siniestro: el hecho de que una sola subjetividad en esteroides pudiera infligir un daño irreparable, del tamaño de una extinción, a las condiciones de vida de la especie humana. Filmes como Trascendence Her, para nombrar solamente dos ejemplos recientes, se preguntan sobre las implicaciones de que un solo grupo, un solo programa o una sola mente maestra ejerza un poder considerable de manera discrecional. La figura del genio diabólico, de la corporación criminal, del programa de computadora que enamora o destruye son sólo caricaturas: el poder económico y tecnológico del 1%, concentrado cada vez más, podría ser una amenaza real en un tiempo relativamente cercano; una o dos generaciones.

Para evaluar estas preguntas, el sitio io9 habló con algunos expertos en seguridad: futuristas fuera de toda categorización cuyo trabajo es plantearse con toda seriedad y desde diversos marcos teóricos las amenazas plausibles en el futuro cercano para la humanidad. Uno de ellos es Philippe van Nedervelde, oficial de inteligencia del ejército belga con entrenamiento en defensa nuclear, biológica y química.

Algunos riesgos de procedencia humana resaltados por van Nedervelde (pues recordemos que, en un universo indiferente y caótico, existen riesgos para la sobrevivencia humana procedentes del exterior del planeta y que están latentes) son las pandemias ocasionadas por armas biológicas, intercambio global de agresiones con armas termonucleares, la emergencia de una superinteligencia artificial hostil a los humanos y (tal vez el riesgo más factible y menos predecible) el espectro de la nanotecnología como arma de destrucción masiva.

Amenaza invisible

El nanoteórico Robert Freitas, experto en el uso armamentístico de la nanotecnología, ha escrito sobre los "aeróvoros", conocidos también como "polvo gris" o "plancton gris"; el escenario nanotecnológico de destrucción masiva involucraría robots de tamaño molecular reproduciéndose y replicándose a velocidades exponenciales, consumiendo recursos vitales para la supervivencia de los humanos (como la atmósfera) o bloqueando por completo la luz solar a través de una exósfera opaca.

Otro tipo de nanotecnologías armamentísticas podrían atacar directamente la tierra o el agua, incluso a algunos seres vivos, para evitar que reacciones tan básicas como la respiración, la absorción de nitrógeno, carbono u oxígeno se llevaran a cabo. Una verdadera pesadilla biotecnológica que un pequeño grupo podría llevar a cabo como una pequeña travesura.

En ese contexto, van Nedervelde resalta el concepto de "Capacidad Destructiva Asimétrica" (CDA): "Quiere decir que, con el avance de la tecnología, cada vez se necesita menos para destruir más. La destrucción de gran escala se vuelve más probable con menos recursos". Y agrega: "comparado con la nanotecnología armamentística, las bombas nucleares son juguetes".

Los recursos para que un pequeño grupo de individuos pueda desarrollar nanoarmas de destrucción masivas, según van Nedervelde y Freitas, pueden estar disponibles para 2040, con un margen de error de 10 años:

Para resolverlo, un pequeño y determinado equipo buscando la destrucción masiva necesitaría los siguientes recursos, que serán modestos en los próximos años: equipo de nanoproducción de medio uso capaz de crear semillas de 'replibots'; cuatro doctores en nanoingeniería mediocres; cuatro supercomputadoras de medio uso; 4 --o menos-- meses de tiempo de desarrollo; y cuatro puntos de dispersión optimizados según patrones prevalecientes de vientos globales.

Con el avance de la tecnología, la posibilidad de realizar destrucciones de este tipo no necesitaría ni siquiera una causa política cuantitativa o una razón de mejoramiento social para pasar de la civilización de la guerra a la civilización de la autodestrucción. En ese sentido, ni siquiera se necesitaría una inteligencia demencial, genial, aunque malvada, para echar a andar esta maquinaria de destrucción y muerte: bastaría un elenco similar al de The Big Bang Theory, con acceso a tecnología desfasada, para realizar un daño considerable.

Este panorama también nos hace pensar en que la paranoia colectiva respecto a estos temas permitirá un nuevo auge de los sistemas de seguridad estatales y el Estado de información. Ciudadanos que viven con miedo son ciudadanos que confiarán en las capacidades del Estado para protegerlos...

Neuróticos, cobardes y hermosos: los Millennials según Bret Easton Ellis y Michel Serres

Por: Javier Raya - 01/31/2015

Individuos sensibles, demasiado tal vez: reacios a la crítica, incapaces de soportar la frustración, imposibilitados para lo real, y con la misión (nada menos) de asegurar las condiciones de vida humana en la Tierra. Eso son los Millennials desde el punto de vista de un novelista y de un filósofo

bebehipster

Entre hipsters, Millennials y generaciones post-post-X, la crisis de identidad actual admite un par más de perspectivas y etiquetas: la del novelista y guionista Bret Easton Ellis, ácido, brillante y bocón autor de American Psycho, quien durante los últimos 4 años ha vivido con su pareja, un chico de 27 años, y ha aprendido algo acerca de las nuevas generaciones; y la del filósofo Michel Serres, quien se ha preguntado, en su papel de profesor universitario (y luego de impartir cátedra de filosofía durante 40 años en cuatro continentes) a quién se dirige el conocimiento en nuestros días, y quiénes son esos seres perpetuamente pegados al celular, que heredarán el mundo.

Comenzaremos con el novelista. Desde hace algunos años, Bret habla de la "generación Wuss" en su Twitter, ¿pero a qué se refiere?: 

"Wuss" debe traducirse necesariamente en jerga local: pero incluso una traducción literal ("marica") pondría el dedo en la llaga, en el síntoma de esta generación. No permiten ningún tipo de crítica, son demasiado sensibles, se lo toman todo demasiado personal, incluso la realidad. Así, generación Wuss puede traducirse como "generación gallina", quejica, cobarde, calzonuda, débil o cagona. Entienden la idea.

Males de crianza

Easton Ellis caracteriza a los Wuss a partir de su "hipersensibilidad, su insistencia en estar en lo correcto a pesar de las pruebas abrumadoras que sugieren que no lo están, su fallo en poner las cosas en contexto, su exagerado reaccionar, la positividad pasivo-agresiva y, por supuesto, todo esto exacerbado por las medicinas que les han dado desde niños sus sobreprotectores padres 'helicóptero', siguiendo cada uno de sus pasos".

Tal vez el celo de esa mirada paterna (producto de las bienintencionadas figuras que trataron de evitar a sus hijos los dolores y padecimientos por los que las generaciones anteriores atravesaban, y que de algún modo también les formaban el carácter) debió enseñarles a los Wuss un poco de realidad, o estar ahí para ellos cuando la realidad atacara sin piedad, por ejemplo, "en las dificultades del amor y la manera real en que el mundo funciona: no le vas a agradar a todos, esa persona puede no amarte de vuelta, los niños son crueles, el trabajo apesta, es difícil ser bueno en algo, la vida está hecha de fallos y decepciones, no eres talentoso, la gente sufre, la gente envejece, la gente muere".

Poco preparados para afrontar esto, los hip(st)er-sensibles Wuss se refugian en el sentimentalismo más básico, creando lo que Easton llama "narrativas de víctimas", que les impiden 1) conocer y 2) cuestionar bajo parámetros reales su lugar en el mundo.

mememe

En defensa de los Wuss, y en general, de los jóvenes de hoy, Easton admite que el mundo de hoy es sumamente distinto al del siglo pasado. Cuando alguien crea algo, tiene un foro hambriento y disponible para exhibirlo, para recibir reconocimiento (aunque fuera en forma de Likes de Facebook) y tal vez para perseguir su vocación. Sin embargo, una generación con tantas herramientas creativas a mano (no olvidar que un smartphone de hoy es toda una navaja suiza de herramientas artísticas, difíciles de conjugar en el taller de un artista del siglo pasado) es sorprendentemente tibia y torpe para enfrentar la crítica, es decir, para enfrentarse a la otredad.

Cuando se critica a los Millennials por su contenido, parecen colapsar en una espiral de vergüenza y la persona que critica es etiquetada automáticamente como hater, contrerista, troll... Una generación que parece ser super confiada y positiva sobre todo, pero cuando la menor señal de oscuridad entra en su realidad se paraliza y se vuelve incapaz de procesarlo.

A pesar de que Easton Ellis trata con el modelo gringo de generación, lo cierto es que los eventos del 9/11, así como la ideología de seguridad y vigilancia surgida desde entonces, y las debacles económicas que periódicamente impiden una movilidad social mayor, como ocurrió en el siglo pasado, afectan a los jóvenes de todo el mundo.

Un nuevo tipo de héroe

Pulgarcita FCE

La generación curatorial, que prefiere personalizar un Sim o un Tumblr que arriesgarse a realizar una obra de arte ("quieren robar arte o SER arte", según Bret), no lo tiene nada fácil. El filósofo Michel Serres los ha descrito con mucha más benevolencia en un maravilloso libro llamado Pulgarcita (a propósito de la novedosa habilidad con que manipulan el smartphone y el mundo, usando un par de pulgares). Lo primero es conocerlos:

-Su relación con la naturaleza es turística o contemplativa: fantasean con lo orgánico porque no son campesinos, y probablemente nunca lo serán. Son más conscientes del entorno; no contaminar está en su ADN.

-Tienen una expectativa de vida inédita en la historia del ser humano en la Tierra. Y la perspectiva de vivir 80 años plantea serios retos en cuanto a economía, salud, autorrealización, etcétera.

-Las morales y filosofías antiguas (según Serres) estaban pensadas para seres que debían tratar cotidianamente con el dolor y la pérdida. Las nuevas generaciones analgésicas nunca han debido soportar el dolor, el hambre o la enfermedad en una escala devastadora y cruenta. 

-Su nacimiento es programado. Por eso, pareciera que toda su vida debe ocurrir en el marco de un guión bien establecido, cuya flexibilidad o posibilidad de personalización se da dentro de las opciones de mercado. Su única libertad es la del consumo.

milen

-Viven de facto en un "mundo mundial", donde la dimensión nacional está atravesada de multiculturalismo. No se trata de la auténtica cosmópolis, sino de su fantasía (nuevamente, instigada por el consumo).

-Serres estima que un niño de 12 años en Francia, ha visto más de 12 mil crímenes en los medios de comunicación. Su relación con la muerte, con el dolor del otro, con el crimen mismo, es radicalmente distinta: está listo para considerarlo una especie de espectáculo o (video)juego superyóico.

-El filósofo afirma que los Pulgarcitos (y no se refiere sólo a los más jóvenes, sino a todos los que estamos inmersos en el intercambio continuo de información) sólo pueden afirmarse y realizarse en la "aventura del trabajo", aunque dada la tasa de desempleo actual, es sumamente difícil encontrar estas gratificaciones.

Tal vez a sabiendas de que Pulgarcita sólo tiene un registro de atención de unos 7 segundos por imagen, y difícilmente puede terminar de leer un artículo largo (digamos, más o menos del largo de este), Serres subtitula su libro con una conclusión extrañamente esperanzadora: "El mundo cambió tanto que los jóvenes deben reinventar todo: una manera de vivir juntos, instituciones, una manera de ser y de conocer...".

Cobardes o no, el reto para todos en el mundo informático es el mismo.

Twitter del autor: @javier_raya