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Cómo identificar radicales jihadistas: una guía práctica del gobierno francés (INFOGRÁFICO)

Por: pijamasurf - 01/30/2015

El gobierno francés ha lanzado una polémica campaña para identificar y denunciar a sospechosos de terrorismo que muestra graves tintes islamófobos

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Parece que a partir de la trágica matanza en el semanario Charlie Hebdo a principios de enero una nueva ola de macartismo a la francesa ha comenzado a circular, cuyo objetivo no serán los comunistas, sino los árabes. Las consecuencias de esto son beneficiosas para el gobierno islamófobo pues al exacerbar las tensiones raciales y económicas, aseguran al gobierno de Hollande la posibilidad de ejercer mayor vigilancia sobre la población, además de ofrecer un inestimable pretexto para justificar despliegues armados en territorios árabes frente a la opinión pública (que más vale mantener desinformada, impresionable y en continuo shock).

A través de la página Stop Djihadisme, el gobierno francés propone una serie de medidas no sólo de protección sino de identificación de terroristas. Este cartel ha comenzado a circular por redes sociales: en él se muestra al terrorista como alguien que cambia de amigos, de hábitos, de vestimenta, que se retrae en sí mismo y deja de participar de eventos colectivos.

A pesar de que estemos de acuerdo en el derecho y la obligación de los gobiernos de cuidar de sus ciudadanos, la nueva campaña del gobierno francés promueve peligrosos estereotipos que identifican a los terroristas con personas (hombres, sobre todo) deprimidas o simplemente desempleadas.

 

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Una versión paródica, que cambia "radicalización jihadista" por "desempleo de larga duración" mantiene la estructura básica de la campaña:

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Efectivamente, la caracterización que el gobierno francés promueve para identificar y --aquí viene el peligro-- denunciar posibles jihadistas es perturbadoramente similar a la sintomatología de una depresión. O peor, del desempleo, que a finales de 2014 afectaba nada menos que a 6 millones de franceses.

Mear One: el graffiti y la ciencia ficción al servicio de las protestas anti-Nuevo Orden Mundial (FOTOS)

Por: pijamasurf - 01/30/2015

El arte callejero de Mear One incorpora un híbrido de ideas filosóficas y conspiracionales que transcurren en la época, una sociedad distópica que no es capaz de mirar la decadencia con sus propios ojos

Si bien el graffiti es una de las herramientas del arte estrechamente ligadas a la crítica social, el inconformismo y la lucha contra el sistema, sólo aquellas representaciones que resultan técnicamente más profesionales y/o idealmente más creativas logran llegar a la conciencia de las masas de una manera autómata. Tal es el caso de los murales fantásticos y sublimes del artista Kalen Ockerman (a.k.a. Mear One), los cuales ha destinado a representar objetivamente una sola idea: fomentar el pensamiento crítico sobre las clases sociales que oscilan entre la penuria y el descaro como resultado de la (des)organización y cinismo de políticos y banqueros Illuminati. El arte callejero de Mear One incorpora un híbrido de ideas filosóficas y conspiracionales que transcurren en la época, una sociedad distópica que no es capaz de mirar la decadencia con sus propios ojos.

Elementos del hip hop y la teología en todas sus expresiones también se hacen visibles; para Mear One, el concepto de ismology (el estudio de todas las corrientes con la terminación "ismo": budismo, hinduismo, etc.) es parte importante de sus pinturas.

“El Nuevo Orden Mundial es el enemigo de la humanidad”, señala la pancarta que lleva en la mano un activista alzando el puño junto a unos cuantos que deciden el rumbo del mundo en un juego de Monopoly. A su vez, se encuentra posado sobre las espaldas de la clase social inferior, rodeado de grandes engranes que contaminan la atmósfera de fondo. Este es uno de los murales más recientes y uno de los más grotescos del artista, que se pudo mirar plasmado en la calle Hambury del East End en Londres (zona en la que predominan principalmente los musulmanes). La pintura generó críticas fuertemente conservadoras, que tacharon al trabajo de antisemita comparándolo con la propaganda nazi. Pero lo que pareciera una acusación absoluta resulta más bien censura: el mural fue borrado 1 semana después de terminado, a pesar de que la gente del lugar y el propio dueño de la construcción apoyaron el trabajo de Ockerman: "mi mural es sobre clases y privilegios, el problema es que a un grupo de conservadores no le ha gustado y están jugando conmigo la carta del racismo".