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Un recorrido por el parque de diversiones futurista que ofrece este sitio web a sus trabajadores de todo el mundo

Como ya es sabido, el imperio Google tiene bien entendido que el espacio de trabajo ayuda tanto al impulso creativo como al nivel de estrés en la mente. Para una empresa como esta, que domina prácticamente lo que puedes ver y conocer del mundo a través de la red, la celeridad intelectual y el alto rendimiento laboral son el resultado de engendrar un ambiente fresco y confortable para sus trabajadores. Hoy en día el diseño interior y arquitectura de estas oficinas parecen estar cada vez más cerca de la utopía y los sueños que de una realidad en el entorno laboral, pues además de ser visiblemente increíbles resultan una manera de fomentar la colaboración no planeada entre los diversos profesionistas dentro de la empresa. ¿El trabajo te está sofocando? Juega minigolf o billar con los colegas redactores. Quizás merendar con los programadores ayude también. ¿Y qué hay si chocas de manera impredecible con el diseñador web en la resbaladilla que lleva a la sala principal?

Aunque pensemos que estos parques de diversiones que llaman oficinas son mera banalidad sacramentada, la realidad es que ahora son un ejemplo a seguir para muchas empresas, en su mayoría compañías web, que adoptaron la misma técnica para inspirar la innovación en la mente de sus trabajadores. No en vano Google se ha convertido en algo más grande que sólo un buscador de información; es ahora un revolucionario de la industria tecnológica, y tal vez en algún futuro nada lejano, lo será de los espacios de trabajo en todo el mundo. Se le agradecería bastante.

La aparente contradicción de dos condiciones se funde en estos excéntricos personajes que son, al mismo tiempo, miembros de dos comunidades totalmente opuestas: el judaísmo ortodoxo y el glamouroso mundo de las drag queens

En los últimos años la expresión de la sexualidad ha conocido una apertura que, aunque existió en épocas anteriores, quizá no era del todo visible. A la dicotomía un poco simplona de homosexual/heterosexual que, con distintos nombres, casi siempre se usó para clasificar las prácticas en torno al sexo, ahora se ha sumado una gama mucho más amplia que intenta dar cuenta de todo aquello que los sujetos buscan cuando intentan dar cauce a su deseo (o su goce).

Este es un poco el caso de las drag queens, un término difícil de precisar lingüísticamente pero, paradójicamente, sumamente claro en la realidad. En efecto: por un lado, la etimología de la expresión se debate entre el inglés y el gitano, pues hay quienes aseguran que “drag” es el acrónimo de “Dressed Resembling A Girl” (“vestido parecido a una chica”, utilizado como indicación teatral) pero, por otro, también se dice que la palabra podría derivar de ciertos dialectos romaníes en donde a la falda se le llama “daraka” o “jendraka”. En cuanto a “queen”, igualmente se trata de una alusión femenina.

Pero si bien, como decíamos, puede ser que expresiones como esta sean conocidas o incluso públicas, todavía pueden considerarse marginales en la medida en que su campo de acción es más bien limitado. En cierta forma, el discurso social de la “tolerancia” crea territorios de excepción en donde lo “anormal” es permitido mientras se mantenga dentro de esas fronteras.

¿Pero qué pasa cuando lo excéntrico deja esas márgenes y toma una posición privilegiada, en donde no puede no verse? De alguna manera ese es el caso de algunas drag queens que a esta elección de vida suman otra circunstancia personal: la ortodoxia judía a la que pertenecen o en la cual se formaron parcialmente.

Aunque suene increíble o imposible, existen hombres travestidos que reivindican también su condición judía, a pesar de que esta religión, como casi todas, condena moralmente la homosexualidad y cualquier otra práctica sexual ajena a las normas. Lady SinAGaga (sobrenombre que conlleva una ingeniosa aliteración de “sinagoga”) y Yudi K son algunas de estas drags que han causado cierta conmoción dentro de un mundo caracterizado por su rigurosidad y el intenso apego a las tradiciones.

Irónicamente, para Jayson Littman, fundador de Hebro, una organización que apoya y celebra la homosexualidad dentro de la comunidad judía, el referente para toda drag está más cerca de lo que cualquier judío ortodoxo quisiera creer; al respecto, dice Littman:

Ser un personaje drag se trata al final de crear una personalidad enorme, exagerada, y la mayoría de los gays judíos tienen el modelo perfecto para imitar esto: nuestras madres.

Quizá una comunidad funcione también como esos sistemas matemáticos que conforme se desarrollan terminan por generar su propia contradicción, sólo para evidenciar que esta es, a la postre, un elemento del propio modelo que nunca debió no considerarse.