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10 recomendaciones para lidiar con un policía (compartidas... por un policía)

Sociedad

Por: pijamasurf - 01/08/2015

Mantener la calma y ser respetuoso es algo que puede ser de gran utilidad a la hora de encontrarte con la policía

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El tener que lidiar con oficiales de policía es algo por lo que todos, tarde o temprano, terminamos pasando. Ya sea que hagamos méritos propios para invocar a los polizontes o que seamos víctima de algún abuso de autoridad, es difícil no tener de vez en cuando algún tipo de encuentro con ellos.

Curiosamente, y más allá de las circunstancias en las cuáles se haya gestado tal encuentro, una buena parte del desenlace se define al momento de interactuar con la policía. Una mala actitud, un descuido y más aún, un error grave de nuestra parte, pueden resultar francamente costoso en muchos sentidos. Por el contrario, si mostramos una actitud acertada, conocemos, al menos en términos básicos, nuestros derechos y tenemos un poco de suerte, es probable que el intercambio tenga un final feliz (o en todo caso, uno no tan infeliz).

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Considerando lo anterior, quién mejor que un policía para aconsejarte cuál es el código de conducta idóneo una vez que tienes por delante a uno de ellos. Obviamente existen muchos aspectos que varían de país en país, en cuanto al marco legal y los derechos que tienes, como ciudadano, frente a las "fuerzas de la ley". Pero también parece que la mayoría de estas recomendaciones publicadas por Neill Franklin en Alternet, podrían aplicar, en mayor o menor medida, o con sus respectivos bemoles, en prácticamente cualquier lugar.

1 Siempre mantén la calma: una mala actitud garantiza un mal desenlace. 

2 Guarda silencio: lo que dejes de decir no podrá ser utilizado en tu contra. 

3 Tienes derecho a negarte a una revisión: así que aprovéchalo.*

4 No te dejes engañar: recuerda que en muchos lugares la policía tiene facultades legales para mentir.

5 Define si puedes retirarte: la policía necesita evidencia para detenerte.*

6 No te expongas: llamas la atención y hacer tonterías en la vía pública te hará una presa fácil.

7 No corras: es muy probable que te alcancen y que hagan que te arrepientas de tu decisión.

8 Jamás toques a un policía: acciones agresivas sólo te harán acreedor a una respuesta agresiva (y generalmente armada y entrenada).

9 Reporta cualquier abuso o falta de respeto: sé un buen testigo.

10 No tienes que abrirles la puerta: la policía necesita una orden emitida por un juez para ingresar a tu hogar.*

* Dependiendo de las leyes locales.

En resumen, se trata de mostrarte calmado y respetuoso ante un oficial. Si lo haces, y no has cometido un delito, es muy probable que saldrás bien librado del encuentro. También es fundamental informarte un poco sobre las leyes de tu localidad, tus derechos, responsabilidades y las posibles sanciones contra algunas de las faltas más comunes. 

 

 

El sistema escolar adora y premia escuchar lo políticamente correcto

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En Brasil existe ENEM (Exame Nacional do Ensino Médio / Examen Nacional de Secundaria). Y ENEM se ha vuelto el gran juez de los resultados educativos escolares. Por ende, el gran determinador de los modelos educativos.

Estamos ante un problema.

Marina Rubini fue quien obtuvo la nota máxima del país durante 2 años seguidos en “redacción” de ENEM. Hoy tiene 20 años, estudia medicina (era de prever) y trabaja, en paralelo, dando “tips” a los alumnos sobre cómo obtener buenas notas en la prueba. La entrevistó VEJA (29/10/2014, página 46), la revista de mayor circulación de Brasil.

A la pregunta: “¿Qué es lo que nadie debe escribir jamás en una redacción?”, ella, responde –aparentemente con seguridad y comodidad--, lo que sigue:

Dichos o palabras que puedan herir a alguien. En un tema como “vacantes por razas” –tema álgido en Brasil--, sugiero que nadie diga que los que tienen derecho a cupos por condición racial “se aprovechan de esos cupos”. Otro secreto: mantener siempre en mente la cuestión de los derechos humanos, porque genera sensibilidad. Yo soy católica y estoy contra la legalización del aborto, pero, en una redacción, no escribiría nunca lo que dice la Biblia. Diría que la ley define el marco…

Y nadie se escandaliza.

La muchacha está mostrándonos –de una manera casi obscena, aunque involuntaria e ingenua-- que a ENEM se le gana mintiendo, impostándose, haciéndose pasar por otro, negándonos en nuestra condición de sujetos con identidad y opinión. Y no pasa nada. Nos dice en la cara que el sistema escolar adora y premia escuchar lo políticamente correcto y que no le importa nada suponer que los alumnos están autocensurándose, limitándose, idiotizándose, estereotipándose y demás “ándoses” para satisfacernos.

Y al final se lo creen, claro. Y dan clases de eso, y lo declaran a cuatro vientos en un medio de comunicación masivo. Es indignante. Es denigrante.

Estamos convalidando un modelo perverso e idiota que nos está devorando. Ya me ha pasado otras veces, en otros contactos, y aquí vuelvo a confirmarlo: hasta los alumnos mismos, alienados en lo que los está matando, se vuelven viles defensores del modelo que los destruye. Se enamoran de sus verdugos, otra vez. Y hasta lo divulgan y lo encumbran. Estamos ante un problema de mucho calado.

No puede ser que cuando reflexionamos sobre redacción aparezcan este tipo de cosas. No lo podemos permitir. Por respeto al lenguaje y a las personas que nos constituimos a partir de él. Es una provocación. No puede ser que el lenguaje y su complejidad, y su profundidad, y su vitalidad y su expresividad, se reduzcan así por una niña asá. No, por favor. No perdamos esa necesaria capacidad de asombro que debe caracterizarnos. Y asombro, en este caso, es indignación; explícita.

¿O acaso algún lector supone que estoy exagerando?

Si yo fuera evaluador de ENEM, exigiría antes que nada que detrás de cada texto haya un quién; la persona que toma posición, que se expone y se pone con lo que dice. Que se constituye escribiendo. Si no, no habría manera de aprobar nada. Luego, también pediría gracia, ritmo, cadencia, tono y voz propia; respiración sintáctica. Y una trama conceptual que justifique haber escrito. Necesitaría justificar por qué esa persona ha escrito eso. Y justificarla desde ella y para ella, no para mí. Encontrar marcas firmes de que esa escritura impactó en la subjetividad que la produjo; la movió, la conmovió, la expuso y la configuró. Si no, también reprobaría.

Y así por delante.

Pero no. La habilidad de escribir, que está imbricada a la de hablar y esta a la de pensar e interactuar, tiene entidad en ENEM, es verdad, pero luego se las humilla volviéndolas herramienta, vil mecánica de desarrollo ramplón.

Escribir esta nota me hizo bien. Hacer complicidad –imaginar complicidad-- con mis lectores me tranquiliza y hasta me hace sentir que avanzamos. Pero justo antes de poner mi punto final se me ocurrió revisar el final de la nota con la “alumna 10”, y me encontré con esto otro: “¿Es ético vender textos?”, se le pregunta. Y ella responde: “Doy clases gratis en internet y también vendo paquetes de 10 redacciones. El alumno no consigue construir textos enteros. Lo más probable es que se acuerde del argumento –que ella le dio-- o haga paráfrasis. No es copia”.

No tengo consuelo.

Twitter del autor: @dobertipablo