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Vagabundos escriben un hecho sobre sí mismos; sus respuestas son inesperadas (VIDEO)

Buena Vida

Por: pijamasurf - 12/04/2014

Una organización para ayudar a los indigentes de Orlando les pidió a varios que escribieran algo relevante sobre su historia en pocas palabras. Esto fue lo que dijeron

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Basta con un pequeño acto de voluntad para volverlos invisibles. Pero siempre están ahí, contundentes como el hambre y la falta de casa. Los vagabundos son los que llevan la nada a cuestas y la ciudad les pertenece. Pero hay algo fundamental que nos separa de ellos, y eso es que son los espejos del destierro: uno de los últimos espejos donde queremos vernos reflejados porque acaso, dentro de las posibilidades que nos esperan, está la suya. La posibilidad de vivir errando de cara al frío de la banqueta y de ser propietarios de nada más que nuestra propia humanidad. El horror.

De esa separación que marcamos con ellos casi por supervivencia proviene que no conozcamos sus historias. Es verdad que difícilmente sabremos la valiosa información callejera que guardan en su temperatura y su casi mimética adaptación a las calles porque nunca, de no perder nuestra casa, podremos acceder a ella, pero sí hay manera de saber por qué llegaron ahí; y saberlo desintegra ese margen que los vuelve invisibles para nosotros.

La organización Rethink Homelessness les pidió a algunos indigentes que escribieran un hecho acerca de sí mismos que otras personas no podrían adivinar sólo al pasar junto a ellos. Sus respuestas desbaratan muchas de nuestras ideas predefinidas sobre su historia. Nos invitan, precisamente, a repensar la indigencia. 

 

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La aparente contradicción de dos condiciones se funde en estos excéntricos personajes que son, al mismo tiempo, miembros de dos comunidades totalmente opuestas: el judaísmo ortodoxo y el glamouroso mundo de las drag queens

En los últimos años la expresión de la sexualidad ha conocido una apertura que, aunque existió en épocas anteriores, quizá no era del todo visible. A la dicotomía un poco simplona de homosexual/heterosexual que, con distintos nombres, casi siempre se usó para clasificar las prácticas en torno al sexo, ahora se ha sumado una gama mucho más amplia que intenta dar cuenta de todo aquello que los sujetos buscan cuando intentan dar cauce a su deseo (o su goce).

Este es un poco el caso de las drag queens, un término difícil de precisar lingüísticamente pero, paradójicamente, sumamente claro en la realidad. En efecto: por un lado, la etimología de la expresión se debate entre el inglés y el gitano, pues hay quienes aseguran que “drag” es el acrónimo de “Dressed Resembling A Girl” (“vestido parecido a una chica”, utilizado como indicación teatral) pero, por otro, también se dice que la palabra podría derivar de ciertos dialectos romaníes en donde a la falda se le llama “daraka” o “jendraka”. En cuanto a “queen”, igualmente se trata de una alusión femenina.

Pero si bien, como decíamos, puede ser que expresiones como esta sean conocidas o incluso públicas, todavía pueden considerarse marginales en la medida en que su campo de acción es más bien limitado. En cierta forma, el discurso social de la “tolerancia” crea territorios de excepción en donde lo “anormal” es permitido mientras se mantenga dentro de esas fronteras.

¿Pero qué pasa cuando lo excéntrico deja esas márgenes y toma una posición privilegiada, en donde no puede no verse? De alguna manera ese es el caso de algunas drag queens que a esta elección de vida suman otra circunstancia personal: la ortodoxia judía a la que pertenecen o en la cual se formaron parcialmente.

Aunque suene increíble o imposible, existen hombres travestidos que reivindican también su condición judía, a pesar de que esta religión, como casi todas, condena moralmente la homosexualidad y cualquier otra práctica sexual ajena a las normas. Lady SinAGaga (sobrenombre que conlleva una ingeniosa aliteración de “sinagoga”) y Yudi K son algunas de estas drags que han causado cierta conmoción dentro de un mundo caracterizado por su rigurosidad y el intenso apego a las tradiciones.

Irónicamente, para Jayson Littman, fundador de Hebro, una organización que apoya y celebra la homosexualidad dentro de la comunidad judía, el referente para toda drag está más cerca de lo que cualquier judío ortodoxo quisiera creer; al respecto, dice Littman:

Ser un personaje drag se trata al final de crear una personalidad enorme, exagerada, y la mayoría de los gays judíos tienen el modelo perfecto para imitar esto: nuestras madres.

Quizá una comunidad funcione también como esos sistemas matemáticos que conforme se desarrollan terminan por generar su propia contradicción, sólo para evidenciar que esta es, a la postre, un elemento del propio modelo que nunca debió no considerarse.