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Breve historia visual de lo que comen los ricos y los pobres (FOTOS)

Buena Vida

Por: pijamasurf - 12/13/2014

Los artistas Henry Hargreaves y Caitlin Levin colaboraron en un libro titulado "Power Hungry" en el que querían mostrar cómo las sociedades, a lo largo de cientos de años, han alimentado a sus miembros más ricos y pobres (una dicotomía que expresaron como “poderosa” y “hambrienta” en esta serie)
Poder / Hambre  Imperio romano

Poder / Hambre  (Imperio romano)

 

Mil veces se ha tratado de mostrar los hábitos alimenticios de los ricos en contraste con los de los pobres. Pero este caso, por ser mucho más sugestivo que directo, tiene mucha fuerza.

Los artistas Henry Hargreaves y Caitlin Levin colaboraron en un libro titulado Power Hungry en el que querían mostrar cómo las sociedades, a lo largo de cientos de años, han alimentado a sus miembros más ricos y pobres (una dicotomía que expresaron como “poderosa” y “hambrienta” en esta serie).  

“Creo que una de las razones por las que nos gusta usar la comida como medio en nuestro arte es porque es una ventana secreta a aspectos muy personales de la sociedad y la cultura”, dice Levin. “A través de la comida uno puede tener un mucho mejor entendimiento de las costumbres, relaciones interpersonales, estética y valores de cualquier cultura. Esto se convierte en un lente fascinante con el cual ver el mundo”.

Los artistas ponen los dos lados de la moneda (el “poder” y el “hambre”) en una sola mesa y sólo la voltean para mostrar la dicotomía.  

 

 

Siria

Poder / Hambre (Siria)

 

USA

Poder / Hambre (Estados Unidos)

 

Egipto

Poder / Hambre (Antiguo Egipto)

 

FRANCE

Poder / Hambre (Francia prerevolucionaria)

 

NorthK

Poder / Hambre (Corea del Norte)

 

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La aparente contradicción de dos condiciones se funde en estos excéntricos personajes que son, al mismo tiempo, miembros de dos comunidades totalmente opuestas: el judaísmo ortodoxo y el glamouroso mundo de las drag queens

En los últimos años la expresión de la sexualidad ha conocido una apertura que, aunque existió en épocas anteriores, quizá no era del todo visible. A la dicotomía un poco simplona de homosexual/heterosexual que, con distintos nombres, casi siempre se usó para clasificar las prácticas en torno al sexo, ahora se ha sumado una gama mucho más amplia que intenta dar cuenta de todo aquello que los sujetos buscan cuando intentan dar cauce a su deseo (o su goce).

Este es un poco el caso de las drag queens, un término difícil de precisar lingüísticamente pero, paradójicamente, sumamente claro en la realidad. En efecto: por un lado, la etimología de la expresión se debate entre el inglés y el gitano, pues hay quienes aseguran que “drag” es el acrónimo de “Dressed Resembling A Girl” (“vestido parecido a una chica”, utilizado como indicación teatral) pero, por otro, también se dice que la palabra podría derivar de ciertos dialectos romaníes en donde a la falda se le llama “daraka” o “jendraka”. En cuanto a “queen”, igualmente se trata de una alusión femenina.

Pero si bien, como decíamos, puede ser que expresiones como esta sean conocidas o incluso públicas, todavía pueden considerarse marginales en la medida en que su campo de acción es más bien limitado. En cierta forma, el discurso social de la “tolerancia” crea territorios de excepción en donde lo “anormal” es permitido mientras se mantenga dentro de esas fronteras.

¿Pero qué pasa cuando lo excéntrico deja esas márgenes y toma una posición privilegiada, en donde no puede no verse? De alguna manera ese es el caso de algunas drag queens que a esta elección de vida suman otra circunstancia personal: la ortodoxia judía a la que pertenecen o en la cual se formaron parcialmente.

Aunque suene increíble o imposible, existen hombres travestidos que reivindican también su condición judía, a pesar de que esta religión, como casi todas, condena moralmente la homosexualidad y cualquier otra práctica sexual ajena a las normas. Lady SinAGaga (sobrenombre que conlleva una ingeniosa aliteración de “sinagoga”) y Yudi K son algunas de estas drags que han causado cierta conmoción dentro de un mundo caracterizado por su rigurosidad y el intenso apego a las tradiciones.

Irónicamente, para Jayson Littman, fundador de Hebro, una organización que apoya y celebra la homosexualidad dentro de la comunidad judía, el referente para toda drag está más cerca de lo que cualquier judío ortodoxo quisiera creer; al respecto, dice Littman:

Ser un personaje drag se trata al final de crear una personalidad enorme, exagerada, y la mayoría de los gays judíos tienen el modelo perfecto para imitar esto: nuestras madres.

Quizá una comunidad funcione también como esos sistemas matemáticos que conforme se desarrollan terminan por generar su propia contradicción, sólo para evidenciar que esta es, a la postre, un elemento del propio modelo que nunca debió no considerarse.

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