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Neurólogos encuentran la posible fuente de la juventud cerebral

Por: pijamasurf - 11/12/2014

Impedir que las conexiones neuronales se solidifiquen y promover la plasticidad neuronal podría llevar a una nueva generación de tratamientos que ataquen directamente el envejecimiento de dichas conexiones

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Carla Shatz, de la Universidad de Stanford, es responsable de una investigación que llevó a descubrir una manera de revertir el cerebro adulto a un estado "plástico", que en ocasiones es descrito como "infantil", pero donde pueden establecerse nuevas conexiones neuronales; el descubrimiento es importante porque permite abrir gamas de nuevos tratamientos terapéuticos contra padecimientos como el Alzheimer, además de un mejor entendimiento de la manera en que nuestro cerebro aprende.

"Plasticidad" cerebral implica la habilidad del cerebro para adaptarse a nuevas condiciones. En la investigación de la doctora Shatz se trabajó con una proteína contenida en las neuronas llamada PirB (esto para los animales, pero en humanos se llama "LilrB2"), la cual parece estabilizar las conexiones neuronales.

En otras palabras, esta proteína es un "sellador" que nos impide olvidar cosas que hacemos a menudo, pero que con el tiempo se va volviendo impermeable a nuevas conexiones, reduciendo la capacidad de aprender o de remover viejos hábitos.

Si la infancia es el momento en que muchas conexiones neuronales fundamentales se establecen, se trata en gran parte del trabajo de la neuroplasticidad.

En el estudio se trabajó con la proteína PirB de ratones. El receptor fue removido de la corteza visual de un ojo mediante dos procedimientos: herramientas de ingeniería genética y represión de su función mediante una droga. Al verse forzados a utilizar un solo ojo, los circuitos neuronales de los centros visuales en el cerebro de los animales se acoplaron al ojo restante, comparados con animales a los que no les fue removida la molécula PirB.

Esta técnica podría funcionar en otro tipo de patologías neuronales, como las que desencadenan una embolia. Otros experimentos muestran que la versión humana de la molécula, LilrB2, está vinculada al Alzheimer; al ponerse en contacto con la proteína amyloid beta (abundante en los pacientes de dicha enfermedad), la LilrB2 produce pérdida de la plasticidad sináptica.

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Si el reloj es la respuesta, ¿cuál es la pregunta? Hora de (re)flexionar el tiempo colectivo

Por: Javier Raya - 11/12/2014

Un reloj no es un instrumento para medir la Historia, sino una herramienta capaz de medirse a sí misma hasta límites inverosímiles
[caption id="attachment_86905" align="aligncenter" width="620"]clock Reloj atómico[/caption]

 

Nuestra experiencia del paso del tiempo es una construcción fascinante y compleja; sin embargo, para la física cuántica es sólo un añejo punto de partida: una más de las coordenadas cuyas hipótesis se desestabilizan y desmadejan una por una. Pero uno de los científicos que entienden el tiempo mejor que nadie es el guardián del reloj (¡vaya cargo!) de los Estados Unidos, Tom O'Brian.

O'Brian es el operario de una de las máquinas más sofisticadas jamás construidas, que impresiona tanto por la precisión de su función como por la sencillez de la misma: es uno de los relojes atómicos más precisos del mundo, sólo amenazado por el de Andrew Ludlow, que puede compensar incluso cambios gravitacionales.

En opinión personal de O'Brian, "el tiempo es un constructo humano", "una manera de poner algún tipo de orden en este universo fascinante y complejo a nuestro alrededor".

El reloj de O'Brian utiliza átomos de cesio para contar 0.0000000000000001 de segundo a la vez. Su precisión es tal que si se le hubiera echado a andar hace 300 millones de años, mucho tiempo antes de la aparición de los dinosaurios, el reloj no se habría descalibrado.

¿Pero qué tiempo marca realmente el reloj, este reloj o cualquier reloj?

[caption id="attachment_86906" align="aligncenter" width="726"]aztec Calendario azteca[/caption]

 

Jun Ye, uno de los científicos que construyó el reloj de estronio de Boulder, Colorado, afirma que este es capaz de llevar correctamente la cuenta del tiempo por 5 mil millones de años. "Es más o menos la edad de la Tierra. Nuestra meta es tener un reloj que, durante toda la edad del universo, no pierda un segundo".

Y es que, en cuestión de relojes, todas nuestras opiniones parecen desfasadas, a destiempo. Incluso podríamos decir que la búsqueda por llevar la cuenta del tiempo tiene lindes religiosos-trascendentes que hay que recalcar. Pensemos que algunas de las más increíbles creaciones de la antigüedad fueron calendarios y sistemas para contabilizar el tiempo, para fijar la materia huidiza en acumulación de instantes concretos: segundos, minutos, días, años, siglos, milenios, eras, eones, dioses.

Micah Hanks ha considerado incluso la posibilidad de que estas piezas de relojería magistral puedan contradecir nuestra idea de un tiempo homogéneo, permanente, inmutable. Los relojes atómicos son los más precisos de su tipo, una cumbre de la tecnología, pero no pueden hacer sino medir su propio funcionamiento.

Un reloj es un instrumento que se mide a sí mismo. Que puede medirse a sí mismo con infatigable precisión, pero que --fuera de permitirnos sincronizar nuestros relojes con los de todos los demás, reproduciendo con finalidad la misma ilusión de experiencia colectiva a través del calendario-- nunca podrá decirnos qué es el tiempo, ni cómo funciona.

Un reloj, aun el más avanzado del mundo, parece destinado para decirnos desde los más disímiles puntos de vista --religiosos, iniciáticos, científicos-- la respuesta a la pregunta qué hora es. No es tarea menor.

Twitter del autor: @javier_raya