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Las verdaderas "heroin chics": fotos de alta moda con prostitutas rusas (FOTOS y VIDEO)

AlterCultura

Por: pijamasurf - 11/04/2014

El proyecto "Downtown Divas" retrata prostitutas rusas adictas a la heroína, vestidas con ropa de diseñador

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Todos recordamos la moda de las “heroin chics” de los noventa, protagonizada por la supermodelo Kate Moss. Entonces había una marcada tendencia hacia la palidez de la piel, los círculos negros bajo los ojos y una estructura ósea angular, por no hablar de la exagerada delgadez. La apariencia “heroin” fue una reacción ante la apariencia sana y vibrante de modelos como Cindy Crawford o Claudia Schiffer. Retomando esto pero de manera absolutamente literal, los artistas Loral Amir y Gigi Ben Artzi crearon la serie Downtown Divas.

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La serie consta de un cortometraje de 7 minutos y medio y algunas fotografías que muestran a prostitutas rusas adictas a la heroína posando con ropa de diseñador. Entre piernas amoratadas, miradas perdidas y expresiones desfiguradas, las modelos posan para la cámara con los movimientos y siluetas de verdaderas "chicas heroína". Aunque visualmente perturbadoras y directas, las fotos pintan una imagen muy distinta al cortometraje correspondiente.

El corto se enfoca más bien en entrevistas cándidas; no en las adversidades que llevaron a las chicas a convertirse en prostitutas para conseguir heroína, como la mayoría de los documentales sobre el tema. Los artistas les preguntan cuál es su color favorito, sus sueños recurrentes, sus aspiraciones de niñas y amores perdidos, entre otras preguntas del mismo temple.

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El proyecto ha levantado opiniones encontradas. Por un lado muchos aplauden Downtown Divas como una crítica a la industria de la moda, desromantizando el glamour de la apariencia enfermiza; y por otro muchos argumentan que aunque aparentemente traten de humanizar a las víctimas, hacen exactamente lo opuesto: se aprovechan de sus aflicciones aparentes y sus estados mentales para explotarlas en un proyecto que todos querrán ver.

La cultura hacker transforma el desarrollo de tecnología al crear espacios para entretejer comunidades e interpretar el uso de estos nuevos recursos

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El hecho de que las matemáticas sean un juego hace que los matemáticos juguemos toda la vida y eso nos garantiza permanecer siempre juntos.

Enrique Chaparro

La narrativa mediática nos presenta la idea de un "hacker" que es capaz sobre todo de entrar a sistemas informáticos y de burlar sistemas con intenciones de lucro o delictivos. Devenir de este imaginario ha llegado hasta la definición de la Real Academia Española que es "pirata informático" .

Podemos tener múltiples definiciones de lo que implica ser un hacker y reconocerlo es fundamental, pero definir a través de dos palabras que en suma relacionan sus actividades e identidad como delito o falta a ley, que se refiere a actos que suceden en la mar, es más que un error. Porque no representa la historia de su comunidad y su cultura, por el contrario, la niega.

Un hacker no es un delincuente, es un actor social que a través de su imaginación en comunidad desarrolla, por ejemplo, programas informáticos capaces de estudiarse, usarse, modificarse y distribuirse para construir entornos digitales como espacios sociales basados en la libertad. Un hacker hace política, se expresa a través de su código, y trabaja en cooperación con muchas otras luchas por la conquista del espacio público global.

Ejemplo de la génesis de la comunidad hacker es el sistema operativo GNU/Linux, usado por millones a nivel mundial, que tiene como base el respeto a las libertades de las personas. Otra muestra de su cultura son los mismos protocolos que permiten el funcionamiento de internet, o el sistema de cifrado GNUGPG: pieza clave para el software que encabeza la defensa de la privacidad en línea.

Bajo este contexto la cultura hacker transforma el desarrollo de tecnología en desarrollo de comunidades ya que la tecnología no es la que crea comunidades por sí sola, sino que la tecnología --de acuerdo a su aceptación social-- se vuelve un espacio propio para entretejer comunidades que buscan dar una interpretación al uso de la tecnología que hacen desde dentro; entendiendo a la imaginación no sólo como un asunto de innovación, sino como un asunto de dignidad. Es decir, la forma en la que se hace política, decide, intima y construye comunidad.

Es así como las comunidades hacker han transitado a lo largo de las ultimas 4 décadas para conservar libertades en los entornos digitales; prueba de ello es el movimiento del software libre, que recae en fundamento en el manifiesto GNU, que lanzó el físico Richard Stallman, en donde explícitamente se rehúsa a la privatización de los procesos de construcción de saber social en torno a la informática. Con dicho manifiesto él concibió el inicio del desarrollo del sistema operativo GNU como una forma de devolver el espíritu cooperativo que prevalecía en la comunidad computacional en sus primeros días. Ese camino también se ha visto involucrada con la lucha política enmarcada con el control del flujo de las ideas en internet, como el caso de la lucha contra SOPA y ACTA, que dentro de los impulsores de la campaña que debilitó a la iniciativa se encontraba Aaron Swartz, quien también fuera desarrollador del RSS, agregador de noticias y otras iniciativas motivadas por el acceso al conocimiento, al él desarrollar los principios técnicos de las licencias Creative Commons, que han impregnado a otros proyectos en su ADN como Wikipedia, el quinto sitio más visitado en la red.

Desde el punto de vista de Jorge Alberto Lizama, pionero en estudios de las comunidades de software libre, la idea de que un hacker es sinónimo de delincuente informático en los medios masivos de comunicación se explica porque esta definición es ampliamente usada por empresas como Apple, Intel, Microsoft, Yahoo, Google, eBay, Recording Industry Association of America, entre otras,  como estrategia pública para hacer frente al adelgazamiento de la economía de la información.

Bajo la confusión y las condiciones de violencia en las que viven países como México pretender asemejar a las comunidades hackers y a sus habitantes como sicarios, como se ha hecho en televisión, o relacionarlo con actos de difamación, es un error e innecesario. Lo que sí se vuelve  necesario es dar un paso adelante y cuando se trate de una intrusión, llamarla como intrusión.

Por otra parte aceptar la definición de la RAE no sólo implica procurar un intento por borrar y desconocer más de 40 años de lucha, sino también un acto abierto de criminalización; por lo que la definición propuesta debe ser modificada.

En un mundo cada vez más rodeado de tecnología, pero con tecnología no dominada en lo social, como lo es el internet centralizado que tenemos, las comunidades hackers son condición para no convertir a la tecnología en instrumento de control.

Twitter del autor: @jacobonajera