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Estupidez innovadora: proponen producto que hará que tu vagina huela a durazno

Por: pijamasurf - 11/23/2014

Un par de postadolescentes diseñan un aroma a goma de mascar frutal para suplantar ese arquetípico perfume femenino

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En una era en la que la creatividad, la innovación y el emprendedurismo están de moda no debiera sorprendernos que emerjan un sinnúmero de servicios y artículos que destacan por ser ridículos, ofensivos o francamente estúpidos. Y precisamente este es el caso de un producto llamado Sweet Peach, el cual además de combatir infecciones vaginales como muchos otros, ofrece como valor agregado el hacer que tu vagina despida un olor a durazno. 

Ideado por Austen Heinz y Gilad Gome, un par de jóvenes que encabezan el startup de biotech Cambrian Genomics and Personalized Probiotics, Sweet Peach propone entre líneas que un aroma artificialmente frutal es mucho más disfrutable que el olor original de las mujeres. Y es más, su motor comercial es sugerir que ellas debieran avergonzarse o intentar ocultar su aroma original para así "rankear" mejor en el mercado.

Lo anterior no sólo es ofensivo, sino esencialmente ridículo y antinatural. La sola idea de que una pareja de postadolescentes diseñen un aroma a goma de mascar frutal para suplantar ese arquetípico perfume que ha movido a navegantes, dioses, guerreros y otros a lo largo de la historia humana es risible y, peor aún, refleja una radical desconexión frente a la única perfección asequible para el hombre, la naturaleza.   

 

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Visualizando la música de las esferas con luz (VIDEO)

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La idea pitagórica que heredó Platón de un universo rítmico en el que todo tiene una vibración y está agrupado conforme a una armonía cósmica ha influido enormemente en el arte, la música y las matemáticas. En el caso de la música el concepto de la "música de las esferas", el sistema de cuerpos celestes cada uno con una octava, una quinta, una cuarta y un tono influyó también en Copérnico y Kepler, quienes creyeron encontrar en la física reflejos de este orden perfecto. El tiempo mismo era visto como una emanación de la geometría cósmica (una imagen proyectada de la eternidad).

Pitágoras había dicho: "Hay geometría en el zumbido de las cuerdas, hay música en el espaciado de las esferas". Esta poderosa idea que es también una imagen (idea e imagen son en el origen lo mismo: aquello que vemos es también aquello que nos hace ver), es ejecutada en la obra de instalación platónica Timée, de Guillaume Marmin, con la música de Philippe Gordiani, para el Centro de Investigación Astrofísica de Lyon.

En la oscuridad el espectador se enfrenta "a las revolución de las órbitas celestes", a la luz como cuerdas sutiles de una secreta armonía. El sonido y la luz, las estrellas como máquinas musicales, son intercambiables, vibración pura que se hace visible, geometría que se escucha.