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En un beso de 10 segundos se transmiten 80 millones de bacterias

Por: pijamasurf - 11/17/2014

Investigadores comprueban que los besos linguales equivalen a un carnaval de transmisión bacterial

Screen Shot 2014-11-17 at 4.41.45 PMUn beso en la boca, ese milenario origen de millones de encuentros de amor y/o sexo, es un instante en el cual se detona un intercambio mayúsculo entre dos personas. Más allá de los reinos de lo sentimental y lo emocional, sin duda este acto tiene injerencia en el campo electromagnético de sus protagonistas, y desde un plano menos ortodoxo aunque tan real como lo más concreto, implica un plausible canje de energía.  

Pero por lo visto, no sólo son frecuencias metafísicas o destellos electromagnéticos lo que está en juego cuando besamos a alguien. También se da un masivo flujo bidireccional de bacterias. Según un estudio recién publicado en el diario científico Microbioma, en un beso de boca, con jugueteo lingual incluido y una duración de 10 segundos se puede consumar el intercambio de hasta 80 millones de bacterias. 

Alrededor de este fenómeno hay dos variables particularmente interesantes. Una es que este mismo estudio, encabezado por el investigador holandés Remco Kort, comprobó que el menú bacterial entre miembros de una pareja es bastante similar. Es decir, la monogamia juega un rol importante en no ampliar demasiado nuestra colección de bacterias. Por otro lado, este hallazgo sugiere una reflexión: no es que se haya demostrado que besarte con alguien sea asqueroso; en realidad sugiere que el concepto cultural que tenemos del mundo de las bacterias es equivocado. Y es que si un beso se torna un carnaval bacteriano, entonces seguramente debe haber algo interesante en estos minúsculos seres, con quienes por cierto deberíamos entablar una relación conscientemente simbiótica. A fin de cuentas un beso no puede ser, casi nunca, malo.   

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5 alucinógenos (que no son LSD ni hongos) que tal vez no conoces

Por: pijamasurf - 11/17/2014

Los disociativos son drogas que afectan la percepción de la propia psique y que utilizadas en ciertas dosis son medicinas de uso común. Pero sobrepasando cierto umbral, sus efectos alucinógenos pueden dar un viaje recreativo potente o una adicción con implicaciones negativas para la salud

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A menudo leemos sobre los beneficios de ciertas sustancias clasificadas como ilegales: las investigaciones actuales apuntan a que en un futuro no muy lejano la cannabis, el LSD, el MDMA y el peyote podrían utilizarse para tratar médicamente padecimientos que van desde el estrés postraumático hasta apoyos en psicoterapia. Sin embargo, el inventario de sustancias enteógenas tiene también lados oscuros que es importante conocer.

Se conoce como enteógeno (derivado del griego "dar lugar a un dios" o "estar poseído por un dios") a las sustancias que, en un contexto ritual o terapéutico, pueden producir estados eufóricos, catárticos y de profunda sensibilización frente a la propia psique. En este contexto, las drogas disociativas suelen colocarse en el mismo nivel que los enteógenos llamados "recreativos" por los efectos en la percepción, pero también por una peligrosidad añadida que es poco recomendable.

Naturalmente, no fomentamos el uso de las siguientes sustancias, pero nos parece importante describirlas --así como sus efectos-- a fin de tener un mejor entendimiento de la experiencia enteógena y/o psicodélica, la cual es responsabilidad de quien consume y de quien recomienda.

Disociativos

Se conoce como disociativos a fármacos o sustancias diseñados primero como anestésicos o medicinas que, según las dosis administradas, pueden tener efectos de disociación del medio y de la propia mente en quien las toma. Las alucinaciones visuales y auditivas son sumamente poderosas, pero los daños al organismo son considerables en el uso sostenido, lo que difícilmente compensa sus efectos.

Los disociativos actúan alterando la distribución del neurotransmisor glutamato en nuestro cerebro, relacionado con la percepción del dolor, el reconocimiento del contexto y el uso de la memoria. Estos son algunos de los más comúnes:

ketamina

Ketamina

También conocida como Special K o Kit Kat, se trata de un anestésico y analgésico muy utilizado en medicina veterinaria. Su síntesis química data de 1962, y farmacológicamente se clasifica como antagonista del receptor NMDA. Los efectos de la sobredosis en adultos humanos incluyen sedación, analgesia y anestesia, pero son sus efectos secundarios los que le confieren su potencial recreativo: alucinaciones, aumento de presión sanguínea y alivio rápido en casos de depresión. Sin embargo, al utilizarlo como antidepresivo se corre un altísimo riesgo de adicción.

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Ibogaína

Derivado de la planta iboga, la ibogaína es un alucinógeno con una historia de consumo ritual tan larga como la ayahuasca. La sustancia muestra signos promisorios como ayuda para tratar adicciones en México, Nueva Zelanda y Europa, donde no está clasificada como ilegal. Sin embargo, la Asociación Multidisciplinaria de Investigación Psicodélica (MAPS, por sus siglas en inglés) advierte que uno de cada 300 usuarios de ibogaína muere a causa de la droga.

PCP

PCP

Se le conoce también como "polvo de ángel", y sus siglas significan "fenciclidina". Actúa bloqueando los receptores de glutamato, y su peligrosidad radica en que su sobredosis se parece mucho a la esquizofrenia. En sus inicios tuvo un uso similar a la ketamina en veterinaria, pero desde los años 60 su consumo se propagó rápidamente como droga recreacional. Sus efectos secundarios más notables incluyen una tendencia a la percepción de invulnerabilidad que podría hacer que alguien se dañe a sí mismo si se toma sin supervisión además de que la dosificación, después de cierto punto, puede provocar convulsiones.

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Dextrometorfano

Conocido popularmente como "DXM" o simplemente dextro, el hidrobromuro de dextrometorfano se encuentra presente en muchos jarabes comerciales para la tos, aunque en diferentes concentraciones y en contacto con otras sustancias, lo que altera también los efectos esperables y dificulta la dosificación.

Los efectos son similares a la ketamina e incluso al LSD (poderosas alucinaciones visuales y auditivas, además de ráfagas de euforia), aunque su efecto sedante difícilmente la clasifica como droga de fiesta. El uso sostenido puede ocasionar fallas renales, además de un poderoso golpe de azúcar que puede provocar deshidratación.

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Salvia divinorum

Tal vez una excepción --al menos en cuanto a peligrosidad-- entre los disociativos discutidos hasta ahora la constituye la Salvia divinorum, una planta medicinal que abunda en México y cuya comercialización como agente disociativo-recreativo se ha popularizado de unos años a la fecha. Se vende comercialmente en distintas "potencias" que se indican sólo con referencias numéricas (digamos, de 20x a 100x), pero cuyos efectos varían según los individuos.

Los mazatecas nativos de Oaxaca la utilizan en ceremonias espirituales mascada o fumada; su disociación es potente pero pasajera e inocua para el cuerpo, aunque puede producir ataques de pánico en personas susceptibles o no acostumbradas a los efectos de otras sustancias enteógenas. Su índice de adicción es difícil de estimar, porque durante el tiempo que duran sus efectos (entre 10 y 15 minutos cuando mucho) la ausencia de la conciencia es casi total, y pueden producirse casos de ceguera temporal que pueden ser bastante aterradores.