*

X

¿El Big Pharma utilizará remedios tradicionales de brujas medievales?

AlterCultura

Por: pijamasurf - 11/03/2014

La cacería de brujas es la historia del analfabetismo de género, pero en la evolución de la medicina, los remedios de la herbolaria mística siguen pareciendo increíblemente avanzados con respecto a la medicina occidental

Champion des dames, manuscrito del siglo XV, Francia

Double, double toil and trouble;
Fire burn, and cauldron bubble.

Shakespeare, Macbeth

La bruja en tanto arquetipo de la capacidad para convertir el veneno en antídoto se pierde en la noche de los tiempos, pero su vigencia es más actual que nunca. Y si en los tiempos de Shakespeare la brujería era penalizada duramente (cuyas secuelas simbólicas son abrazadas o desdeñadas por miles de mujeres adscritas a o no a múltiples feminismos), lo cierto es que la ciencia moderna está considerando lecciones de la medicina popular. Es un acto de justicia con la historia de la medicina.

Plantas como la cicuta, belladona, beleño o mandrágora parecen crecer directamente de los cuentos de hadas, pero fueron redescubiertas por investigadores y botanistas que analizaban los milagrosos poderes de las pociones realizadas por las brujas. En altas dosis, todas estas plantas son venenos poderosos, pero aislando sus componentes se pueden obtener anestésicos, analgésicos y todo tipo de remedios curativos.

La leyenda popular de que la escoba voladora era en realidad un dildo colosal no es del todo incorrecta. La escoba servía como aplicador para la zona genital, cuya mucosidad permite absorber ciertos químicos sin involucrar al estómago (y por tanto, correr el riesgo de envenenamiento). De la burundanga se extrae la poderosa escopolamina, un alcaloide que en dosis adecuadas es utilizado como tratamiento común contra la cinetosis, además de disminuir las náuseas y el dolor de estómago; pero en dosis altas produce alucinación y estados disociados que pudieron sugerirles a las brujas la ilusión del vuelo.

Con la regulación de la medicina europea a partir del siglo XIII, las mujeres quedaron fuera de las aulas, con un gran bagaje de conocimientos naturales para tratar las afecciones más comúnes, más familiares, mientras la medicina trataba de desligarse de la magia y acercarse a la ciencia.

La corteza de sauce fue utilizada por las brujas europeas para tratar la inflamación. Pero no fue hasta que la ciencia llegó a dicha corteza, muchos años después y por accidente, que fue capaz de sintetizar la salicina para el dolor de cabeza, a través de su nombre comercial, Aspirina.

La medicina popular China proporcionó la efedrina para tratar el asma, y el baúl de tesoros de la medicina africana y latinoamericana aún está por ser descubierto, en un momento histórico donde el Ébola amenaza con mermar la capacidad de respuesta de los Big Pharma. Si los quechua del Perú llegaron a la maravillosa quinina --que, entre otras cosas, ayuda en el tratamiento de la malaria--, ¿no es tiempo de considerar que los imperativos de los grandes laboratorios obedecen a fines económicos, en lugar de medicinales?

Imagen: smithsonianmag.com

Te podría interesar:
El profesor de "Wasting Time on the Internet", el gran provocateur Kenneth Goldsmith, exhorta a sus alumnos a surfear la red sin preocuparse de si esto es bueno o malo y luego exprimir su divagación, ordeñando la información y re-organizándola para hacer literatura relevante
[caption id="attachment_87249" align="aligncenter" width="540"]kennygold Kenneth Goldsmith descansando sobre el "internet", que intentó imprimir en homenaje a Aaron Swartz.[/caption]

La mayoría de las personas que navega la red tiende a "perder el tiempo", a divagar y dejarse arrastrar por la marea digital. Esto es casi inevitable, parte de la misma interfaz y de la arquitectura de la web en su interrelación con nuestro cerebro. ¿Por qué no mejor aflojar y tal vez utilizar ese tiempo "perdido", ya desestresado, como un mecanismo de inesperada y oximorónica creación? Esto es lo que propone Kenneth Goldsmith, profesor del curso "Wasting Time on the Internet", el cual será parte del programa de la Universidad de Pennsylvania el próximo semestre y ha escandalizado a algunos conservadores, padres que creen que una universidad del Ivy League debería tomar las cosas más en serio y críticos que ven en Goldsmith un ejemplo más de la degradación del arte contemporáneo, que es, según alegan, mucho concepto y empaquetamiento y poca sustancia. 

Goldsmith es uno de los grandes provocadores de la escena artística contemporánea. Fundador del sitio UbuWeb, que por años ha sido uno de los depósitos más finos de pedacería de arte multimedia en internet (un "Robin Hood del avant-garde") y maestro también en U-Penn del curso de "Uncreative Writing", una crítica lúdica al exceso de cursos de creación literaria, desembarazado del rubor del plagio (los estudiantes simplemente deben crear obras literarias remezclando material existente). Sus reflexivas travesuras han llevado a Goldsmith a leer reportes de tráfico vehicular como si fueran sofisticados poemas en una noche de poesía en la Casa Blanca a la que asistió Obama y su esposa o a intentar, de manera absurda pero simbólica, imprimir todo el internet para una exposición en la ciudad de México en un honor al mártir de la información libre Aaron Swartz. Pero es este reciente proyecto el que más publicidad le ha generado a Goldsmith, que se asume como un meme humano y encarna con placer el rol del polemista.

La idea de su más reciente curso es una ampliación de su clase de "Uncreative Writing": los estudiantes deberán producir obras literarias estimulantes y emotivas, apropiándose y remediatizando "distracciones digitales". Deberán encontrar la sustancia literaria en los incesantes ríos de data de Twitter, Facebook, Youtube y demás sitios (incluso se aconseja escribir literatura erótica después de someterse a una agresiva sesión de porno en línea) y con esa materia prima ensamblar una narrativa o un collage:

Como escritores, nuestro medio son los medios. El contenido ya no importa. La forma en la que distribuimos las ideas es más importantes que las ideas mismas. Citar mata crear. Elvis, de hecho, ha abandonado el edificio. 

Si el siglo pasado fue el siglo de la traducción en la literatura, este siglo --como continuación natural de una tradición-- será el del remix, el de la adaptación y recontextualización de la obra (tentativas con numerosos antecedentes como el método cut-up de Burroughs o el Libro de los pasajes de Benjamin, entre otros). No habiendo nada nuevo bajo el Sol --siendo todo una ilusión-- se puede re-presentar algo para que lo podamos ver bajo un "nuevo" ángulo creando un "nuevo" significado --y es que en una realidad cuyo fundamento es la información, el significado es el alma de las cosas. Así Goldsmith altera el significado de lo que es "perder el tiempo" y le saca brillo al cambiar la mirada con la que vemos pasar el tiempo a la deriva absorbiendo información en la web.

Los estudiantes de la clase de Goldsmith tendrán que pasar una cantidad de horas mínima practicando "surf sin propósito", una forma de ciber-flânerie (un arte que se ha perdido ante la presión de tener que producir, o que al menos se ha vuelto mera divagación sin agudeza perceptiva y valoración de lo que vemos en las calles digitales: ese zoo de data en bruto). En una entrevista con Playboy, señala:

Surfear expresa nuestro ser profundo. Cómo surfeas expresa quién eres; en lo que haces clic revela mucho de tus fetiches e identidades. Creo que los escritores se complican demasiado al tratar de expresarse a sí mismos. Con un mero clic ya estamos expresándonos. La nueva memoir es el historial de nuestro navegador.

Siguiendo a Guy Debord y a Baudelaire pero en la época digital, los estudiantes intentarán entrar en una meditación en movimiento (virtual) para acceder a la mente inconsciente, la fuente de las imágenes poéticas de los surrealistas. Según Goldsmith --y esto raya en la sátira--, la distracción que provoca el navegar internet puede usarse como un vehículo para entrar en trance y ahorrarnos complicados procesos y técnicas de creatividad: del fárrago de datos efímeros de la fluida superficie digital hacia el subsuelo rico en joyas de la psique. 

Más allá de que todo esto es un doble juego de provocación, de crear frases y conceptos que suenen lo suficientemente bien para estimular una superflua epifanía y satisfacer una estética discursiva, la propuesta académica de Goldsmith se inserta en la tradición de McLuhan, el profeta de Toronto que entre una abundante obra crítica (también llena de pirotecnia y marketing poético) nos legó el fundamento de la autorreflexión mediática, de tomar conciencia de cómo perdemos la conciencia al interactuar con los medios (o cómo nos volvemos otros al ver la TV o escuchar el radio, etc., y nuestros sentidos se extienden con sus prótesis). Esto es lo que Goldsmith sugiere, que el acto de poner atención mientras nos distraemos navegando la red sin destino fijo hace posible una nueva percepción y nos pone en contacto con una rica fuente de ideas que podemos organizar para decir más de lo que podríamos decir con sólo nuestras propias ideas. El mar abierto de la red amplifica nuestra mente (mientras nos hipnotiza con una narcótica ligereza ).

Aunque en primera instancia podrías pensar que no necesitas que nadie te enseñe a perder el tiempo surfeando internet, ese es justo el punto, darte cuenta de lo que ya haces y no luchar contra ello.

Twitter del autor: @alepholo