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6 de las mejores apps para privacidad online en navegador o móvil

Por: pijamasurf - 11/05/2014

¿La privacidad online sigue siendo un derecho o es, cada vez más, una habilidad adquirida conscientemente? ¿O será que en el futuro vamos a pagar por cosas que en estos días dimos por sentadas?

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El vocero Edward Snowden replanteó nuestra percepción de la privacidad online con elocuentes evidencias que atestiguan que dicho paradigma está obsoleto. Declaraciones como las de Obama a ese respecto, sellan el pacto de obediencia: ellos admiten que es ingenuo creer que no nos espían, y nosotros esperamos pasivamente a no ser espiados.

El nuevo ecosistema digital probablemente será distinto sólo para aquellos que realicen un esfuerzo consciente por aprender y aplicar nuevas herramientas de comunicación; en otras palabras, confiar menos en las máquinas y tener algún entendimiento del acuerdo al que acceden cuando aceptan instalar una nueva app.

Es por eso que un par de expertos en el campo de la privacidad online (Joseph Bonneau de Princeton y Peter Eckersley de la Electronic Frontier Foundation) se dieron a la tarea de evaluar decenas de apps de codificación de datos.

El criterio principal fue muy básico: que las apps hicieran lo que dicen hacer, proteger los datos del usuario. Cabe destacar que una buena calificación en este ranking no excluye el hecho de que exista malware en nuestros dispositivos que siga haciendo accesible nuestra información si la herramienta de codificación se instala después.

Pero nos mantenemos fieles al punto: el ecosistema digital sólo será privado para quienes asuman la tarea de hacerlo privado por sí mismos, mientras los que decidan confiar en las buenas intenciones de los desarrolladores y los gobiernos contarán una historia de filtraciones y hacks que seguimos atestiguando en las primeras planas de los medios tecnológicos.

Sin más preámbulo, las seis mejores apps para mejorar la privacidad online:

1. CryptoCat

Se volvió popular gracias a que era la herramienta con la que el periodista Glenn Greenwald se comunicaba con Snowden en 2013. Es gratis y puede instalarse en cualquier navegador.

2. Signal/RedPhone

Ambas apps permiten realizar llamadas seguras desde iPhone y Android, respectivamente. El secreto consiste en ser capaces de enlazar contactos sin compartir libretas de direcciones.

Las dos son obra de Open Whisper Systems, y pueden descargarse gratuitamente en la tienda de  iTunes y GooglePlay.

 3. TextSecure

La respuesta de Open Whisper Systems para enviar mensajes seguros desde Android. Disponible gratuitamente en GooglePlay.

4. ChatSecure

Una app segura multiplataforma, que ofrece mensajes ilimitados en Facebook Chat, Google Talk, Hangouts y muchos más. Gratis aquí.

5. Silent Phone

Disponible para iPhone y Android, esta app promete cifrar voz y video. Sin embargo, deberás pagar una cuota mensual de $9.95 USD por utilizarla. Según Mike Janke, CEO de Silent Circle, se requiere mucho dinero para ofrecer un servicio de calidad. La descarga, sin embargo, es gratis.

6. Silent Text

La versión de Silent Phone para mensajes de texto en los OS más populares. La cuota mensual también aplica aquí. Pero según Janke, “nuestra arquitectura, estructura y tecnología, están construidas para no mantener ningún dato del usuario”.

Esto nos lleva a una peligrosa pero indispensable pregunta: ¿debemos aceptar que la privacidad ha dejado de ser un derecho y comenzar a tratarla como un privilegio, pagando por ella? Según Janke, el discurso de la empresa va en esa línea, aunque con una actitud (aparentemente) confiable: “Nos pagas por un servicio y un producto con dinero, no con tu información ni con publicidad”.

Si crees que Silent Text es para ti, descárgalo para iPhone y Android.

La lista de casi 40 apps para mejorar tu privacidad online puede consultarse aquí.

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La estructura de tu cerebro cambia si fumas cannabis, incluso ocasionalmente (ESTUDIO)

Por: pijamasurf - 11/05/2014

La necesidad de regular un marco legal donde más estudios de este tipo puedan producirse nos ayudará a comprender mejor una realidad que ya está aquí. La legalización resuelve poco si no sabemos qué ocurre en el cuerpo del fumador

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Un equipo de Harvard-Northwestern encontró diferencias en la estructura cerebral de adultos fumadores de marihuana y de no fumadores. Jodi Gilman es uno de los encargados, y se mostró sorprendido por las diferencias entre la forma de la amígdala y el núcleo accumbens.

Desde hace tiempo se sabe que estas zonas del cerebro pueden verse afectadas por el uso de la marihuana cuando el cerebro aún se encuentra en desarrollo, después de los 20 años. Pero la preocupación principal de este estudio parece ser la de demostrar que los cambios en el cerebro aparecen también en fumadores ocasionales.

A pesar de que pareciera que son malas noticias para los activistas en pro de la legalización (por parte de más mala prensa contra la cannabis), este estudio parte de la conciencia de que es necesario realizar nuevas réplicas del estudio, con poblaciones más grandes, con miras a dejar de especular. No sólo en el caso de la cannabis, sino también de la psilocibina, el MDMA y el LSD.

Sin embargo, el estudio de Gilman encontró también importantes diferencias de concentración de THC en un periodo histórico relativamente corto: de 3.75% en 1995 a 13% en 2013. Variedades como la green crack de Colorado alcanzan 21% de concentración, que puede subir a 70% en el caso de vaporizadores.

El estudio sugiere también que la concentración de ciertos tipos de cannabis podría facilitar la dependencia. Hasta ahora, la cantidad de cannabis que se usa, así como su concentración, son preguntas que el usuario ha tenido qué responder empíricamente. Al buscar que las leyes permitan llevar la cannabis al laboratorio, estaremos un poco más cerca de aprovechar sus beneficios y educar tanto a los fumadores como a los no fumadores.

Estudios previos han recalcado las diferencias neuronales entre fumadores y no fumadores, pero este nos dice además que la incidencia de malviajes aumenta en correlación directa con el aumento en la concentración de THC. En otras palabras, legalizar y vender no es suficiente sin un adecuado programa de educación en el consumo, advirtiendo sobre sus efectos indeseados, como se realiza también en las industrias del tabaco y el alcohol.