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¿Tus futuros bebés se parecerán a tus parejas sexuales pasadas? Un escalofriante estudio

AlterCultura

Por: pijamasurf - 10/06/2014

Las parejas sexuales previas pueden dejar rastros genéticos que la madre condensará para transmitir a futuras crías. La investigación no ha sido comprobada en humanos

¿Qué pasaría si tu bebé recién nacido no fuera sino un Frankenstein-rompecabezas donde más de un padre aportara piezas? Una versión narcisista del embarazo y la reproducción (además de la teoría genética tradicional) nos enseña a pensar que un bebé es una suma de características de dos individuos; pero un estudio de la universidad de South Wales cree que la conformación de un nuevo individuo podría estar determinada por más de un par de fuentes de cromosomas.

La teoría de la telegonía afirma que las parejas sexuales anteriores pueden transmitir sus características genéticas a las futuras crías. Una investigación de la doctora Angela Crean reveló que la primera cría de las moscas de la fruta, por ejemplo, es del mismo tamaño que el primer macho con quien la hembra se apareó. Esto no quiere decir que el primer macho sea el padre biológico de todas las crías subsecuentes sino que en cierta forma determina una característica de la futura descendencia, cuando los huevecillos inmaduros absorben parte del material genético seminal de parejas pasadas.

La idea es por lo menos escalofriante de considerar en un contexto humano. Si no podemos tomar café con una persona, mucho menos querríamos andar por ahí transmitiendo su material genético: pero por otro lado, las relaciones anteriores en ocasiones forman parte de un proceso kármico en el cual hemos aprendido algo de nosotros mismos. ¿Podría sostenerse lo mismo a nivel genético? ¿Nuestras relaciones pasadas (a nivel cromosómico o no) no nos determinan, en realidad, hoy como individuos?

Una reportera de The Guardian, contemplando la posibilidad de que la telegonía fuese una realidad comprobable en los humanos, desearía haber podido regresar en el tiempo cargada con una caja de condones.

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AlterCultura

Por: pijamasurf - 10/06/2014

La cacería de brujas es la historia del analfabetismo de género, pero en la evolución de la medicina, los remedios de la herbolaria mística siguen pareciendo increíblemente avanzados con respecto a la medicina occidental
[caption id="attachment_86470" align="aligncenter" width="551"] Champion des dames, manuscrito del siglo XV, Francia[/caption]

Double, double toil and trouble;
Fire burn, and cauldron bubble.

Shakespeare, Macbeth

La bruja en tanto arquetipo de la capacidad para convertir el veneno en antídoto se pierde en la noche de los tiempos, pero su vigencia es más actual que nunca. Y si en los tiempos de Shakespeare la brujería era penalizada duramente (cuyas secuelas simbólicas son abrazadas o desdeñadas por miles de mujeres adscritas a o no a múltiples feminismos), lo cierto es que la ciencia moderna está considerando lecciones de la medicina popular. Es un acto de justicia con la historia de la medicina.

Plantas como la cicuta, belladona, beleño o mandrágora parecen crecer directamente de los cuentos de hadas, pero fueron redescubiertas por investigadores y botanistas que analizaban los milagrosos poderes de las pociones realizadas por las brujas. En altas dosis, todas estas plantas son venenos poderosos, pero aislando sus componentes se pueden obtener anestésicos, analgésicos y todo tipo de remedios curativos.

La leyenda popular de que la escoba voladora era en realidad un dildo colosal no es del todo incorrecta. La escoba servía como aplicador para la zona genital, cuya mucosidad permite absorber ciertos químicos sin involucrar al estómago (y por tanto, correr el riesgo de envenenamiento). De la burundanga se extrae la poderosa escopolamina, un alcaloide que en dosis adecuadas es utilizado como tratamiento común contra la cinetosis, además de disminuir las náuseas y el dolor de estómago; pero en dosis altas produce alucinación y estados disociados que pudieron sugerirles a las brujas la ilusión del vuelo.

Con la regulación de la medicina europea a partir del siglo XIII, las mujeres quedaron fuera de las aulas, con un gran bagaje de conocimientos naturales para tratar las afecciones más comúnes, más familiares, mientras la medicina trataba de desligarse de la magia y acercarse a la ciencia.

La corteza de sauce fue utilizada por las brujas europeas para tratar la inflamación. Pero no fue hasta que la ciencia llegó a dicha corteza, muchos años después y por accidente, que fue capaz de sintetizar la salicina para el dolor de cabeza, a través de su nombre comercial, Aspirina.

La medicina popular China proporcionó la efedrina para tratar el asma, y el baúl de tesoros de la medicina africana y latinoamericana aún está por ser descubierto, en un momento histórico donde el Ébola amenaza con mermar la capacidad de respuesta de los Big Pharma. Si los quechua del Perú llegaron a la maravillosa quinina --que, entre otras cosas, ayuda en el tratamiento de la malaria--, ¿no es tiempo de considerar que los imperativos de los grandes laboratorios obedecen a fines económicos, en lugar de medicinales?

Imagen: smithsonianmag.com