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Recordando “el gran olvido” para devolverle coherencia al mundo

Por: pijamasurf - 10/19/2014

"El gran olvido" refiere a eso que los historiadores llaman “prehistoria” y que guarda muchos tesoros de la agricultura que se han perdido en la civilización

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"El gran olvido" refiere a la riqueza de conocimiento que nuestra cultura perdió hace 10 mil años, cuando adoptamos nuestra forma de vida civilizada. Este es tan buen momento como cualquiera para recordarlo, pero tal vez es aún más propicio ahora debido a la tendencia que existe a cultivar nuestro propio alimento (aunque sea en una cocina o en un patio) y a tomar en nuestras manos la calidad de nuestras vidas. "El gran olvido” ha sido expuesto por algunos paleontólogos hace no mucho tiempo, y entenderlo es la llave para encontrar el sentido de nuestra cultura destructiva. En recordar qué fue lo que se olvidó podría estar la llave de nuestro futuro.

Cómo sucedió

Sucedió hace 10 mil años, cuando una cultura en el oriente próximo adoptó una nueva forma de vida que los humanos no habían intentado antes. Comenzaron a practicar una forma intensiva de la agricultura que les permitía vivir en una sola locación. Produjeron muchísimo excedente de alimento, lo cual llevó a la explosión geográfica y demográfica. Comenzó la civilización.

Evidentemente, pasó mucho tiempo antes de que alguien comenzara a escribir la historia, muchos miles de años, y lo que sucedió en ese intermedio fue que las personas olvidaron lo que había pasado. Olvidaron que alguna vez fueron recolectores de alimento y forrajeros que vivían un estilo de vida nómada. Asumieron que la humanidad llegó al planeta al mismo tiempo que la civilización. Asumieron esa civilización y convinieron en que la civilización era el estado natural de la humanidad.

Este lapsus de memoria colectiva cultural, esta creencia de que los humanos habían llegado al mundo como constructores de civilización fue adoptada por los fundadores del pensamiento de nuestra cultura moderna. Y después de eso, por todos los que les siguieron.

Fueron los paleontólogos los que expusieron "el gran olvido" recientemente y dejaron claro que la humanidad no llegó al planeta Tierra cuando emergió la civilización sino que, antes de eso, vivió por millones de años de una manera completamente distinta. Y aunque esa historia sea considerada como “pre-historia” y por lo tanto obliterada, ahí hay muchas claves que reconsiderar.

La conciencia de "el gran olvido" nos da una perspectiva fresca de la historia humana y nuestro lugar en el mundo. Nos da la oportunidad de ver, en estos tiempos de crisis ecológica, que otra manera de vivir es legítima y posible. En lugar de tratar de cambiar nuestro estilo de vida para hacerlo funcionar de alguna manera, necesitamos cambiar por completo la manera en que vivimos.

Ahora podemos ver que, con la crisis ecológica, el problema no es la humanidad. Los humanos no son parásitos. Pueden vivir sosteniblemente. El problema es una sola cultura; una que comenzó hace 10 mil años con la agricultura totalitaria y aún se practica hoy. Lo que propone este "gran olvido" es poner atención a las culturas indígenas y observarlas con ojos frescos y con respeto para aprender de ellas.

No somos 99% de la población del mundo porque tengamos una mejor manera de vivir. Somos 99% porque nuestra cultura creció y desplazó a aquellos que no crecieron. Recordando se puede encontrar otra manera.

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¿Por qué experimentamos dolor físico?

Por: pijamasurf - 10/19/2014

El dolor físico, como una de las certezas más persistentes de la vida, también tiene su razón de ser

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El dolor es un proceso multifacético y complejo. La naturaleza ha hecho lo imposible para asegurar que los animales sientan dolor al grado que lo hacen; y no hay mejor camino para la evolución (y nuestros genes) que influenciar algunos comportamientos de preservación de la vida como es el sentimiento de dolor.

Científicos de todos los tiempos se han visto en apuros para lograr cuantificar el dolor, pero las escalas que se han realizado se han quedado cortas en los resultados, una investigación que continúa su camino al día de hoy. Al parecer, la altamente compleja y subjetiva naturaleza del dolor no es mesurable.

En su expresión más sencilla, el dolor es un mecanismo de defensa evolucionada que alerta a animales de cualquier lesión, permitiéndoles proteger su cuerpo y no lastimarse con mayor gravedad. También es una manera eficiente para que un organismo responda rápidamente (o incluso salvajemente) ante alguna amenaza. Y este “reflejo de dolor” es una de las principales razones para que exista el dolor en primera instancia.

Cualquiera que haya puesto accidentalmente su mano sobre una estufa conoce bien este reflejo: el impulso tan sobrecogedor y rápido de quitar la mano de allí. La reacción salva vidas y, en virtud de esto, se ha convertido en un potente rasgo genético que pasa de generación en generación.

Sin embargo, algunos biólogos se han preguntado por qué fue el reflejo de dolor el que evolucionó y no, por ejemplo, una “bandera roja”, es decir, algo que sin dolor alerte ante un posible peligro. ¿No pudo la naturaleza surgir con algo un poco más elegante y no tan incómodo?

En su libro The Greatest Show on Earth: The Evidence for Evolution, el biólogo evolutivo Richard Dawkins propone que el dolor es la manera más efectiva de hacer que un animal entienda rápidamente la gravedad de una situación peligrosa y reaccione a la altura. De hecho, entre más agudo es el dolor, más fuerte el mensaje, advierte Dawkins, para quien un significante de “bandera roja” no funcionaría realmente, ya que un animal subestimaría incluso las más fatales situaciones de amenaza, mientras que el dolor físico es imposible de ignorar.

Esto se extiende a la vida humana. Estudios demuestran que personas con analgesia congénita tienen menor esperanza de vida. Nos guste o no, necesitamos el dolor.

Existen distintos tipos de dolor. El más común es el que se denomina dolor nociceptivo, que es típicamente el resultado de una lesión física (cuando te pegas, quemas, cortas, etc.). Otra clasificación primaria es el dolor neuropático, causado por el daño a cualquier parte del sistema nervioso (choques eléctricos, agujas, etc.). También existe el interesante “dolor fantasma”, que es un dolor experimentado en cualquier parte del cuerpo que haya sido amputada, o de alguna parte del cuerpo que ya no transmita señales al cerebro. Aquí el cerebro produce la experiencia subjetiva del dolor.

El dolor, paradójicamente, nos salva la vida una y otra vez.