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Por qué debemos de matar a "la mujer más sexy del mundo"

Buena Vida

Por: pijamasurf - 10/22/2014

La revista Esquire ha nombrado a Penélope Cruz la mujer más sexy del mundo de 2014, una práctica anual que revela toda una serie de improntas sobre cómo juzgamos a las mujeres

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Las revistas para hombres han instituido la presea anual de "la mujer más sexy del mundo", coronando a una celebridad como un imposible objeto del deseo mundial. La dinámica es bastante sencilla y burda: las personas aman consumir información en listas definitivas y a los hombres les encanta ver fotos de mujeres sexys. A la celebridad ganadora es posible que no le guste del todo ser tratada como objeto, pero eso es un nimiedad en comparación con lo que genera para su carrera ser considerada la mujer más sexy del mundo --algo que seguramente los productores toman en cuenta y pueden capitalizar en su siguiente película o programa de TV.

Andi Zeisler, quien escribe sobre feminismo en la revista Salon, sugiere que debemos de matar a la mujer más sexy del mundo; no a Penélope Cruz, la ganadora de este año de la revista Esquire, sino este canon de seleccionar cada tanto a la mujer más sexy del mundo en el que participan numerosas revistas y sitios de internet. Al final estas revistas, incluyendo las que son orientadas al público femenino (como InStyle, People y otras), lo que hacen es permanentemente juzgar a las mujeres: ya sea quiénes son las más sexys, quiénes son las mejor vestidas o quiénes tienen los mejores novios, esta es la norma. El resultado de esto es la introyección del censor, el juez interno que evalúa, ostraciza lo anormal y acepta lo que se alinea con el canon; ver el mundo siempre a través del cristal fragmentario del juicio, un filtro incisivo.

En el caso de Esquire hay un aspecto que hace doblemente ridículo el nombramiento de la mujer más sexy del mundo: el texto que acompaña el shoot de fotos sexys, el cual parece estar motivado por una prerrogativa de justificar con algo de contenido literario lo que es básicamente sólo un spread de carne. Por ejemplo  Rihanna, la ganadora de 2011: "Toma su radiante trasero --lo maneja, lo mece-- es como asado en su punto"; Scarlett Johansson (ganadora en 2006 y 2013), con meta-obviedad: "Se ve como una mujer. Exuda feminidad". En el caso de Penelope, el reino del cliché, metáforas de tauromaquia para describir cómo hace brotar la sangre (inflamación sexual, pasión latina). Preámbulos masturbartorios con pedazos de poesía oficinista. 

Los nombramientos no sólo contribuyen a perpetuar imágenes colectivas de la feminidad objetificada; también son parte de una velada industria de manipulación aspiracional. El timing, por ejemplo, del galardón de Cruz, coincide con el estreno de dos de sus películas, como bien señala Zeisler: todo es parte de una estrategia de comunicación y PR.

Abandonar este tipo de clasificaciones, sin embargo, es más difícil de lo que se podría pensar, ya que en un sentido primigenio estamos cableados biológicamente para crear toda una red de significados y normas que funcionan como pegamento social. Ideales de belleza y estándares de lo que es normal y de lo que es aberrante conforman el tejido social que es también una máquina colectiva de aprendizaje y adaptación. Nuestra mentalidad es mucho más la de una manada que la de un individuo que mira libremente el horizonte 

 

¿Listo para emborracharte? (esto es lo que el alcohol le hace a tu sistema inmune)

Buena Vida

Por: pijamasurf - 10/22/2014

La usual borrachera de fin de semana podría dañar tu sistema inmune más de lo que piensas

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Durante las fiestas no lo pensamos mucho y nos dejamos arrastrar por la marea del alcohol (para algunos esto ocurre no sólo en la fiestas, sino casi siempre). Entre lo que no pensamos mucho están los efectos que tienen las noches de farra en nuestro sistema inmune --aunque todos más o menos sabemos por experiencia que mucha fiesta puede acabar enfermándonos con la típica gripe o infección, "cuando se te bajan las defensas".

Si además de beber mucho nos desvelamos y dormimos poco o nada --como suele ocurrir en las noches de Año Nuevo cuando mezclamos drogas, alchohol y música como si no hubiera mañana o no pasará nada porque el año se borra--, nuestro sistema inmune puede sufrir serias consecuencias (la privación de sueño es una de las cosas que más afecta al funcionamiento del sistema inmune).

Un estudio liderado por científicos de la Universidad de Loyola en Chicago pidió a 15 voluntarios con una edad promedio que tomarán entre 4 y 5 shots de vodka en un periodo corto de tiempo --lo que se califica como "binge drinking". Los investigadores tomaron muestras de sangre 20 minutos después de que los sujetos habían llegado al "pico de la intoxicación" y luego 2 y 5 horas más tarde. 

Al principio el alcohol sirve como un revulsivo del sistema inmune: 20 minutos después de beber alcohol se encontraron niveles más altos de proteínas y leucocitos --los soldados que matan a los agentes patógenos en acción sistémica. Las muestras 2 y 5 horas más tarde, sin embargo, mostraron justo lo opuesto, niveles más bajos de estas células, lo que se conoce como respuesta inmune bifásica.

Los investigadores consideran que los resultados significan que puede haber "efectos a largo plazo, si una persona se enferma, ya no se recupera tan rápido. Existe una amplia perturbación de la respuesta inmune".

La investigación apunta a la importante diferencia entre beber un par de tragos --algo que es considerado bastante sano, ya que al parecer mantiene al sistema inmune en forma, además de proveer minerales, probióticos (en el caso del vino o la cerveza) y otros nutrientes-- y emborracharse hasta anonadar el sistema inmune.

Dicho lo anterior, sabiendo que nuestro sistema inmune se ve amotinado por la intoxicación etílica, de cualquier forma muchos dirán, con conciencia (en perderla), que esas noches de fiesta alcoholizada bien valen la pena. ¿Beber o no beber? Esa es la cuestión.