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Nuestros ojos pasan por las imágenes como si fueran textos, ¿pero qué pasaría si nuestros ojos no fueran exactamente a donde los publicistas suponen? ¿Qué miramos realmente al observar un perfil de Facebook, un resultado de búsqueda en Google o un CV?
Lo más probable es que la gente sólo vea el rostro de Scarlett Johansson y que apenas preste atención a la marca y otros detalles

Los mapas de calor son una tecnología que permite entender el recorrido de la mirada sobre una imagen, al igual que sus movimientos dentro de ella. Mientras más rojo ("más caliente"), más tiempo pasa una persona viendo ese punto; mientras más azul (más frío) menos tiempo.

Las imágenes no se leen igual que los textos: no todas tienen un sentido tan claro, y los diseñadores publicitarios proponen composiciones gráficas que determinan ciertas rutas visuales. Los mapas de calor permiten saber si esas rutas se cumplen o no.

Es interesante, por ejemplo, ver que existen diferencias en cuanto a lo que llama la atención de hombres y mujeres en una misma imagen, o que los lectores de páginas de internet parecen haber incorporado un filtro visual para no distraerse con los banners y anuncios.

En esta prueba de atención visual, los hombres pasaron más tiempo observando a la modelo, mientras las mujeres vieron a la modelo y luego leyeron el texto:

Aquí, solamente las mujeres prestaron atención a los zapatos de la modelo:

En La última cena, el observador se enfoca en los rostros de Cristo y los apóstoles:

Al observar el perfil de Facebook de una mujer, ambos sexos se enfocaron en el rostro; si el perfil es de hombre, es más probable que lean el texto:

La gente parece prestar poca atención a los banners y anuncios en general en las páginas de internet:

En búsquedas de Google, lo más probable es que sólo veamos los primeros cinco resultados antes de comenzar otra búsqueda o seguir algún link:

Un reclutador pasa sólo 6 segundos mirando un CV. En lo que más se fijan es en el nombre, puesto actual y puestos anteriores, las fechas y el nivel educativo.

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Algunas ideas prácticas sobre cómo utilizar este sitio para mejorar nuestra vida social-virtual en lugar de hacerla peor

Facebook-Ego

Decía el periodista y crítico de la cibercultura, Mark Dery, que la red internet se estaba transformando en una clase de velocidad de escape, en la que un cuerpo vence la atracción gravitatoria de otro, como una nave espacial cuando abandona la Tierra. Esta alusión predicha hace casi 20 años es probable que se haya convertido en realidad gracias a Facebook, uno de nuestros adictivos virtuales más usuales (y también de los más peligrosos) para quitar los pies de la realidad. La cantidad de tiempo que se consume dentro de esta red social es excesiva, comparado con todas las demás actividades que se pueden hacer navegando en internet. Su uso desmedido nos ha llevado a engendrar también nuevas enfermedades psicológicas, generalmente asociadas con depresión, dependencia, ansiedad, soledad y baja autoestima, en resumen, un cúmulo de negatividad que ni Dery ni otros críticos de la cibercultura especularon cuando se habló por primera vez de re-evolución digital.

En el muro azul no existe el tiempo y, como te habrás dado cuenta ya, conectarse a Facebook provoca un sentimiento de “pertenencia”, de estar dentro de algún lugar y jugar el rol que más te convenga y por ello, es importante aprender a usarlo en nuestro beneficio y no hacia nuestra destrucción. Si se usa correctamente, se puede incluso hablar de estimular nuestra felicidad, como lo describe la Dra. Suzana Flores, psicóloga y autora del libro Facehooked: Cómo Facebook afecta nuestras emociones, relaciones y vidas.

Flores nos desglosa algunas ideas prácticas sobre cómo utilizar este sitio para mejorar nuestra vida social-virtual en lugar de hacerla peor. Sí, es posible, y probablemente ya has considerado algunos de estos puntos sin llevarlos a cabo:

 

1. Oculta la negatividad

El pensamiento positivo es un tratamiento de cuidado ya conocido que resulta eficiente para nuestra psique. Sin embargo, es de mayor utilidad la exteriorización de esta positividad, “así que todas esas frases alentadoras (y a veces embarazosas) que publican tus amigos o familiares en sus muros, de hecho logran su objetivo y ayudan bastante”, nos dice Flores.

La gente puede ser positiva en la vida real y muy negativa en los medios de comunicación social (como una clase de escudo virtual para ocultar nuestra identidad real), pero esto no significa que debas eliminarla de tu vida. Facebook tiene la opción de seguir o no seguir a las personas, aun cuando las tengas entre tus amigos. El misterioso algoritmo de News Feed en Facebook aún no es capaz de filtrar la negatividad, pero el sitio no impide que ocultes a tus amigos más negativos o al menos que puedas ver menos sus publicaciones. De esta manera no tienes que vincular lazos con comentarios desagradables que contaminan tu esfera ambiental virtual, y tampoco será el final de tu amistad.

 Quotes

 

2. Publica acontecimientos de tu vida (con medida)

"Celebrar nuestros logros personales en Facebook es un gran estímulo para sentirse bien consigo mismo y también para generar comentarios positivos de amigos", señala Flores. Sin embargo, hay un límite a la cantidad de dosis de likes que queremos recibir al día para que aún sea considerable un rango estable que no sobrepasa los límites de egocentrismo, que nos lleven a la paranoia. El bombardeo de likes y comentarios presuntuosos sobre nuestra imagen y nuestros logros se vuelve un problema cuando sólo nos alimentamos de ello y la obsesión se infla tanto que nos lleva flotando hasta donde ya no podemos reconocernos.

¿Cómo probar si tienes una adicción a este tipo de auto-gratificación? Flores informa que si los usuarios pueden estar hasta 48 horas sin ningún acceso a Facebook, no deben considerarse adictos.

 

3. Ríete; sé honesto

Un capítulo del libro de Flores se titula "¿Soy mi foto de perfil?". En él explora cómo algunos usuarios de Facebook tienen una necesidad de hacer sus perfiles perfectos. Nos reitera que los usuarios no tienen que obsesionarse por tener una impecable presencia en los medios sociales, pues de nada sirve crear una imagen que no se es; recordemos siempre cuál es el sitio real y qué está pasando en él. Si haces algo ridículo, publícalo. Es divertido y te hace reír a ti mismo, todos lo hacemos, y eso es lo que pasa realmente en nuestra vida. No todo lo que publiques debe ser halagador; (por tu salud) sé honesto y diviértete: es sólo una red social.

 

4. Únete a grupos basados ​​en los mismos intereses

El sitio es también una herramienta fácil para hacer nuevos amigos a través de los intereses compartidos. Una manera obvia es formar parte de los grupos de Facebook que despierten el ocio cultural: música, literatura, cocina, deportes e incluso actividades o eventos de tu ciudad ayudan a estimular la mente de una manera positiva. Flores nos habla sobre un estudio realizado en sus pacientes que se quejaban de algún dolor físico y cómo disfrutaban el conectarse a través de esta red social con personas que padecían experiencias similares.

 

5. Revisa tus álbumes viejos

Un aspecto cualitativo de Facebook es que los usuarios, la mayoría de veces, postean imágenes sobre momentos felices de sus vidas. Esto puede ser usado como ventaja. Un investigador de la Universidad de Portsmouth encontró en un estudio de 144 usuarios de Facebook que mirar fotos viejas en el sitio puede ser una terapia de autoconsuelo reconfortante y eficaz. Tus álbumes viejos pueden ayudar a recordarte buenos momentos, y si deseas una dosis diaria de felicidad existe la aplicación Timehop, que muestra tus fotos y actualizaciones de redes sociales desde la misma fecha de hoy en años anteriores.

Facebook es lo que haces y no define nada más. "Si ves a Facebook como una forma pasiva de entretenimiento o de realizar conexiones con las personas, entonces éste servirá a un propósito", nos dice Flores. Hasta ahora no hay una definición concreta de lo que pueda llamarse “adicción digital”; sin embargo, sabemos que está ahí. Existen síntomas de abstinencia que nos hacen dar cuenta de la gran necesidad que tenemos ahora de estar conectados, de pasearnos misteriosamente por alguna mansión laberíntica, asomando la cabeza a una habitación y a otra, a una ventana de chat y a otra; por ello es que, si creemos que usamos Facebook más de lo que se debe, tal vez sea hora de revisar nuestro estilo de vida, antes de que la adicción azul termine con nosotros.