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Los experimentos de Masaru Emoto: ¿en realidad la mente puede alterar las moléculas de agua?

AlterCultura

Por: pijamasurf - 10/19/2014

E Dr. Masaru Emoto murió hace un par de días. Su trabajo sobre los efectos de la intención en el agua está envuelto en una mezcla de polémica y fascinación

Masaru Emoto, investigador y entrepreneur japonés, cobró fama entre el circuito new age por su teoría de que la intención podía afectar las moléculas de agua. Emoto fue uno de los participantes más destacados de la película What The Bleep Do We Know?, que divulgó ideas de la física cuántica de manera inspiradora y pseudocientífica (según muchos científicos del llamado mainstream). Las impresionantes imágenes de las formas mandálicas y fractales que supuestamente toma el agua cuando se le expone a palabras como "amor" o "belleza" o cuando se toca música de Mozart cautivaron a las audiencias. Sin embargo, el método de fotografiar estos experimentos ha sido altamente cuestionado por diversos científicos.

"El agua es el espejo que tiene la habilidad de mostrarnos lo que no podemos ver. Es un modelo de nuestra realidad, que podemos cambiar con un solo pensamiento positivo. Sólo se necesita fe, estar abierto", dice Emoto.

Emoto sostiene que existe una relación estética entre la pureza y la intención que se infunde al agua y las formas que toma. Imprimir emociones positivas crea cristales simétricos de sublime belleza, mientras que una intención contraria o la contaminación misma genera moléculas poco ordenadas. Como si la naturaleza estuviera codificada bajo un algoritmo poético, un poco como escribiera John Keats, con inspiración platónica: "la belleza es la verdad; la verdad es belleza". Una idea sumamente interesante para quienes están hambrientos de ver en el universo un orden y un sentido que refleje sus creencias. 

Las críticas dentro de la comunidad científica versan principalmente sobre el método científico de Emoto, que al parecer nunca ha transparentado (los resultados, esos sí, son bellamente transparentes). William A. Tiller, otro investigador que aparece en el documental What The Bleep Do We Know?, sostiene que los experimentos no son pruebas fidedignas, especialmente porque no controlan factores como el "superenfriamiento" del agua. Asimismo, Emoto no ha expuesto su trabajo en publicaciones científicas reconocidas donde las investigaciones son sujetas a revisión y escrutinio. Y, sin embargo, su trabajo "científico" sí le ha permitido hacer una vida de negocios.

Dicho lo anterior, no hay que negar que la posibilidad de que el agua grabe la intención o esté sujeta a una energía psíquica es fascinante y se conecta con antiguas creencias que sugieren que el agua es el médium del espíritu (el asiento mismo de la creación divina) y tiene capacidad de obrar (o conducir) milagros. De la misma manera que es una lástima que el trabajo de Emoto no haya sido realizado con mayor rigor, es lamentable que la ciencia establecida no busque realizar experimentos creativos para medir lo que Einstein estigmatizó como "fantasmagórica acción a distancia" (quizás, esto tiene que ver con que los científicos se arriesgan a ser señalados dentro de la academia y perder su prestigio si se involucran en proyectos que convencionalmente se consideran anatema por lidiar con lo "paranormal").

En este artículo exploramos la posibilidad de que el agua tenga una memoria y que sea un conductor de información holográfica. De manera relacionada, resulta interesante contemplar las ideas de David Bohm (sobre el universo como un superholograma), de Karl Pribram (sobre el cerebro, que almacena la memoria de manera holográfica) y de Rupert Sheldrake (que considera que existe una memoria inherente e incorpórea en la naturaleza).

 

Un mismo patrón fractal une a diferentes organismos y los conecta con el origen de las formas universales

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"Lo que la mente ve, cuando capta una conexión, lo ve para siempre", escribe Roberto Calasso en su libro Ka, sobre la filosofía de la India. En el origen están las conexiones, las correspondencias, las similitudes, las satam. Es por eso que los fractales nos fascinan: nos regresan a este estado de cognición primordial en el que podemos ver que las cosas tienen una relación formal que sugiere la posibilidad de que detrás del velo sean una sola cosa o que en su diseño revelen la firma del autor (los fractales, según Arthur C. Clarke, son la huella digital de Dios).

En este caso la forma fractal recurrente es aquella de la forma en la que crecen y se dispersan ciertos organismos, la energía y la información misma. Pero en esa dispersión está la pauta que nos permite regresar y ver el origen. Y la autorreferencia se vuelve transversal: descubrimos entonces que un árbol es una rama dentro de otro organismo o sistema analógico más grande.

En este secuencia de time-lapse vemos el crecimiento fractal del physarum polycephalum (moho de fango).

Esta especie unicelular de amiba, clasificada dentro del grupo de los protistas (una clase “de todo lo que realmente no entendemos”), por cierto, puede resolver laberintos, mimetizar los planos de una red de transporte hecha por el hombre y seleccionar la comida más sana de un diverso menú –todo esto sin tener un cerebro o un sistema nervioso. Lo que vemos creciendo ahí es en cierto sentido una mente exteriorizada, un hilo protopsíquico, tejido nervioso extracerebral.

 

Las efímeras y autorreferentes formaciones que hacen los relámpagos en el cielo son difíciles de captar –acaso por su naturaleza fugitiva, son más impresionantes todavía. Para darnos una idea de las formas fractales que generan las tormentas eléctricas en el cielo, Melanie Hoff, estudiante del Instituto Pratt en Nueva York, hizo este video en el que se muestra una descarga de 15,000 volts sobre una estructura de madera. 

Matemáticamente los relámpagos pueden considerarse figuras de Lichtenberg en 3D, las  cuales se forman en la bifurcación de descargas eléctricas. Estas figuras también son llamados "árboles eléctricos" por su parecido al crecimiento de ciertas ramas (la forma madre del helecho) y son consideradas estructuras fractales. Algunas personas que han recibido el impacto de un rayo exhiben figuras de Lichtenberg, que en ese caso son poéticamente llamadas "flores de relámpago".

 

[caption id="attachment_87097" align="aligncenter" width="600"]Dendrites01 Dendritas de magnaneso sobre una placa de musgo.[/caption]

Es curiosa la historia de la palabra dendrita, en griego "árbol", y que actualmente lo mismo significa la terminal de una neurona que recibe estímulos provenientes de los axones como la estructura ramificada en la que crecen algunos cristales y un tipo de fractal matemático dentro del conjunto de Julia. La dendrita es muchas cosas, pero vincula de manera inextricable al árbol (como organismo surtidor y arquetipo) con el fractal.

Dendrite

 

Científicos han notado una "autosemejanza estadística" en las células Purkinje del cerebro que describen como una dimensión fractal. Otro estudio realizado por investigadores de la Universidad de Cambridge mostró que las diferentes regiones del cerebro humano se sincronizan conforme a patrones fractales, esto es la cantidad de tiempo que diversas regiones trabajan al unísono --sincronizando sus ciclos-- es de naturaleza fractal y el tipo de conexiones que forman también es fractal, mostrando este mismo patrón de ramificación casi ubico en la naturaleza: en la electricidad, en el crecimiento y en la (auto)organización de la información. Los fractales son flores eléctricas (el proceso mismo de la ramificación es fractal).

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Aquí vemos una imagen magnificada de las conexiones neurales del hipocampo. Hay cierto aspecto arborescente entre los filamentos que se unen en el concierto eléctrico del cerebro. Todas las cosas tienen árboles adentro y se enraman o constelan. Dos verbos básicos del engranaje ubicuo, de la hiperconectividad fractal. Extrapolando la biología y la matemática a la filosofía, los fractales son vislumbres del entendimiento de la antigua máxima hermética de que el macrocosmos se refleja en el microcosmos (el hombre es un pequeño universo, se dice) y como es arriba, es abajo y como es adentro, es afuera. Para finalizar esta imagen de las conexiones neurales de una rata y los filamentos que unen a diferentes galaxias. ¿Sería demasiado osado decir que las galaxias también conforman un cerebro que se extiende por todo el universo, donde organismos como estrellas y planetas son sólo células?

Screen shot 2014-11-21 at 10.59.23 PM

Twitter del autor: @alepholo