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Físico experimenta bifurcación en un universo paralelo con una fascinante sincronicidad

AlterCultura

Por: pijamasurf - 10/09/2014

Jugando tenis mental con David Deutsch, el físico Seth Lloyd ejemplifica el acertijo cósmico que representa el multiverso

Parallel_universe

Una de las teorías más fascinantes y ampliamente aceptadas que han surgido en la física en la última época es la interpretación de los muchos mundos o "universos paralelos". Hace unos años una encuesta mostró que, entre un grupo de los físicos más reconocidos, 58% consideró que está teoría es verdadera. Esto es algo que merece detenerse a reflexionar, ya que esta interpretación, primero articulada por Hugh Everett, altera radicalmente la naturaleza de la realidad como la conocemos.  

En resumidas cuentas, la teoría resuelve elegantemente muchos de los predicamentos matemáticos de la física cuántica en relación con la teoría de la relatividad apelando a que cada vez que tomas una decisión o haces una observación todos los posibles desenlaces ocurren, sólo que no los percibes porque en ese momento continúan en otro universo donde existe otra versión de ti, y así hasta el infinito realizando infinitesimales variaciones. En cierta forma todo ocurre todo el tiempo, todas las posibilidades --aunque nosotros sólo tengamos conciencia o, mejor dicho, coherencia, de una.

Un divertido y didáctico ejemplo es la correspondencia entre David Deutsch y Seth Lloyd, dos de los físicos más importantes de la actualidad. En lo que se convirtió en un formidable episodio de "tenis mental", Lloyd le escribió a Deutsch: 

Te escribo para contarte un suceso extraño que ocurrió hace un par de semanas en la librería de MIT. Estaba enfrente de un anaquel, intentando decidir si comprar tu nuevo libro o el de Roger Penrose. Ahora bien, como tú sabes las neuronas son células notoriamente sensibles, capaces de amplificar los efectos más diminutos. Como resultado de una pequeña fluctuación mecánica-cuántica, unos pocos químicos transmisores extras llevaron a una neurona a su umbral provocando que disparara, detonando una ráfaga de actividad neural que me hizo, a manera de un impulso, comprar tu libro, The Fabric of Reality. Al leer el libro descubrí que tú sostienes la llamada "interpretación de los muchos mundos" de la mecánica cuántica, en la que cada fluctuación cuántica causa que el mundo se bifurque en partes diferentes, cada una de las cuales es igualmente real. Parece que estas sugiriendo que en otro mundo igualmente real hay otro yo, igualmente real, que está leyendo el libro de Penrose. ¿Cómo te atreves a afirmar esto? Realmente compré tu libro y realmente prefiero estar leyéndolo en vez del de Penrose. ¿Quién eres tú para decir que ese impostor que está leyendo a Penrose es tan real como yo? Espero tu respuesta. 

El físico Seth Lloyd, aunque sea sólo con fines narrativos para poder debatir a David Deutsch, vivió aquí lo que podemos llamar una metasincronicidad. Reflexionando sobre el proceso cuántico de tomar una decisión compró un libro sobre cómo con cada acto el universo se bifurca, un libro que explica justamente el proceso que vivió al decidir comprar ese libro (que en realidad anula la decisión). Esto es una coincidencia significativa --la definción de Jung de la sincronicidad-- en un ámbito metarreferencial. En el caso del universo significante de Jung, lo que da realidad o "coherencia" (para usar el término cuántico) es el significado de las cosas, más allá de causalidad: todas las bifurcaciones ocurren en relación con la mente, son fenómenos mentales que se imprimen en el espacio-tiempo del multiverso. Hay una paradoja implícita, según Deutsch: "La realidad es un multiverso, una entidad enorme que, en una escala masiva, tiene una estructura que semeja múltiples copias del universo de la física clásica, pero que es, en una escala suficientemente fina, un sólo sistema unificado".

La correspondencia --la partida de tenis cuántico-- entre Lloyd y Deutsch discutiendo el tema de qué tan reales son las "copias" que se disgregan en otros universos es fascinante y un tanto compleja. Aquí el link para seguirla. Al primer cuestionamiento de Lloyd, Deustch contestó:

En el sentido en el que tu decisión dependió de eventos aleatorios, ciertamente hay otras versiones de ti, igualmente reales, en otros universos, que eligieron de manera diferente y ahora viven las consecuencias. ¿Por qué creo esto? Sobre todo porque creo en la mecánica cuántica. Sólo escribe la ecuación describiendo la moción de esas ominosas moléculas transmisoras, y su efecto en ti y en el ambiente. Nota que su "aleatoriedad" consta de que hacen dos cosas a la vez: cruzando esa sinapsis y no cruzándola; y que su efecto en ti fue igualmente que hiciste dos cosas a la vez: comprar mi libro y comprar el libro de Penrose. Dichos efectos se difundieron, haciendo que todo hiciera varias cosas a la vez, que es lo que significa decir que hay "universos paralelos". Y aún más, los universos se afectan entre sí. Aunque los efectos sean diminutos, se pueden detectar en experimentos cuidadosamente diseñados.

Pocas cosas más fascinante y cognitivamente vertiginosas que escuchar los ecos de otro universo o percibir el punto de "decoherencia" en el que se bifurcan nuestras vidas, ese permanente ramificarse en otro que podría ser una definición del infinito y de ser infinito. 

Las estructuras de la mente y su construcción de lo real buscan preservarse: el ego es la forma en la que se teje el laberinto para cercar al Ser y evitar que se enfrente al caos y al vacío y posiblemente disuelva su identidad en la totalidad

Estar aquí es como una renuncia espiritual. Sólo vemos lo que los otros ven, los miles que estuvieron aquí en el pasado, aquellos que vendrán en el futuro. Hemos acordado ser parte de una percepción colectiva.

Don DeLillo

La mente humana es un complejo procesador de la realidad que está, a su vez, en perpetuo proceso; juez y parte del mundo. De la misma forma que aquello que percibimos es un conjunto de cosas en un estado cambiante, la mente también está cambiando al percibir. Tal vez es por este caos, por este incesante flujo, por esta naturaleza indetenible o inasible de la realidad es que nos hemos refugiado en que tenemos una mente fija y estable con una identidad inalterable, la cual nos permite separar los objetos que percibimos y llevarlos a un espacio aislado donde podemos medirlos sin que se desvanezcan en su perpetuo devenir.

Esa parte de la mente que nos ayuda a anclar la realidad y a separarnos del mundo fenomenológico es el ego. Es también el ego aquello que al resguardarnos nos hace formar una resistencia al cambio y activa mecanismos de defensa cuando hay algo que amenaza su potestad en la mente como si fuera el monarca y único habitante del reino. Y, sin embargo, la misma existencia de este ego (de este yo individual) es más que dudosa (no es que sea malo o bueno querer cosas para nosotros mismos, es que el yo para quien queremos esas cosas no existe). El rey no sólo está desnudo, es un holograma.

Saul Alinsky escribe en su libro Rules for Radicals: "La vida está por delante y uno puede desafiar su propio ser en el curso de las cosas o puede agazaparse a los opacos valles de la existencia cotidiana cuyo único propósito es la preservación de una seguridad ilusoria". Al alimentar nuestro ego podemos mantenernos en un estado de relativa comodidad, en una seudo-invulnerabilidad pero esto significa también renunciar a toda novedad, a todo suceso que cimbra y cuestiona nuestra existencia.

Steven Pressfield en su libro The War of Art sugiere que el ego se opone al instinto creativo, que sabe moverse en el caos y reaccionar espontáneamente sin ataduras: "El Ser desea crear, evolucionar. Al ego le gustan las cosas tal como están". El ego se inclina siempre al conservadurismo, a una vieja plutocracia, a preservar el statu quo de la mente.  

Howard Bloom, autor del libro Global Brain (una estimulante historia de la mente colectiva del planeta), sugiere que existen dos principios (o dos tipos de individuos) que se oponen y a la vez colaboran en el desarrollo de la mente planetaria y de la evolución en general: los encargados de la conformidad ("conformity enforcers"), una especie de policía homogeneizadora que hace que los miembros de un grupo hagan las mismas cosas) y los generadores de diversidad ("diversity generators"), las personas o características que nos hacen desprendernos del grupo y buscar cosas nuevas. El ego parece operar como una parte del principio que aplica y obliga a la conformidad, la ley de la conservación y la identificación con lo pasado.

El ego es esencialmente identificación a través del deseo, un pegamento etéreo que confundimos con el ser.  No una identificación con la totalidad de la existencia (las plantas, las piedras, los animales, las estrellas); una identificación desde una lógica aristotélica y maniquea de separación entre el ser y el no ser, entre lo lo bueno y lo malo, optando por una selección arbitraria de objetos mentales. El ego nos hace asumir etiquetas e ideas como parte de la definición de nuestro ser, y al ser algo (inteligentes, astrónomos, buenos bailarines, amados por las mujeres, etc.) no somos todo lo demás, nos distinguimos de aquellos que no son lo que somos y obtenemos beneficios de ser lo que creemos que somos. A su vez, en ese acto mental de identificarnos asumimos que las cosas que somos son permanentes y si por alguna razón son desalojadas de nuestro sistema de creencias, rápidamente surge un conflicto --nuestro ser se ahoga en la ambigüedad o se inflama en el deseo de la carencia. La seguridad del ego es a fin de cuentas completamente endeble puesto que se erige sobre la posesión de estas etiquetas u objetos mentales que apuntalan su identidad: nos ocurre luego como a un niño o a un adolescente que cuando se le critica algo (como su ropa, un juguete o su preferencia musical) inmediatamente se deprime.

El ego tiene una importante función: servir como un caparazón psíquico ante la selva de lo desconocido que puede fragmentar nuestra mente para permitir desarrollarnos en una etapa balbuceante. Sin esa protección el caos y la agresión natural de los otros seres humanos y animales con los que competimos puede ser demasiado (en cierta forma el ego es como una burbuja o uno de esos domos que se colocan en ecosistemas simulados). Pero, siguiendo esta definición, es esencialmente una herramienta para la infancia y la adolescencia que debería de ser abandonada ante una eventual crisálida en la maduración (por eso las personas egoístas tienden a cierto infantilismo). Por eso Carl Jung oponía al ego la individuación como destino de la psique madura que ha hecho consciente el contenido inconsciente y ha integrado los aspectos sombríos de la psique. En otras palabras, la individuación es la aceptación de aquellas cosas a las que nuestro ego se resiste (y como reza el dicho: "lo que se resiste, persiste", permanece en la sombra, en el inconsciente, como un gobernante secreto).

Paradójicamente la individuación en los términos de Jung nos acerca al Ser, que tiene su raíz en el Todo, en el inconsciente colectivo, en el mundo de los arquetipos. Al integrar nuestra psique e individuarnos, podemos expresar el pleito auténtico de nuestra alma, con toda su historia personal, pero en esta hondonada el ser individual se disuelve y se convierte también en el vehículo de expresión transparente del mundo; se disuelve la separación que es la ilusión fundamental del ego.

Creo que el ego, aunque suene contradictorio, no es algo individual, es una alucinación colectiva. El identificarnos con una entidad única que se ha postrado en el mando de un organismo humano con ciertas características y una memoria vinculante a un continuum de historia psíquica es algo que no aprendemos siguiendo la voz "individual", sino dejando entrar e identificándonos con la voz de la multitud, la voz de las masas culturalmente programadas.

Jason Horsley, en su excelente exploración de la individuación y el chamanismo, Escritores del Cielo en Hades, sostiene que el ser individuado experimenta "un exilio temporal de la mente colectiva" que "también implica una conexión empática con el inconsciente colectivo"... se mueve de la perspectiva de “primera persona” —aquella del individuo aislado— a la de la tercera persona del universo completo", de la "realidad subjetiva a la objetiva".

significadoUna importante corriente del budismo sostiene que el yo, el ego, la personalidad, incluso el alma no existen, son meras convenciones lingüísticas atávicas que al repetirlas tanto en nuestro diálogo interno se presentan como realidades contundentes. El universo es anatta (impersonalidad), anicca (impermanencia) y duhkha (desasoiego e insatisfacción). No hay un pensador detrás del pensamiento, sólo hay pensamiento, proceso psicofísico fluctuando; no hay alguien que experimenta algo, sólo hay experiencia. De nuevo Jason Horsley:

Una mentalidad colectiva se mantiene por el reforzamiento constante a través de las palabras: el grupo le dice a sus miembros qué pensar y luego sus pensamientos les dicen la misma cosa que les están diciendo que piensen. Esa es la forma en la que la programación funciona, a través de un comando de autoperpetuación. La realidad se convierte en lo que nos decimos que es real, y qué nos decimos que es real es lo que nos dicen que nos digamos.

La ilusión del ego --de una personalidad constante-- está ligada a nuestra idea del tiempo como una progresión lineal que fluye desde el pasado hacia el futuro. Pero esto parece ser también una ilusión. Según Einstein: "La diferencia entre el pasado, el presente y el futuro es sólo una ilusión persistente". ¿Existe entonces sólo el instante presente, sólo está percepción? Pero entonces, ¿está percepción de alguna manera contiene la totalidad del tiempo, es una avalancha que comprime toda la historia del universo? La persistencia del ego y del tiempo se deben a nuestra mente que forma un ap-ego con las cosas y las dota de un coeficiente de realidad. En su ensayo sobre la sincronicidad, Carl Jung escribe:

En la visión original del mundo, como la encontramos entre hombres primitivos, el tiempo y el espacio tienen una existencia precaria. Se convierten en conceptos “fijos” sólo en el curso del desarrollo mental, gracias sobre todo a la introducción de la medición. En sí mismos, el espacio y el tiempo consisten en nada. Son conceptos hipostasiados engendrados de la actividad discriminatoria de la mente consciente, y forman coordenadas indispensables para describir el comportamiento de los cuerpos en movimiento. Son, entonces, esencialmente psíquicos de origen.

Jung aquí nos introduce a una relatividad de la mente-tiempo-espacio, un continuum que disuelve las fronteras de nuevo entre el sujeto y el objeto y hace de la realidad una construcción perceptual. El ego, que nos ayudó a construir nuestra "personalidad", a darnos confianza y estructurar nuestro rol en el mundo, es el guardián de nuestra propia Matrix, del edificio mental que hemos construido para protegernos del caos y el vacío. 

Lo misterioso aquí es por qué la mente busca preservar las estructuras y jerarquías del pasado; ¿acaso para mantener una arena evolutiva, un escenario de ficción sobre el cual se pueda desdoblar su propia ficción y tomar conciencia de la misma, como el guiño de un ojo que regresa al Sol?

Twitter del autor: @alepholo