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A través de microdonaciones podríamos financiar investigaciones periodísticas y así garantizar su independencia y calidad

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Uno de los principales retos que enfrenta un periodismo autónomo es el financiamiento. Si bien existe más de una forma en la que un medio informativo puede financiarse, lo cierto es que prácticamente ninguna de ellas le garantiza una agenda independiente.

Por ejemplo, muchos medios recurren a la comercialización de publicidad que procede del gobierno, lo cual si bien no necesariamente implica que estarás a su servicio, lo cierto es que a cambio de destinar parte de su presupuesto de comunicación en ti, el Estado espera al menos un par de favores a cambio –algo similar ocurre con anunciantes que invierten fuertes sumas de dinero en un medio y quienes seguramente no van a agradecer que participes difundiendo el próximo escándalo que los implique–. 

En todo caso, y más allá de las particularidades de cada medio, parece que el mayor obstáculo que el periodismo libre tiene por delante es el fondeo: ¿cómo obtener recursos sin comprometer la integridad periodística? ¿cómo solventar los costos de, por ejemplo, un reportaje de investigación sin tener que rendir cuentas a intereses ajenos al espíritu de informar?

Ante estas interrogantes el crowdsourcing (financiamiento participativo) se presenta como una alternativa interesante. Por medio de microdonaciones, podríamos respaldar los costos de un trabajo periodístico y así garantizar tanto su integridad como su calidad. A propósito de esto, la organización Round Earth Media apoya el periodismo independiente mediante diversas iniciativas, y actualmente se encuentra en medio de una campaña para recaudar fondos destinados a tres reportajes de investigación en México, Ghana y Jordania.

Nuestro mundo, cada vez más interconectado, necesita de una nueva generación de periodistas entrenados de acuerdo a los más altos estándares éticos y profesionales, que produzcan noticias e información rica, balanceada y entendida.

En el caso de México, el sitio de noticias Animal Político fue el elegido para que, en caso de que se alcance la meta, produzca una investigación periodística afín a los principios postulados por la REM. De hecho en verano pasado realizó la investigación Menores Migrantes: México cierra la puerta a una generación que huye de la violencia, que incluyó "tres reportajes, así como videos, audios, gráficas y fotografías" alrededor de la pesadillesca travesía a la que deben someterse los menores migrantes con el fin de alcanzar el "sueño americano".  

La campaña para financiar las investigaciones en los tres países está activa en Kickstarter y se propone reunir un total de 27 mil 500 dólares. Aún quedan 6 días (hasta el 2 de noviembre) para aportar algo a este experimento cívico-informativo, y comprobar qué tan viable es contemplar el crowdfunding como un potencial motor de periodismo independiente (si te interesa donar a partir de un dólar, puedes hacerlo aquí).   

Así que independientemente del futuro de este experimento, parece más que apropiado involucrarnos activamente, desde nuestras respectivas trincheras, en la construcción de un mecanismo viable para asegurar que el acto de informar encuentre un cause que lo libere de intrincadas agendas. A fin de cuentas, si esto ocurre parece innegable que todos saldremos beneficiados.

Twitter del autor: @ParadoxeParadis

 

Turistas chinos muestran aberrante actitud frente a la cultura tibetana (FOTOS)

Por: pijamasurf - 10/27/2014

La propaganda china representa a los tibetanos como una raza inferior

La tensa situación política entre el gobierno chino y el Tíbet no se beneficia del turismo. Según la asociación Tibet Watch, la propaganda china representa a los tibetanos como una raza inferior, al mismo tiempo que promueve un turismo descontrolado que en la primera mitad de 2013 alcanzó los 12.9 millones de visitantes, lo cual excede a la propia población del Tíbet (3.4 millones).

Y es que la "disneyficación" del Tíbet por parte de los turistas ha alcanzado un grado de obscenidad impresionante: tratan a la población nativa como piezas de museo, trepan en estatuas sagradas e incumplen protocolos de visita a sitios sagrados con regularidad, transgresiones que Tibet Watch ha recogido en el reporte Culture Clash: Tourism in Tibet.

Imágenes como estas han sido recabadas de blogs de turistas chinos, y los expertos no cuestionan su autenticidad: cualquier visitante del Tíbet puede constatar que la falta de respeto a los símbolos y sitios sagrados por parte de los turistas chinos no es una excepción aislada.

Tom Grunfeld, especialista en historia tibetana de la State University of New York afirma que los turistas chinos "no muestran ningún respeto, por ejemplo, al apuntar sus cámaras en el rostro de los lamas". Esta situación no se presenta solamente en el Tíbet. El año pasado, un adolescente chino rayó su nombre en un templo egipcio de 3 mil 500 años de antigüedad, y en Taiwan, una madre permitió que su hijo defecara en el suelo de un aeropuerto, lo que forzó a las autoridades chinas a emitir una ley de turismo, para tratar de controlar las faltas de respeto de sus ciudadanos en el exterior.

Pero según Grunfeld, "el gobierno [chino] no ha hecho ningún esfuerzo para ayudar a los chinos a entender o respetar a los tibetanos ni a su cultura". Para Tibet Watch, "la propaganda del gobierno en el caso del Tíbet es muy negativa, y creemos que está llevando a la gente a ver a los tibetanos de manera negativa".

A decir de Grunfeld: "El punto es que [los tibetanos] sienten que su cultura y su idioma están en peligro". Los tibetanos siguen sin tener libertad de tránsito en su propio territorio, mientras los chinos tienen libre acceso. Es por ello que los tibetanos "se sienten como ciudadanos de segunda clase", concluye Grunfeld. "Es similar a los afroamericanos en los Estados Unidos antes de los 60".