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A 46 años del 2 de octubre, se aviva el eco de la movilización estudiantil en México

Por: Ana Paula de la Torre - 10/01/2014

Un exrecluso estudiantil del 68 refiere a los nuevos movimientos como un probable y afortunado hartazgo conjugado con acción

marchaÁngel Mendoza tiene un bigote porfiriano, buen porte, cultura, está informado y conduce un taxi en el DF. Se lamenta del tráfico causado por las últimas protestas de los estudiantes del Instituto Politécnico Nacional (IPN), aunque simultáneamente está orgulloso de que los jóvenes se movilicen: “Algo pasó con México que desde el 68 los habitantes nos quejamos de lo que ha hecho el gobierno, sobre todo en la economía, pero no actuamos”. Recuerda con nostalgia el 68, cuando cientos de estudiantes fueron asesinados por el gobierno mexicano para que el país quedara libre de disturbios en los Juegos Olímpicos celebrados ese mismo año. Él mismo estuvo preso como producto de las manifestaciones.

Mendoza fue alumno en ese periodo de la Vocacional 5, la preparatoria donde se generó el movimiento tras una riña al terminar un partido de futbol, que ocasionó inconformidad entre los estudiantes cuando los granaderos ingresaron abruptamente a las instalaciones de este prepa.

Casi 50 años después, dos incidentes, la muerte de normalistas en Iguala, Guerrero, quienes habían tomado algunos autobuses y fueron baleados por policías municipales, y la serie de protestas de alumnos del Instituto Politécnico Nacional en las que han participado más de 50 mil jóvenes se han gestado a unos días que se cumplan 46 años del crimen de Estado.

Ángel Mendoza conduce su taxi y se alegra de que los estudiantes hayan salido a la calle: “Los quieren convertir en técnicos en lugar de ingenieros”. Y reafirma que hoy es difícil que la sociedad reaccione: “Nos vendieron la democracia como remedio para los males sociales, pero en México los problemas son los mismos, con la diferencia de que ya no nos sorprendemos por ello”.

“En  los sesenta los jóvenes salieron a las calles por un hartazgo hacia un partido autoritario insostenible, pues los tiempos estaban cambiando. Las personas tenían más conciencia de su búsqueda de libertad, al menos en sus derechos individuales”. Hoy, después de casi 50 años dos movimientos estudiantiles están en las calles, en Guerrero fueron asesinados tres estudiantes por policías municipales y, como si de ficción se tratara, hay más de 40 desaparecidos que, se estipula, están escondidos por temor a la represión.

En el marco del la conmemoración del 2 de octubre de 1968, cuando el gobierno atacó a miles de estudiantes, se está gestando un movimiento estudiantil sin precedentes en los últimos años. Según Mendoza, puede ser un segundo capítulo de hartazgo social reflejado en la clase joven: “Ojalá, porque la apatía generalizada es muy vacía”. (…) En los sesenta los estudiantes leían a Marx y se empoderaban con las ideas de este; hoy los jóvenes están más conscientes de que el gobierno los necesita en las elecciones”.

Twitter de la autora: @anapauladelatd

Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la posición de Pijama Surf al respecto.

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Las múltiples maravillas inscritas en la naturaleza de los pulpos podrían ser un buen pretexto para inaugurar un credo alimenticio basado en la empatía y la admiración

OCTOPODIDAE

En décadas recientes, afortunadamente, la alimentación se ha posicionado en la mente colectiva. Quizá como respuesta a muchos años de abuso de sustancias y procesos nocivos –recordemos que los ochenta y noventa fueron la era dorada de los conservadores y el fast food–, en Occidente la alimentación se ha convertido en un tema prioritario para la investigación científica, considerándose como un aspecto esencial dentro de las estrategias médicas y motivando miles de charlas, discusiones, documentales y libros, que promueven el "bien comer" como uno de los recursos más poderosos que tenemos para vivir de forma saludable.

Cada quien es libre de elegir lo que quiere comer de acuerdo a sus principios y fines existenciales. Sin embargo, tal vez nos encontramos en un punto de nuestra historia en el cual pareciera más que apropiado ejercer una ética alimenticia. Y no sólo por las consecuencias palpables que lo que ingerimos provoca en nuestro organismo; también porque tenemos pendiente el retomar un diálogo simbólico y activo con nuestro entorno, con sus recursos y riqueza, de los cuales, por cierto, hemos abusado torpemente (¿sabías que logramos que desapareciera 52% de la fauna salvaje en tan sólo 40 años?). 

Dentro de este contexto, la empatía se presenta como un instrumento ideal para guiar esta redención. Básicamente se trata de honrar esos lazos sensibles que en algún punto de nuestra conciencia establecemos con una amplia otredad. 

La fascinante sofisticación de los pulpos

Entre la inabarcable diversidad que presume la fauna en este planeta, sin duda los pulpos ocupan un lugar especial. Su intrigante inteligencia, sostenida por una red neuronal equitativamente distribuida a lo largo de su cuerpo (como un cerebro omnipresente), sus dotes fisiológicos que incluyen un magistral talento para mimetizarse con el entorno y lograr así un camuflaje impecable, o unos alígeros e híper precisos movimientos, y su sofisticado proceder que se manifiesta, por ejemplo, en la práctica de decorar sus "hogares" con piedras y residuos marinos (rasgo que, por cierto, inspiró la canción "Octopus's Garden").

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Dejar de comer pulpo como credo alimenticio

Tomando en cuenta las anteriores cualidades de los cefalópodos, y tras advertir que estas son sólo algunas de las maravillas implícitas en estos fascinantes animales, podríamos aprovechar la admirable sofisticación que estas implican para detonar una vertiente inaugural (o complementaria, según el caso) de nuestro credo alimenticio. Y es que al profundizar ligeramente en la naturaleza de los cefalópodos es muy probable que alcances un momento de estupefacción, tras lo cual resulta casi necesario el cuestionarte sobre el acto de comer pulpo. 

Uno de los pioneros de esta práctica, la abstención cefalópada, es Jaron Lanier, uno de los más brillantes cibercientíficos y pionero de la realidad virtual. Hace años, Lanier optó por este recurso luego de que presenciara un video en el que se mostraba la hipnótica habilidad que tienen los pulpos para camuflarse.

Así que a pesar de que desde cierta óptica este texto podría parecer un ejercicio casi ridículo, en realidad trata de apelar a la experimentación empática como un recurso evolutivo, asociado en este caso con la ética alimentaria. 

* Y si aún no estás convencido, te invito a ver los siguientes textos y videos:

Aether ballet: pulpo blanco danza a ritmo de sonata de Beethoven (VIDEO) 

Luiz Antonio, el niño con cautivadora intuición vegetariana (que se resiste a comer pulpo)

Pulpos usan herramientas, se comunican con lenguaje psicodélico

Why Not Eat Octopus?

 Twitter del autor: @ParadoxeParadis