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Una mirada meditativa y microscópica al bosque hace que el hombre altere su conciencia y se asuma como parte de un mandala ecológico; esta es la historia del biólogo David Haskell

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La mayor parte de la información de un lugar pasa fuera del rango de nuestros sentidos y nuestra percepción consciente. Esto se multiplica en un área de una densidad biológica como puede ser un bosque, donde conviven miles de millones de seres vivos: una matriz de diferentes phylums en una danza entre la simbiosis y la voraz competencia. No nos detenemos a observar este mundo profuso que habita alrededor nuestro --arriba y abajo, con sus propias historias y dramas, y una enorme belleza si tan sólo somos capaces de poner atención.

El biólogo David Haskell decidió, en vez de abarcar una amplia área de estudio como puede ser todo un bosque, concentrarse en una pequeña parcela de tierra, fundamentalmente un metro cuadrado en una ladera en Shakerag Hollow, Sewanee, Tennessee. Un espacio reducido que se convirtió en un mundo pletórico, un íntimo camposanto o un microcosmos de la complejidad de todo el bosque, de cada organismo e incluso del planeta mismo como una red de vida. Mezclando la observación científica con la meditación zen y la descripción poética, Haskell escribió el libro The Forest Unseen: A Year's Watch In Nature, un zoom de un año a este espacio elegido en la floresta: el bosque no visto. Casi siempre, cuando logramos aguzar la mirada lo suficiente, concentrar nuestra atención, ya sea con un telescopio o un microscopio, pero también con la mente y los sentidos, escuchar el silencio o el viento y respirar y dejar que el pensamiento se detenga en una hoja y absorba su existencia, entonces, el mundo se revela con una encantadora belleza, con una riqueza que llena el espíritu. Esto es lo que este fascinante ejercicio nos demuestra.

Haskell habla del concepto de un lente manual con el cual podemos focalizar una rebanada de la existencia, que a su vez es un puente hacia la totalidad --el lente de mano como una herramienta para percibir "el mundo en el grano de arena", el reino de la cáscara de la nuez. Esta herramienta tiene su paralelo en la meditación: cuando uno se concentra solamente en la siguiente respiración, en un palmo de existencia, podemos acceder a lo infinito. "Al estrechar el foco, las cosas se vuelven más nítidas. Como a través de una cámara estenopeica, de un pequeño agujero. Esa es la paradoja de la existencia contemplativa, al hacer menos y hacerlo más lento, puedes ver más --o al menos ver de una forma distinta. Al ver otras especies en el planeta, nos conocemos mejor a nosotros mismos. Así que realmente es un reflejo", dice Haskell.

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Haskell se describe como un "predicador de ramas" y ahora se inscribe en la tradición de los naturalistas estadounidenses, que incluye lo mismo a científicos y artistas, que han encontrado solaz espiritual en la contemplación de la naturaleza. De hecho, uno de los temas de su libro es la disolución del yo en la red orgánica de seres que forman parte del ecosistema del bosque. "No soy un sujeto observando objetos. Soy parte de este mandala", dice Haskell. La naturaleza se erige no como un lugar para trascender o encontrar un sentido ulterior, sino simplemente para incrustarse en un orden, para activar un sentido de pertenencia y abolir la ilusión de la separación, a la vez que se exalta la belleza de la complejidad y la diversidad.

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Algunas de las impresiones de Haskell después de pasar un año observando este pedazo de bosque: "En la ecología no hay gran diseñador o compositor, el orden va del suelo hacia arriba, de todas las interacciones individuales entre estas especies y estas redes produciendo algo más grande que es como una música sin componer. No hay un gran diseñador dirigiendo el movimiento de cada hormiga. La ecología es interesante porque hay una armonía pero también una gran cantidad de disonancia y caos".

 

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"El bosque es dominado por pequeñas e inconspicuas criaturas. Las aves y los mamíferos llaman más la atención, pero la vasta mayoría de los animales presentes son pequeños insectos, caracoles, gusanos y otros animales invertebrados. Echarme al suelo con un lente era la mejor forma de ver esto", dice Haskell. Es de destacar, en este fascinante libro, la poesía de los líquenes, seres híbridos que llenan de color la superficie mineral del bosque formando una montaña miniatura, y del reino fungi que forma una ciudad constelada de agua:

Y ahí están, debajo de mis pies, todas estas extrañas estructuras. Y podrías imaginarte naves espaciales volando por ahí, y en realidad sí las hay en la forma de jejenes-hongo. Y luego a través del lente viene una enorme babosa. Sabes que sólo mide uno o dos centímetros, pero a través del lente manual se revela como una magnifica criatura cubierta por un vidrio brillante. Soy un gran entusiasta de la legalización de los lentes de mano, porque te llevan a un estado mental alterado. Y no contribuye al tráfico de drogas.

 

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Recomendamos mucho el libro The Forest Unseen: A Year's Watch In Nature y también visitar el blog de Haskell, en el cual tiene numerosas fotografías y grabaciones de audio ambiental, así como una serie de impresiones de filosofía natural.

Twitter del autor: @alepholo

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Visualización, mandalas terapéuticos, autohipnosis y el uso de la imagen como un agente de representación curativa y reprogramación mnemónica

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En el vientre virgen de la imaginación, la palabra se materializó. James Joyce

Desde aquellas primeras pinturas en las cuevas paleolíticas, las imágenes han sido usadas como encantamientos para actuar sobre un objeto y operar cambios en la naturaleza. Esta naturaleza mágica asociada a la imagen nos sigue acompañando hoy en día en el cine y en la publicidad que logran penetrar el fuero interno de las personas para influir y provocar ciertos comportamientos. Como decía Fitzgerald, "las películas nos han robado nuestros sueños", esto en tanto que han logrado ocupar su lugar y proyectarse, por así decirlo, en el teatro de nuestra mente.

La fuerza "mágica" de la imagen opera a través del vínculo que establece entre un objeto y su representación. Se genera una transferencia psíquica entre la imagen y la mente que percibe esa imagen (la mente puede ser la misma fuente de esa imagen y establecer una relación dual de diferencia e identidad con la imagen: yo soy la imagen que tengo de mí mismo y a la vez no soy esa imagen, como sucede con el retrato de Dorian Gray). La imagen es la forma en la que la psique se comunica consigo misma, se sale de sí para verse (desconociéndose o reconociéndose). Es una concentración simbólica de su propio contenido que conserva en mayor o menor medida, como un doble o un avatar, una relación de identidad vinculante: lo que le pasa a la imagen nos pasa a nosotros, con la graduación del nivel de nuestro involucramiento simbólico. Pilotear un drone que descarga bombas en Irak a través de una computadora, ver a Leonardo DiCaprio hacer lo que nosotros queremos hacer en una película (el efecto diegético), interactuar con otra persona a través de un avatar en una red social o despertar creyendo que somos una mariposa después de un sueño particularmente nítido son experiencias de diferente intensidad pero en todas ellas hay un afectación entre las imágenes y la representación. La realidad ya era virtual antes de la realidad virtual.

Debido a que la mente humana no distingue tajantemente entre las experiencias vividas y la memoria y la imaginación, las imágenes mentales y el tratamiento que les damos pueden ser utilizadas como las mismas experiencias para programar al organismo y formar hábitos, que a su vez son conexiones neurales codificadas: un mapa específico de contenido psíquico que reproducimos en la mente y se convierte en un nodo estructural de nuestro comportamiento aprendido, en el sistema operativo que nos rige en respuesta a ciertos estímulos. El hecho de que para el cerebro imaginar que estamos comiendo un helado o comer un helado  (o imaginar que tenemos sexo, viendo porno, por ejemplo y el acto sexual mismo) puedan confundirse y activar las mismas regiones neurales, es algo que puede ser usado en tu contra --a menos de que lo uses a tu favor.

Mandalas, magia y medicina

Mis mandalas son criptogramas sobre el estado del ser que se me presentaba cada día de nuevo... Los guardaba como perlas preciosas... se volvió sumamente claro que el mandala es el centro. Es el exponente de todos los caminos. Es el camino del centro, a la individuación. Carl Jung.

[caption id="attachment_84900" align="aligncenter" width="460"]jung-first-mandala El primer mandala de Jung. ¿Es el mapa del cosmos el primer mandala? Las relaciones de los astros entre sí: un espejo de la psique y su relación con el mundo[/caption]

No resulta, entendiendo lo anterior, nada extraño que la visualización haya sido usada históricamente como un arte mental para operar cambios en la naturaleza. Lo que nos interesa específicamente es la sanación a través de la visualización o la representación de imágenes y fenómenos simbólicos íntimamente ligados a la historia personal de un individuo. En ciertas tradiciones budistas, por ejemplo, se otorga un mandala personal (un centro visual articulado para representar algún aspecto del orden del universo o de la jerarquía divina que tiene una particular relación simbólica con el proceso que atraviesa el individuo). Este objeto puede ser físico o metafísico  (es el mapa y es la entrada al territorio numinoso) y tiene varias funciones, entre ellas sirve como un espacio de meditación para concentrar la atención, pero también puede cumplir la función de cifrar una especie de santuario o región protectora que cobija al usuario. En ambos casos, el cerebro del usuario se modifica al usar esta tecnología de la imagen.

En el centro de la filosofía jungiana está la idea de que el inconsciente es el depositario de la memoria transpersonal del hombre y, en tanto que este es imagen del universo, también de la memoria cósmica, la cual comunica a través de símbolos como un arcano proyector cinematográfico en el centro de un laberinto. El credo enunciado por Jung, ‘"Prometo lidiar con todo fenómeno como si fuera un trato particular entre Dios y mi alma", sirve como punto de partida en la iniciación en el juego de sombras de la vida hacia el misterio del ser, que en su individualidad es una representación del universo o de la totalidad de la existencia en un proceso de integración. Este credo es mejor entendido como un juramento mágico, una especie de técnica de la mente para despertar un proceso de conciencia y voluntad. A fin de cuentas es una decisión de reencantar la existencia, de conectar el fenómeno con el noumeno y ver en todo lo que nos sucede un lenguaje y un significado. De esta forma todas las imágenes que surgen están cargadas de una energía numinosa y contienen información que lleva en última consecuencia hacia la fuente universal, son manifestaciones del alma de las cosas que no sólo debemos de interpretar (partes centrales del puzzle existencial) sino que también podemos usar como mecanismos de sanación (en tanto que el significado de las cosas se traduce en una memoria operativa). 

[caption id="attachment_84898" align="aligncenter" width="496"]mandalas-jung-atlanta Mandala de un paciente de Jung. Insinuación del Ouroboros, la psique que se completa a sí misma[/caption]

Jung utilizaba los mandalas de sus pacientes justamente como un centro aglutinante del contenido de su inconsciente, un eje a través del cual integrar su psique, como un vórtice centrípeto en el cual arrojar el detritus y hacer la alquimia. El mandala como una forma de desocultar y ordenar aquello que por definición yace fuera del alcance de nuestra atención vigilante: lo inconsciente, la sombra. La misma entropía, la misma fragmentación de la psique es reconceptualizada como una forma integral con una resonancia cósmica: cobra sentido. El mandala en este marco terapéutico confiere significado a la psique (que se reimagina como un centro, un núcleo, en una red de relaciones significativas y por lo tanto bajo un orden, transitando una senda, con un sentido de pertenencia); y ya sea esto o no una ilusión, sirve para transformar al ser humano y detonar una respuesta voluntariosa, como una especie de placebo metafísico. El gran maestro suizo escribe:

En tales casos es fácil ver cómo el severo patrón impuesto por una imagen circular de este tipo compensa el desorden del estado psíquico --sobre todo a través de la construcción de un punto central en torno al cual todo se relaciona o por un arreglo concéntrico del múltiple desorden de los elementos contradictorios e irreconciliables. Esto es evidentemente un intento de autosanación de parte de la Naturaleza, que no surge de la reflexión consciente sino de un impulso instintivo.

Dentro de la psique hay un centro operativo que conecta al individuo con una sabiduría que trasciende su personalidad, la fuerza integradora del alma (algo como un asiento oceánico en el fondo orgánico). La psicología jungiana busca sólo sintonizar ese proceso, colocarse en el sentido en el que fluye ese río de la misma forma que el alquimista cumplía su obra siguiendo e imitando el curso que llevaba intrínsecamente la naturaleza. El arte imita a la naturaleza (que, según la filosofía hermética, es el arte de Dios). 

El principio básico a través del cual opera la hipnosis tiene varios paralelos con el uso de un centro visual para resignificar y reconducir un proceso de sanación. Fundamentalmente se revive una memoria para cambiar su sentido (como cuando abrimos un archivo y le cambiamos el nombre: usando la función de guardar como). Esta memoria puede ser sólo una imagen de una experiencia que vivimos. Imaginamos una experiencia traumática y la revivimos en la mente de una manera distinta, de tal forma que se modifique su significado; esto ocurre en un plano de transducción de información. Si las condiciones son las adecuadas, reconsolidamos esa memoria de manera distinta, codificada conforme a otro conjunto sináptico y entonces el efecto que tiene ese contenido de memoria es otro y puede que ya no afecte nuestro comportamiento, de tal manera que si antes éramos alérgicos a algo o teníamos una marcada fobia o incluso una cierta enfermedad, esto puede cambiar inmediatamente sólo utilizando este giro narrativo simbólico. El contenido de memoria es siempre forma programativa. Hay un principio hermenéutico en la realidad humana: somos como recordamos que somos y no como lo que nos sucedió... el recuerdo, que es una reproducción (un replay constante), muchas veces ocurre en un nivel profundo al cual no tenemos acceso --como un cine perpetuo en el sótano-- pero que podemos evocar con técnicas como la hipnosis o la visualización de imágenes simbólicas... y alterarlo o encausarlo hacia su disolvencia. 

Al igual que ese proceso de advertir y alinearse con el proceso de "autosanación de parte la Naturaleza", la escuela ericksoniana de la hipnosis también confía en la naturaleza que tiende a sanar, como el cuerpo tiende a la homeostasis, a encontrar ese inner milieu (de hecho, la enfermedad no es otra cosa que la búsqueda del equilibrio del cuerpo). (La duración de una enfermedad habla de una disociación operativa, de un loop que sobrevive al agente agresor, de una falta de comunicación entre la psique y el cuerpo, de una perdida de unidad y una desarticulación de la voluntad del ser). Así en muchos casos los terapeutas que recurren a la hipnosis ericksoniana piden al paciente que haga una recapitulación en un escenario simbólico en el que entrega sus recuerdos y sus emociones asociadas a "la fuerza dadora de vida" o a "la sabiduría universal", la cual es representada en una imagen, que bien puede ser un mandala, la cual actúa como el horno de los alquimistas, el atanor que transmuta en la psique los metales pesados que bloquean la destilación del espíritu.

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El hecho de que la hipnosis funcione tiene una implicación que me hace pensar en la forma última en la que Jung concebía el universo. Más que como una línea de causa y efecto, como una simultaneidad de conexiones significativas. Un mundo en el que la realidad se construye a través de la forma en la que la significamos. Para Jung el espacio y el tiempo no existen de manera independiente de la mente y por lo tanto la dimensión del sentido o del significado es tan fundamental como la dimensión de las fuerzas físicas. Las cosas son símbolos –los símbolos operan sobre la naturaleza. La llamada "sincronicidad" es una relación de simultaneidad entre lo que ocurre en la mente y en el espacio-tiempo; simultaneidad que no implica causalidad sino conjunción: una relatividad psicológica. La mente y el espacio-tiempo son relativos, están unidos por los hilos invisibles del significado, la cualidad misma del espacio-tiempo. Un cambio de significado puede ser un cambio en la materia. Esto es algo que experimentamos diariamente: la forma en la que procesamos información en nuestra mente altera la forma en la que se comporta nuestro cuerpo (el estrés, los miembros fantasmas o el placebo son sólo algunos ejemplos de esto). Si cambiamos el texto que nos representa, nos convertimos en otros. El terreno del uso de las imágenes para alterar la naturaleza ha sido largamente explotado por la magia y el arte; es hora de que la ciencia médica también entre a la cancha y podamos catalizar el poder de la imaginación: ese recurso natural infinito que yace en el manto profundo de la mente inconsciente.

Twitter del autor: @alepholo