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En el siglo XVI en Alemania brotó un movimiento de geometría imaginativa que es el claro precursor de las visiones de Escher y de otros ilustradores que han fascinado a la imaginación humana

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Hay geometría en el zumbido de las cuerdas, hay música en el espaciado de las esferas.

Pitágoras 

Durante el siglo XVI, en lo que se conoce como el Renacimiento del norte en Alemania, brotó un pequeño movimiento de geometría fantástica o geometría imaginativa, el cual es el remoto precursor de los dibujos de M. C. Escher o del ilustrador surrealista Albert Flocon. El también ilustrador Daniel Wade ha hecho una formidable labor de historiografía ubicando a los autores de este movimiento encabezado por Wenzel Jamnitzer, el cual da pie al libro Fantastic Geometry: Polyhedra and the Artistic Imagination in the Renaissance. Estos artistas, muchos de ellos orfebres, transmutaron las ideas de Pitágoras y los sólidos platónicos en arte geométrico dinámico, extraordinariamente imaginativo, una especie de danza de las formas arquetípicas que resulta asombroso ubicar hace 500 años cuando aún hoy nos sorprenden estas hipnóticas visiones poliédricas. No sólo observamos los trazos de la evolución estética, sino también podemos detectar fragmentos de la historia de la imaginación, de cómo se va moldeando la posibilidad de articular el espacio mismo y penetrar las formas ocultas, creativas de la naturaleza. En estas imágenes podemos observar reliquias de sueños o de visiones místicas. La imaginación se convierte en un órgano para percibir las formas con las que el Gran Arquitecto construyó el mundo. En palabras de Platón: "Dios geometriza", y de Kepler: "Donde hay materia, hay geometría". 

La figura clave, Wenzel Jamnitzer, fue un orfebre manierista  y grabador de aguafuerte con estudios científicos, cuya especialidad era el oro y cuyo trabajo fue altamente estimado por la corte del Sacro Imperio Romano, incluyendo a Carlos V, Fernando I, Maximiliano II y Rodolfo.

La obra principal de Jamnitzer es Perspectiva Corporum Regularium, donde relaciona formas geométricas con las vocales, los elementos y la música de las esferas en un atisbo de alquimia y ciencia hermética. Este libro extraordinario, donde las fantasías geométricas florecen a la luz de las matemáticas clásicas y la perspectiva, gestó una serie de seguidores que a su vez fueron experimentando con esta plantilla de geometría imaginativa. Un movimiento gráfico en resonancia con las formas platónicas que ha derivado en diversas muestras contemporáneas.

  

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Fuego-Tetraedro

 

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Agua-Icosaedro

Albert Flocon, el gran ilustrador alemán, amigo de Escher y de Gaston Bachelard, escribió una introducción al simbolismo de la obra de Jamnitzer, la cual nos llega vía el blog de alquimia Ars Gravis:

Pasemos a los cinco frontispicios de los cuerpos elementales [aquí, a la derecha de la diapositiva]. En cada uno de ellos el medallón central, soporte del texto, sugiere por su forma el propio elemento: la llama para el fuego, el fuelle para el aire, la hoja para la tierra, la concha para el agua, el círculo resplandeciente el cosmos.

El FUEGO es el elemento que nuestro orfebre teme más. Sale de una «marmita» sostenida por dos dragones que escupen llamas. A despecho de dos niños que encienden la lámpara y la vela, cañones, morteros, arcabuces, bombas y flechas incendiarias, antorchas y espoletas, todo arsenal militar domina la escena. En el centro de la parte superior figura un joven guerrero flanqueado por dos angelotes que el fuego atrae irre­sistiblemente.

El AIRE sale de un fuelle y anima la llama de un brasero; en lo alto de la perpendicular central un ángel del viento, abajo dos águilas desplegadas. Angelotes músicos, organistas, herreros, molineros, desen­cadenan toda una circulación aérea y sonora. Instrumentos de viento: cornamusas, trompetas, cuernos de caza y pájaros cogidos a lazo.

La TIERRA está representada por una hoja en forma de corazón. El macho cabrío y la cabra se alimentan del contenido de un cuévano abun­dantemente provisto, sujeto por una cabeza de león (este mismo emble­ma es también el sello de orfebre de Jamnitzer). Dos angelotes se ati­borran de fruta, otros dos sostienen cuernos de la abundancia. En la cima del eje central vertical se alza una cabeza de toro. Dos trofeos de instrumentos aratorios y productos de la tierra están suspendidos en las volutas que rebosan igualmente de frutas y verduras, algunas de especies poco comunes en esa época. En esta composición el orfebre ilustra su elemento predilecto.

El AGUA está simbolizada por una concha. Sobre un fondo de cañas unos remos cruzados están flanqueados de peces fantásticos. Dos ange­lotes reman, otros dos vierten el contenido de sus ánforas sobre mon­tones de peces, mariscos y batracios; trofeos de tridentes y productos de la pesca: evocación acuática de un hombre de tierra adentro. El texto de esta lámina ondula como las olas.

El CIELO, simbolizado por tres círculos resplandecientes que repre­sentan las nubes, configura aquí el universo del astrónomo. Seis angelotes miden, observan, ninguno admira. Todos tienen un equipo científico completo a su disposición: regla, compás, escuadra, aspilla, sextante, reloj de sol, astrolabio, esfera armilar. La Luna, el Sol y una estrella de seis puntas subrayan la perpendicular. El texto de la cartela termina con la invocación: Que Dios sea alabado por toda la eternidad.

 

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El Cielo o Éter, el quinto elemento.

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Ilustración: Lorenzo Stoer

 

Otro de los grandes exponentes de este pequeño boom de geometría fantástica fue el pintor de la ciudad de Augsburgo, Lorenz Stöer, quien en su libro Geometria et Perspectiva nos legó estas ilustraciones que mezclan formas geométricas con paisajes bucólicos, una especie de ciudad fantástica en el bosque que puede recordar lo que imaginó Edward James en Xilitla, México o la frase de Heráclito sobr el Eon que juega con bolas de colores que tanto gustaba a Terence Mckenna para describir los mundos élficos fractales del DMT.

 
 

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Geometria et Perspectiva-- Lorenz Stöer

 

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Ilustración: Johannes Lencker

 

Johannes Lencker fue otro de los ilustradores de este poco conocido pero rutilante movimiento que se expandió también a Italia, donde participó Lorenzo Sirigatti.

Lorenzo Sirigatti

Lorenzo Sir

 

Twitter del autor: @alepholo

500 millones de usuarios de iTunes se descubrieron dueños del nuevo disco de U2, cortesía de Apple. Fue el lanzamiento de un álbum más grande de la historia, pero, ¿también la diseminación de spam y propaganda musical más grande?

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Las presentaciones de Apple de sus nuevos gadgets tienen algo de mesiánicas: es como si revelaran la llegada de una dúctil deidad con la que todos podremos comulgar (una deidad portátil que de alguna forma nos convence que es otra y que la necesitamos, ya que es increíblemente desechable). Un estudio mostró que esta marca en realidad produce efectos similares a la religión en nuestro cerebro. Y en el mundo secular en el que vivimos, es difícil que haya una fiesta mediática mundial que domine la agenda noticiosa como ocurre con la presentación del nuevo iPhone --de nuevo, es como si se ofreciera el tabernáculo al pueblo. La omnipresencia e íntima penetración de los gadgets --más el aura sacra del diseño minimalista-- hacen que Apple tenga la capacidad profética de convocar a las masas, capturar su atención de manera hipnótica y desencadenar una ola de conductas preestablecidas.

Para aquellos que sintonizaron el lanzamiento, al horror en sí de esto se sumó la presentación en vivo de U2, que lanzó su nuevo álbum, Songs of Innocence, de la mano de Apple, cumpliendo así la mancuerna perfecta de marketing y mesianismo (Bono, el hombre en una misión por salvar al planeta). El CEO de Apple, Tim Cook dijo, después de que U2 tocara su single "The Miracle (of Joey Ramone)" (posiblemente un intento de cooptar el legado del punk en su pop inspiracional): "¿Acaso no fue el mejor single que jamás hayan oído? Nos encantaría un disco completo de eso". Y efectivamente había un disco completo de eso. Los 500 millones de usuarios de iTunes recibieron la sorpresa (o el malviaje) de que el nuevo álbum de U2 estaba ahí esperándolos desde el martes por la noche (¿como si alguien te empujara una horrible merienda por la boca?). Bono había dicho en el evento "y ahora cómo hacemos para que llegue a la mayor cantidad de personas? Porque eso es lo que queremos", como si se tratara de un esfuerzo filantrópico de brindar su música al mundo como un virtuoso tónico para nuestra era desamparada. Copiaron el modelo antes implementado por Radiohead o hasta Beyonce, entre otros; sólo que, al parecer, este es el lanzamiento más grande en la historia de la música. Según señala el Washington Post, a Apple le costó 30 millones de dólares el numerito de que U2 se presentara en su evento y ofreciera su disco "gratis" en iTunes --la cifra es inane cuando pensamos en las ventas garantizadas para el iPhone 6 y el nuevo reloj de la marca.

Este lanzamiento masivo, épico para Bono, por otro lado puede claramente calificarse como una forma de spam y nefando adoctrinamiento cultural. Como bien escribe el crítico de música Chris Richards, el álbum se llama Songs of Innocence, tal vez para sugerir que U2 está abandonando un huérfano urgido de un cambio de pañales en tu puerta, y no sólo "un intrusivo cúmulo de canciones de rock famélicas de ideas... es el rock-and-roll como distópico correo basura" (además de ser una apropiación de un libro de William Blake). Richards logra una veta lírica que Bono perdió hace décadas, el álbum está ahí esperándonos como "un catálogo de Ikea, un citatorio a juicio o una infección de streptococcus". Y no sólo una infección patógena cualquiera: una pandemia de 500 millones. Hay cierta justicia poética en que la música de U2 haya devenido literalmente en spam, como reconociendo su esencia en un valeroso acto de aceptación.

El metamensaje de U2 es que, en su "egoísmo mal-aconsejado", nos dicen: "Nuestra música técnicamente no vale nada y todos en el mundo deben oírla". Y ahora tú eres dueño de esa basura, que Apple deja en tu espacio sin preguntarte. Esto es también uno de los virus de spam más grandes de la historia, articulando la visión filantropocapitalista seudoutópica de Bono, donde "lo que te pertenece será elegido para ti", dice Richards. Seguramente Apple y Bono consideran que esto es fenomenal para ellos y para todos; olvidan que "tener" algo no es necesariamente un bien. Por suerte, todavía no programan un candado a los archivos que haga imposible borrarlos. 

Twitter del autor: @alepholo