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Facebook puede convertirse en una pesadilla kafkiana si tu cuenta es cancelada

Por: Javier Raya - 09/24/2014

Las políticas de privacidad y los términos de servicio son los nuevos laberintos donde una burocracia electrónica despliega un ciego poder sobre las relaciones virtuales de millones de individuos en el mundo

A view of Facebook's logo May 10, 2012 i

Michael Letwin, después de una noche de sueños intranquilos, se despertó para descubrir que su cuenta de Facebook había sido cancelada. Un mensaje del sitio le aconsejaba consultar las preguntas frecuentes (FAQ) y los términos de uso, pero no encontró ahí ninguna violación en la que hubiera incurrido. El abogado de Brooklyn afirmó en una entrevista con el New York Times: "Mi perfil no rompía ninguna regla. No hice nada fuera de lo ordinario antes de ser temporalmente expulsado". No se trata de una novela kafkiana, sino de algo que ocurre diariamente a una cantidad indeterminada de usuarios "inocentes": encontrarse culpables de algo, sin saber de qué.

Facebook es la red social de 1.3 mil millones de personas: la compañía administra tanta información que sólo puede compararse con un pequeño Estado virtual, el cual puede negarte la visa de entrada en cualquier momento a sus territorios. Facebook no es un derecho, sino un servicio prestado por una compañía privada, ¿pero qué pasa cuando sus políticas para cerrar cuentas son poco claras, cuando no francamente erráticas? Facebook no ha compartido información sobre cuántas cuentas cierra, ni por qué.

Los usuarios pueden experimentar frustración al no saber qué hicieron "mal" (después de todo, son solamente redes sociales, no cirugías a corazón abierto) o en qué consiste exactamente su castigo. ¿Será una prohibición temporal o definitiva? ¿Y por qué? Al igual que Josef K en El Proceso de Kafka, muchos usuarios se encuentran de la noche a la mañana con que han roto una regla que no conocen (probablemente porque nadie lee los términos de servicio) y enfrentan una sanción que no les parece apropiada.

Como un personaje de Kafka, Letwin se encontró dirigiéndose a contestadoras automáticas, lidiando con sistemas automatizados que tenían poder sobre su presencia en la web y recibiendo prórrogas impersonales para la reactivación de su cuenta

El perfil de cada uno de nosotros en Facebook es como una pequeña "embajada" en en el mundo virtual, la cual puede ser cerrada de improviso y sin aviso alguno, lo cual puede tener consecuencias económicas para los usuarios --aunque las consecuencias personales tal vez sean lo que preocupe a ciertos grupos.

Razones para cancelar tu cuenta

La página prohíbe utilizar un nombre falso, lo que ha desatado una batalla de Facebook contra las drag queens, quienes suelen usar sus nombres artísticos. Para Heklina, el asunto es que "no nos damos cuenta cuán engranado está Facebook con nuestra vida diaria. Me cerraron Facebook por 24 horas y sentí como si me hubieran cortado una extremidad".

Según el abogado Eric Goldman, "cuando Facebook decide cerrar una cuenta, potencialmente puede alterar la vida de algunas personas. Se les corta el acceso a sus comunidades", o incluso a sus posibles clientes.

Pero las reglas de Facebook tienen un propósito: hay gente dedicada 24 horas al día a cerrar páginas de abuso infantil o animal, así como identificar discursos de odio racial, sexual, de género, etc., y negar el servicio a quienes incurran en ello. Algunas restricciones son deseables, ¿pero somos conscientes del poder que tiene Facebook sobre la vida y relaciones de tantos millones de personas? ¿Cuándo permitimos que Facebook pudiera decidir qué usuarios son culpables y cuáles inocentes?

Esta, por desgracia, no es una pregunta retórica: lo permitimos cuando creamos un perfil y aceptamos las políticas de privacidad.

¿Más reglas es igual a mayor libertad?

Monika Bickert, jefa de políticas globales de Facebook, afirma que el objetivo de la red social "siempre ha sido dar con un balance apropiado entre los intereses de la gente que quiere expresarse y los intereses de otros que pueden no querer ver ciertos tipos de contenido".

Las premisas legales pueden ser un buen punto de partida para fijar estos criterios. El problema es que estos pueden tener diferentes definiciones para, por ejemplo, "libertad de expresión". En Turquía, Facebook cierra tu cuenta si insultas al presidente Mustafa Kemal Atatürk, pues en ese país se trata de un crimen (una limitante de este tipo, en México, enviaría a miles de usuarios a la cárcel diariamente). Es el mismo caso con los usuarios que nieguen el Holocausto en países donde hacerlo se considera un crimen.

"Era una cosa kafkiana", admite Letwin. "No sabes si posteaste demasiado, o si diste muchos likes. Las reglas están constantemente cambiando", y los usuarios podemos sentirnos culpables, de antemano, de reglas que no son transparentes. O deberíamos decir, ¿de reglas que nos culpabilizan de antemano?

Según un vocero de Facebook, la cuenta de Letwin fue denunciada por usar un nombre falso (acusación falsa) y uno de los censores de la página, al ver que Letwin administraba la página Jews for Palestinian Right of Return, pensó que había sido denunciado por promover la violencia y el terrorismo. El proceso de Letwin se atrasó semanas, pues no es el único en la fila; una fila en la que, los que esperan, no saben exactamente qué esperar.

El documental que hay que ver acerca de la "letra pequeña" en la era digital es Terms and Conditions May Apply:

 

Twitter del autor: @javier_raya

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El yogurt podría ser el antidepresivo del futuro

Por: pijamasurf - 09/24/2014

La digestión y la depresión están más cerca de lo que podríamos pensar: nuestro sistema digestivo es nuestro segundo cerebro, y cada uno es una pequeña colonia de un innumerable contingente de pequeños organismos

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Tradicionalmente, las emociones están ligadas al corazón. Pero en el plano corporal, sentimos con las tripas: el subidón de la adrenalina, las “mariposas en el estómago” del amor e incluso --paradójicamente-- las corazonadas, son metáforas de algo que ocurre en nuestro sistema digestivo. Y según los microbiólogos, hay una buena razón para ello.

Una veta interesante de investigación es la que busca la conexión entre las bacterias, microbios y gérmenes y la química cerebral. Una ruta puede ser el nervio vago, que va del cerebro al estómago y es constantemente estimulado por bacterias; a su vez, el nervio vago estimula la producción de neurotransmisores, que en gran parte determinan cómo pensamos y nos sentimos.

Y es que nuestros intestinos son el hogar de decenas de miles de bacterias. De hecho, las bacterias constituyen 90% de las células de nuestro cuerpo, y se estima que existen más neuronas en el tracto digestivo que en el cerebro mismo. De hecho, el psiquiatra James Greenblatt incluso ha afirmado que “los intestinos en realidad son tu segundo cerebro”, investigando sus implicaciones para las enfermedades mentales. Pero, en otro ámbito, ¿podríamos decir que nuestra alimentación afecta cómo pensamos a nivel neuronal?

En un experimento del College Cork en Irlanda, el neurólogo John Cryan dejó a una camada de ratones crecer en un ambiente estéril y libre de bacterias, los cuales pronto presentaron comportamientos antisociales y semiautistas. Sus cerebros presentaban también diferencias en los patrones de serotonina y proteínas involucrados en la neuroplasticidad. Aquí entra el yogurt.

Un estudio demostró que darle a estos ratones una dieta que incluyera probióticos revertía los síntomas de autismo. Pero lo más sorprendente es que cierto tipo de probiótico era capaz de calmar a un ratón ansioso. Otro experimento de 2011 en voluntarios humanos mostró similares resultados en cuanto a reducción de ansiedad y estrés al ingerir Lactobacillus helveticus y Bifidobacterium longum durante 30 días.

En 2013, un equipo de la UCLA demostró que las mujeres sanas que comen yogurt dos veces al día mostraron cambios en lugares del cerebro asociados al proceso de emociones.

Probióticos evolutivos

La hipótesis de Cryan y otros colegas (aunque ampliamente especulativa) es que las bacterias tuvieron un rol evolutivo en el desarrollo de la sociabilidad humana, o mejor dicho, en el proceso mismo de hominización.

A medida que las sociedades crecieron y se complejizaron las tareas (dando lugar a esquemas de cooperación y disputa en todos los ámbitos), nuestros ancestros cavernarios tuvieron que aprender a lidiar unos con otros. Desde una “perspectiva bacteriana”, mientras mejor adaptados estuvieran los humanos --es decir, mientras más sociables fueran y tuvieran condiciones de vida más estables-- mejor podían prosperar las colonias en la flora intestinal, creciendo y multiplicándose en nuestro interior mientras nosotros hacíamos lo propio en el resto del planeta.

¿Acaso imitándolas sin saberlo?

Por desgracia, Cryan y compañía aún no saben qué tipo de probióticos tratarán síntomas psicológicos específicos --sólo saben que es posible hacerlo. Aún no es tiempo de cambiar los antidepresivos por yogurt, al menos no desde la perspectiva científica.

“Los probióticos son drogas”, dice Cryan. “Las drogas hacen cosas. Si tienes alergia, tomas antihistamínicos, [estos] harán algo, pero si tomas estatina, no pasará nada”. Lo que sigue es diseñar probióticos cuyos comportamientos individuales y colectivos seamos capaces de prever y conocer de antemano, lo que de todas formas alberga una perspectiva estimulante y prometedora para quienes utilizan antidepresivos de prescripción.