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Encuentran relación entre tu olor corporal y tu preferencia política

Por: pijamasurf - 09/20/2014

En el cuento de Pinocho, la nariz simboliza la mentira que se confiesa a sí misma. Pero el olfato, de hecho, podría ocultar una clave de la atracción sexual y su relación con la ideología

 pinnochio.banner.shutterstock

El olfato, sobre cualquier otro de nuestros sentidos, parece ser el más congruente política y amorosamente. Al menos eso parece revelar una investigación de la Universidad de Brown, donde 146 personas de entre 18 y 40 años realizaron un curioso experimento: “oler” las preferencias políticas de otros podría estar ligado a la atracción sexual.

Aunque los sociólogos saben desde hace tiempo que las parejas de mucho tiempo tienden a compartir ideas políticas, la relación con el olfato es menos clara. Para probarla, los investigadores crearon una escala de siete niveles para situar a los participantes dentro del espectro político.

Luego, tomaron a 21 participantes (10 liberales y 11 conservadores) y les colocaron parches de gasa en las axilas. La consigna fue no realizar actividades que pudieran afectar el olor “natural” durante 24 horas: no fumar, beber, comer alimentos condimentados, tener sexo, jugar con mascotas, al igual que no usar desodorante.

Al día siguiente, los 125 participantes olieron cada parche (limpiándose el olfato entre cada olisqueada con un poco de aceite de pimienta) sin que supieran a quién pertenecía. Los participantes prefirieron el olor de los parches de aquellos con quienes se identificaban políticamente, a pesar de que no se conocieran.

La hipótesis es que los humanos tienden a agruparse con aquellos que comparten sus posturas ideológicas. Según el estudio, “si las actitudes sociales están ligadas al olor, como sugiere la literatura, entonces un mecanismo de preferencias olfativas que se transfiere de padres a hijos podría operar a través de la elección de pareja de las madres. De este modo, los procesos sociales podrían regular algunos de los caminos por los que los individuos prefieren a aquellos cuyo ‘aroma’ ideológico es compatible con el suyo”.

Tal vez a causa de su relación con la nariz, las mentiras políticas sigan caracterizándose con la famosa imagen de Pinocho...

 

La efervescencia colectiva: los beneficios sociales de los rituales

Por: pijamasurf - 09/20/2014

Los rituales grupales que involucran sensaciones físicas extremas refuerzan la cohesión entre los miembros de un grupo social

Seppuku

La sociedad, entendida como una sincronía espacio-temporal entre un grupo de personas que deriva en una determinada atmósfera de prácticas, hábitos y creencias, involucra múltiples dinámicas que terminan por fortalecer la cohesión del grupo. Esa misma fricción que puede ocasionar turbulencias al interior de una población, en ocasiones termina por enraizar la autopercepción compartida y dar vida a intensas conjugaciones que reafirman la identidad grupal.

La existencia de rituales colectivos que involucren llevar estados sensoriales a extremos catárticos está presente en múltiples culturas alrededor del planeta. En este registro podríamos incluir, entre muchos otros, a los temerarios saltadores tribales de bungee, en Vanuatu, las celebraciones de ciertas facciones musulmanas durante el Día de Ashura, particularmente los chiítas, en el cual los participantes se flagelan fieramente, o a las peregrinaciones, un fenómeno popular en decenas de tradiciones, que generalmente implica llevar al cuerpo físico a un extremo metasensorial.   

Otro ejemplo de rituales colectivos es el recientemente memético Ice Bucket Challenge, el cual, motivado por un altruismo pop, implica someter al cuerpo a un breve estado de shock mediante vaciarle una cubeta de agua gélida. Este ultimo caso es particularmente interesante ya que a fin de cuentas es un ritual colectivo en la medida en la que se comparte y genera asociación entre aquellos que lo han llevado a cabo. Pero en realidad, en un plano físico, corresponde a hechos aislados y no a un acto masivo o estrictamente grupal.

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La efervescencia colectiva es un concepto acuñado por el sociólogo francés Emile Durkheim que se refiere al envolvimiento casi eléctrico, extático, de un grupo alrededor de un ritual. El contexto permite una entusiasta sintonía de las frecuencias emocionales que, alimentándose entre sí, terminan por crear una intensa adherencia entre los participantes. Incluso podríamos hablar de la plena fusión de voluntades y de un trance durante el cual el grupo se convierte en una sola entidad. Esta excitación se traduce en una unificación momentánea que, aunque eventualmente terminará disgregándose, deja a su paso una especie de impronta compartida que mantiene viva la cohesión del clan.  

Anteriormente habíamos publicado un artículo sobre los beneficios anímicos, cognitivos y prácticos que conlleva ritualizar individualmente ciertos actos de nuestras vidas. Ahora tenemos la oportunidad de reflexionar en torno a las consecuencias de participar en rituales grupales que incumben una hipersensitividad como una herramienta para estrechar los lazos con el resto de nuestra tribu. Y qué mejor que hacerlo de manera consiente. 

Por cierto, si te interesa este tema, te recomendamos el artículo (publicado en inglés en Aeon Magazine) "Trial by fire: From fire-walking and head-slashing to the ice-bucket challenge, ritual pain and suffering forge intense social bonds".