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¿No dormiste bien ayer? Aquí un inusual truco para que no afecte tu desempeño

Salud

Por: pijamasurf - 08/15/2014

Una forma de mejorar nuestro rendimiento después de una mala noche podría ser recurrir al placebo

A todos nos ha pasado: una noche de insomnio o simplemente falta de sueño de calidad por factores incontrolables nos coloca en un aprieto al siguiente día, especialmente cuando tenemos que rendir y realizar algo importante. ¿Cómo evitarlo? Muchas personas toman café o incluso estimulantes para poder desempeñarse efectivamente bajo presión --pero esta solución tiene numerosos efectos colaterales que van desgastando nuestro organismo. 

Existe otra posibilidad más suave. Una realizada por psicólogos del Colorado College muestra que sólo alterar lo que una persona cree sobre la forma en la que durmió puede tener efectos significativos en su agilidad mental. En otras palabras, cuando se logra hacer pensar a alguien que durmió bien, su funcionamiento cognitivo no resiente la privación de sueño. Esto ocurre debido al (cuasi-omnipotente) efecto placebo.

Los investigadores pidieron primero a los sujetos del estudio que reportaran las condiciones en las que habían dormido el día anterior. Luego se les asignó aleatoriamente un puntaje de "superior al promedio" o "inferior al promedio" y se les sometió a una medición en un aparato, el cual se les dijo que podía medir la calidad del sueño de la noche previa conforme a la frecuencia cardíaca y las ondas cerebrales (el aparato también era placebo). Así, el experimentador calculó un porcentaje de sueño REM bajo un parámetro de 25% superior al promedio y menos de 25% inferior al promedio. 

Los participantes, después de recibir su puntaje, completaron un examen de función cognitiva. Los resultados mostraron que manipular la percepción de la calidad del sueño afectó los resultados de las pruebas que contestaron los participantes, no obstante qué tan bien habían dormido en realidad. Los resultados finales fueron consistentes con los efectos reales de la privación del sueño en el funcionamiento cognitivo.

Evidentemente, esta ilusión creada por los investigadores es difícil de replicar cuando una persona es despertada por los matrillazos de su vecino o cuando recuerda haber llegado a las 4am después de una noche de copas (en esos casos, sería efectivo que alguien nos diera una bebida de cafeína placebo, algo que también se ha documento científicamente como una forma de mejorar el desempeño cognitivo). Pero existen algunos casos en los que el sueño se difumina en la memoria y no sabemos si dormimos tres horas o en realidad fueron cinco, o no sabemos si estamos realmente cansados o sólo nos estamos despabilando. En esos casos, repetirnos que creemos que sí dormimos bien puede ser muy útil. Tan útil como saber cómo funciona la mente humana y el poder que ejerce el placer sugerente (el placebo), siempre un vehículo para autoprogramarnos.

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¿Por qué se suicidan tanto los médicos?

Salud

Por: pijamasurf - 08/15/2014

A pesar del tope de 80 horas de trabajo semanal para residentes, la medicina sigue siendo una de las profesiones más desgastantes física y emocionalmente, tributando vidas al estrés y las largas jornadas. El testimonio de un par de médicos jóvenes puede iluminar este panorama
[caption id="attachment_84098" align="aligncenter" width="600"]medic Imagen: nytimes.com[/caption]

Ser médico es una profesión de riesgo: algunos estudios muestran que los médicos tienen el doble de probabilidad de suicidarse que las personas que no ejercen esta profesión; la probabilidad se triplica en el caso de las mujeres. La nanocirugía avanza a pasos agigantados, al igual que el prospecto de nuevos tipos de transplantes y vacunas contra enfermedades hasta hoy incurables; sin embargo, los médicos no pueden comportarse como robots: siguen enfrentándose finalmente al ciclo de vida y muerte al que todo organismo está expuesto, y para algunos es simplemente demasiado difícil.

Se estima que al menos 400 médicos cometen suicidio cada año en Estados Unidos, más que el promedio de la población general y más que en cualquier otro grupo académico-ocupacional --y la tendencia es más pronunciada entre psiquiatras y anestesistas. La paradoja de que los médicos no puedan diagnosticar sus propios malestares asociados con el ejercicio de la profesión (como estrés, aislamiento social y abuso de drogas) ha sido documentada estadísticamente, pero algunas voces al interior del gremio están de acuerdo en que se requieren cambios de fondo.

Pranay Sinha es un médico de primer año de residencia en el departamento de medicina interna del Hospital de Yale-New Haven. Su teoría es que los médicos (en especial los residentes en EE.UU.) son formados de acuerdo al ideario del ensayo “Aequanimitas” de Sir William Osler, fundador del primer programa de residentes del Johns Hopkins Hospital en 1889. El médico debe proyectar ecuanimidad intelectual, emocional y física, muchas veces más allá de las que posee realmente.

Sinha se dio cuenta de que es sólo cuestión de tiempo para que el médico tenga que enfrentarse a la realidad estresante de aquello que, paradójicamente, también le genera satisfacción: certificados de defunción, diagnósticos mal establecidos, prescripciones erradas…

Para remediar dicha soledad, Sinha enfatiza la necesidad de “una cultura médica que nos aliente a compartir estas vulnerabilidades” cambiando la competencia entre colegas, así como el sentimiento de soledad, por un sentido de conexión.

“Descubrimos que algunos enfermos no se curan pero se sanan”

Los dramas médicos no ocurren solamente en Dr. House o Grey’s Anatomy: la supuesta infalibilidad de los médicos ha sido cuestionada también en un contexto latinoamericano en el libro Permiso para morir. Cuando el fin no encuentra un final, de próxima aparición en Argentina.

El caso del músico Gustavo Cerati y su innecesaria agonía dan pie a una reflexión de Daniel Flichtentrei sobre el derecho a la muerte voluntaria, pues “hay investigaciones que señalan que los médicos realizamos maniobras de reanimación cardiopulmonar hasta en un 85% de los casos, aun considerando que serán inútiles o que sólo prolongarán la agonía” .

La educación “enfática” de los médicos, como la llama Flichtentrei, parte de la premisa de que toda vida merece ser vivida, lo que lleva muchas veces a la construcción de un nuevo tipo de paciente: los familiares del enfermo que ven al paciente convalecer innecesariamente, cuando las esperanzas clínicas han sido agotadas.

Aunque Flichtentrei no se refiere propiamente a la singular tasa de suicidios entre médicos, su propuesta para afrontar con una nueva humildad el ejercicio de la medicina podría beneficiar a otros practicantes, especialmente por el enfoque de ida y vuelta que plantea:

Aprendemos a “ser” y no sólo a “hacer”. Leemos, tomamos cursos de postgrado, asistimos a congresos y a simposios para adquirir como médicos las habilidades que teníamos antes de ingresar a la facultad y que habíamos perdido al salir de allí. Las competencias elementales para comprender el sufrimiento ajeno y para permitirnos sentir el propio. La habilidad para articular lo analítico y lo narrativo. Una mañana al entrar en la sala del hospital nos damos cuenta de que podemos escuchar y no sólo preguntar. Que el “escuchatorio” puede articularse con el interrogatorio. Que la gente tiene cosas valiosas para decirnos y que son ellos mismos, con sus propias historias, quienes le dan sentido a la vida que se les termina. Descubrimos que algunos enfermos no se curan pero se sanan. Que ellos se sienten mejor. Y nosotros también.