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Encuentros sexuales entre marineros: el pecado nefando, innombrable, execrable, vergonzoso

Salud

Por: Úrsula Camba Ludlow - 08/25/2014

El pecado nefando, es decir aquel que “no se puede nombrar” o del que no se puede hablar, fue duramente castigado desde la Edad Media

Méduse-Jean-Jérôme_Baugean-IMG_4777-croppedHoy le llamaríamos “homosexualidad”, aunque no significa exactamente lo mismo. El pecado nefando, es decir aquel que “no se puede nombrar” o del que no se puede hablar, fue duramente castigado con la hoguera desde la Edad Media. El Levítico lo advierte: “No te acostarás con un hombre como se hace con una mujer, esto es una cosa abominable” y más adelante, insiste: “Si un hombre se acuesta con un varón como se acuesta con una mujer, ambos han cometido una infamia; los dos morirán y serán responsables de su muerte” (Lev. 20:13 y 20:18). En la teología cristiana era considerado el peor de los pecados de lujuria. En efecto, la iglesia católica estableció rigurosos parámetros en torno a lo que estaba permitido en materia de sexualidad.

Lo que aquí nos interesa es desentrañar esos encuentros furtivos que sostuvieron los marineros en su travesía entre los continentes americano y europeo.

Es preciso tener en cuenta que la vida en los barcos no era cómoda ni fácil. El viaje entre América y Europa podía durar hasta cuatro meses si había demoras en los puertos o malas condiciones climáticas para la navegación. A menudo la tripulación, que era de aproximadamente 30 hombres, convivía con los pasajeros en un ambiente hacinado, hediondo e incómodo. El hacinamiento ocasionaba que, como señaló horrorizado el fraile Antonio de Guevara: “si por haber merendado castañas o haber cenado rábanos, al compañero se le soltare algún… ya me entendéis, has de hacer cuenta, hermano, que lo soñaste y no decir que lo oíste”. El religioso se lamentaba, además, de que todas las chinches que se escondían en los resquicios eran compartidas por los lechos y las ropas de los navegantes y pasajeros.

Por otra parte, aunque se realizaban rezos colectivos y se permitían algunos juegos de azar como los naipes, los días transcurrían lentamente con el vaivén de las olas que a muchos ocasionaba nauseas y vómito. En ese entorno incómodo pero también lleno de peligros (tempestades, ataques de piratas, naufragios, motines o escasez de víveres y agua) podemos adivinar la soledad y las necesidades de quienes vivían del duro oficio de marinero compartiendo mañanas, tardes y noches con personas de su mismo sexo. Las mujeres eran prácticamente inexistentes en este universo marítimo. Por otra parte, poco sabemos de los muchachos que se alistaban para navegar en los barcos españoles y sólo podemos suponer que eran muy pobres o huérfanos y que su única posibilidad de sobrevivir (aparte de la mendicidad o el robo) era hacerse marineros y quizás cifrar sus esperanzas en escapar en el primer puerto americano donde anclara el navío para probar suerte en una tierra que parecía llena de oportunidades.

Así, encontramos casos como el del mulato Gaspar Caravallo, encargado de la despensa de una nao anclada en San Juan de Ulúa, quien fue acusado por dos niños de 13 años, Pedro Merino y Francisco Quixada, de haber intentado cometer el pecado nefando con ellos. El primero declaró que Gaspar “lo besó en la boca cuatro o cinco veces, también le tentaba el culo”, por lo cual el muchacho andaba “temeroso y sospechando era puto”, razón por la cual cada vez que y siempre que se acostaba se hacía muchos nudos en los calzones para evitar que el mulato “lo cabalgase”. Agregó que un par de semanas atrás había visto a Gaspar meterse bajo cubierta con un grumete llamado Juan Vizcaíno y que, atisbando por un agujero, vio que se estaban tocando los genitales y que, en otra  ocasión, Gaspar le ofreció mucho dinero si se dejaba “cabalgar”. Además, un mes atrás el mulato le había dicho “que lo quería joder”. Las acusaciones se van incrementando: en otra ocasión, Gaspar tomó la mano de Pedro y se la puso sobre el “miembro derramando polución”, y dice que “la tenía larga y la sintió mojada y olía mal y se limpió la mano”. Como Gaspar no dejaba de acosarlo, Pedro, desesperado, se tiró al agua y se fue nadando a otro barco de la flota.

Por su parte, Juan Vizcáino de 17 años de edad, también acusó al despensero pues “siempre andaba enseñando su natura a los muchachos y que el día que los vieron encerrados bajo cubierta fue porque Gaspar se sacó el miembro y le pidió a Juan que hiciera lo mismo y que Pedro le había dicho que también a él se lo había enseñado y que lo tenía mayor y feo”. Asimismo, Francisco Quixada, hijo de un carpintero en Triana, acusó al despensero de obligarlos a ponerle las manos “en su natura” y de que no lo habían acusado porque tenían miedo de que los matara.

Sodoma_-_ElluinAunque los casos encontrados son pocos, son reveladores de prácticas y actitudes en torno a la sexualidad que tenían tanto las autoridades como los implicados. En efecto, las relaciones carnales entre miembros del mismo sexo que, a pesar de estar absolutamente prohibidas, existieron. No en todos los casos los acusados recibían el mismo castigo y pese a que la sodomía fue terminantemente prohibida, quizás los almirantes a cargo se hacían de la vista gorda y en ocasiones hasta permitían que el condenado escapara, como fue el caso de Gaspar Caravallo quien se dio a la fuga al llegar a Sevilla. A otros los condenaban a destierro perpetuo pero lograban salvar la vida en un delito que, al menos en la legislación, no daba ninguna oportunidad de hacerlo.

Las sentencias varían desde una suspensión temporal –pasando por las multas y los azotes-- hasta el destierro y, obviamente, la muerte. Parece ser que si no existía la penetración el delito era juzgado con menos dureza, pese a que la tortura era un procedimiento legal obligado. Asimismo, los acusadores eran siempre menores de edad, lo cual pareció actuar a su favor en dos sentidos pues, al parecer, no recibían castigo alguno (con excepción del tormento) o las imputaciones no eran tomadas con la misma gravedad que si fueran hechas por un adulto, ya que podían ser producto del rencor, el deseo de revancha o hasta del aburrimiento pues, como ya lo mencionamos, los grumetes y los pajes estaban en el último escalafón de la organización en los barcos y, por ende, llevaban a cabo las tareas más pesadas con el sueldo más bajo. Los muchachos, sector vulnerable y desprotegido, se encontraban a merced de los adultos quienes, en el barco, disponían de ellos de forma indiscriminada.

Los encuentros sexuales entre los marineros se llevaban a cabo furtivamente (aunque la “privacidad” como la entendemos actualmente era prácticamente inexistente) a sabiendas de que, en caso de ser descubiertos, el castigo sería terrible. Pero la urgencia de la carne, el tedio y la soledad parecían pesar más que el temor a morir en la hoguera.

Referencia:

Ursula Camba Ludlow. “El pecado nefando en los barcos de la carrera de Indias en el siglo XVI. Entre la condena moral y la tolerancia”, en Presencias y miradas del cuerpo en Nueva España, Estela Roselló, coord. Instituto de Investigaciones Históricas, UNAM, México, 2011.

 

Twitter de la autora: @ursulacamba

La temporada en la que naces afecta tu personalidad para toda la vida, revela investigación

Salud

Por: pijamasurf - 08/25/2014

Nacer en verano o en invierno parece influir en que tengas un temperamento más volátil e irritable o más contenido y recatado: el tiempo determina el temperamento

Mother carrying sleeping baby. Image shot 2006. Exact date unknown.

Se parece a la astrología, pero en realidad es algo que la ciencia ha observado de manera reiterada en la última década: la temporada en la que se nace tiene una influencia duradera en una serie de características, que van desde rasgos de personalidad, tendencia a ciertas enfermedades y desempeño académico hasta, incluso, probabilidad de fumar o suicidarse.

Un nuevo estudio presentado en el Congreso CNP del European College en Berlín sugiere que la temporada en la que nacemos influye de manera significativa en el riesgo a desarrollar desordenes mentales de tipo afectivo. Según la investigadora Xenia Gonda:

Estudios bioquímicos han demostrado que la temporada en la que nacemos tiene una influencia en algunos neurotransmisores monoaminas, como la dopamina y la serotonina, la cual puede detectarse en la vida adulta. Esto nos lleva a pensar que la temporada de nacimiento tiene un efecto duradero. Nuestro trabajo estudió a 400 sujetos y correlacionó su fecha de nacimiento con su personalidad posterior en la vida. Básicamente, parece que la temporada incrementa o reduce la posibilidad de desarrollar ciertos desordenes mentales.

Los investigadores hallaron que un temperamento ciclotímico (caracterizado por cambios de estado de ánimo frecuentes) es significativamente más común en aquellos que nacen en verano. Las personas nacidas en invierno tienen una tendencia hipertímica, y menor propensión a la irritabilidad. En el caso de las personas nacidas en otoño existe una menor tendencia a la depresión, especialmente en comparación con las personas nacidas en invierno.

Como una curiosidad, The Telegraph hace referencia a Kate Middleton, la duquesa de Cambridge, como un ejemplo de una persona hipertímica (nacida el 9 de enero) y al futbolista irlandés Roy Keane, nacido en agosto, como un ejemplo de alguien de un temperamento explosivo con grandes variaciones en su humor.

Siguiendo con esta interpretación, podemos notar que las personas nacidas en invierno entran dentro del ámbito de Capricornio, un signo que simboliza una mayor estabilidad --ligado a la tierra-- y las personas nacidas en verano entran, en algunos casos, en el signo de Leo --ligado al fuego y a una personalidad más brusca e impulsiva--. Quizás esta coincidencia entre la temporada de nacimiento y la astrología muestre que el conocimiento astrológico, más que sostener que existe una influencia física de ciertos planetas, es un sistema simbólico, arquetipal (usando el término de Richard Tarnas), que relaciona los ciclos de la naturaleza con la personalidad humana, trazando un puente entre la psique y el mundo. 

Por otro lado, la misma palabra "temperamento" parece reflejar esta misma noción que históricamente ha asociado un aspecto cualitativo a un punto específico en el tiempo, una cualidad que parece imprimirse en una persona. El temperamento es la influencia del tiempo o la marca que el tiempo, con su gama de factores asociados, deja en una persona. Al parecer existe una diferencia biopsicosocial en pasar ciertos meses y no otros dentro del vientre materno y nacer en cierta temporada --con toda sus características que, a su vez, influyen en el desarrollo (sabemos, por ejemplo, que la luz solar afecta la producción de neurotransmisores). 

La interpretación de la astrología y las sincronicidades de Carl Jung justamente sostenía que cada momento tenía una particular cualidad y al hacer algo en cierto momento se adopta la particular qualia de ese momento. Como ocurre con las imágenes de edición de una película, es posible que las cosas tengan un código de tiempo asociado.