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¿Cómo afectan los antidepresivos el amor?

Salud

Por: pijamasurf - 08/16/2014

Los antidepresivos más usados alteran nuestra percepción del amor, generalmente en detrimento de la confianza y la comunicación entre parejas

 

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El amor y nuestra percepción de nuestras parejas está sujeto a nuestro estado de conciencia y tomar drogas psicotrópicas puede transformar nuestras relaciones, muestra un nuevo estudio.

Investigadores de la Universidad de California en San Diego hicieron un estudio con hombres y mujeres que toman diferentes antidepresivos y observaron cómo afectan sus relaciones amorosas. Los resultados mostraron que, en el caso de los hombres, sus sentimientos amorosos se vieron especialmente afectados cuando tomaban antidepresivos dentro del grupo de los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina; en las mujeres, esto se acentúo cuando tomaban antidepresivos tricíclicos, los cuales tienen menos injerencia en los niveles de serotonina. 

En el estudio se analizó el caso de 192 personas --123 mujeres y 69 hombres, incluyendo 13 homosexuales-- que habían estado en una relación de pareja de más de siete meses y de hasta 26 años. Los participantes respondieron a una serie de pruebas en las que se pudo saber si sus sentimientos habían cambiado a partir de tomar antidepresivos.

En el caso de los participantes que tomaban psicotrópicos de recaptación de serotonina, se encontró que habían perdido la confianza para compartir sus sentimientos con sus parejas y se mostraban menos entusiastas de que su amor durara mucho tiempo. Los hombres manifestaron menos tendencia a comunicarse con sus parejas para pedirles consejos o ayuda o cuidar de las mismas, a diferencia de las mujeres que tomaron este tipo de sustancias.

En el caso de las mujeres que estaban tomando antidepresivos tricíclicos, estas reportaron mayores quejas sobre problemas en su vida sexual que los hombres bajo esta clase de medicamentos.

Desde hace mucho tiempo se sabe que uno de los efectos colaterales de los antidepresivos puede ser la afectación de la libido y en general de la energía sexual, algo que lógicamente llega a impactar también las relaciones de pareja en cuanto al sentimiento de amor. Si bien la depresión es una enfermedad real que debe ser tratada, existen numerosas alternativas (incluyendo terapia y antidepresivos de origen herbal) que podrían ser intentadas antes de recurrir a poderosos antidepresivos farmacológicos de igualmente poderosos efectos secundarios, especialmente teniendo en cuenta esta nueva información.

 

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¿Por qué se suicidan tanto los médicos?

Salud

Por: pijamasurf - 08/16/2014

A pesar del tope de 80 horas de trabajo semanal para residentes, la medicina sigue siendo una de las profesiones más desgastantes física y emocionalmente, tributando vidas al estrés y las largas jornadas. El testimonio de un par de médicos jóvenes puede iluminar este panorama
[caption id="attachment_84098" align="aligncenter" width="600"]medic Imagen: nytimes.com[/caption]

Ser médico es una profesión de riesgo: algunos estudios muestran que los médicos tienen el doble de probabilidad de suicidarse que las personas que no ejercen esta profesión; la probabilidad se triplica en el caso de las mujeres. La nanocirugía avanza a pasos agigantados, al igual que el prospecto de nuevos tipos de transplantes y vacunas contra enfermedades hasta hoy incurables; sin embargo, los médicos no pueden comportarse como robots: siguen enfrentándose finalmente al ciclo de vida y muerte al que todo organismo está expuesto, y para algunos es simplemente demasiado difícil.

Se estima que al menos 400 médicos cometen suicidio cada año en Estados Unidos, más que el promedio de la población general y más que en cualquier otro grupo académico-ocupacional --y la tendencia es más pronunciada entre psiquiatras y anestesistas. La paradoja de que los médicos no puedan diagnosticar sus propios malestares asociados con el ejercicio de la profesión (como estrés, aislamiento social y abuso de drogas) ha sido documentada estadísticamente, pero algunas voces al interior del gremio están de acuerdo en que se requieren cambios de fondo.

Pranay Sinha es un médico de primer año de residencia en el departamento de medicina interna del Hospital de Yale-New Haven. Su teoría es que los médicos (en especial los residentes en EE.UU.) son formados de acuerdo al ideario del ensayo “Aequanimitas” de Sir William Osler, fundador del primer programa de residentes del Johns Hopkins Hospital en 1889. El médico debe proyectar ecuanimidad intelectual, emocional y física, muchas veces más allá de las que posee realmente.

Sinha se dio cuenta de que es sólo cuestión de tiempo para que el médico tenga que enfrentarse a la realidad estresante de aquello que, paradójicamente, también le genera satisfacción: certificados de defunción, diagnósticos mal establecidos, prescripciones erradas…

Para remediar dicha soledad, Sinha enfatiza la necesidad de “una cultura médica que nos aliente a compartir estas vulnerabilidades” cambiando la competencia entre colegas, así como el sentimiento de soledad, por un sentido de conexión.

“Descubrimos que algunos enfermos no se curan pero se sanan”

Los dramas médicos no ocurren solamente en Dr. House o Grey’s Anatomy: la supuesta infalibilidad de los médicos ha sido cuestionada también en un contexto latinoamericano en el libro Permiso para morir. Cuando el fin no encuentra un final, de próxima aparición en Argentina.

El caso del músico Gustavo Cerati y su innecesaria agonía dan pie a una reflexión de Daniel Flichtentrei sobre el derecho a la muerte voluntaria, pues “hay investigaciones que señalan que los médicos realizamos maniobras de reanimación cardiopulmonar hasta en un 85% de los casos, aun considerando que serán inútiles o que sólo prolongarán la agonía” .

La educación “enfática” de los médicos, como la llama Flichtentrei, parte de la premisa de que toda vida merece ser vivida, lo que lleva muchas veces a la construcción de un nuevo tipo de paciente: los familiares del enfermo que ven al paciente convalecer innecesariamente, cuando las esperanzas clínicas han sido agotadas.

Aunque Flichtentrei no se refiere propiamente a la singular tasa de suicidios entre médicos, su propuesta para afrontar con una nueva humildad el ejercicio de la medicina podría beneficiar a otros practicantes, especialmente por el enfoque de ida y vuelta que plantea:

Aprendemos a “ser” y no sólo a “hacer”. Leemos, tomamos cursos de postgrado, asistimos a congresos y a simposios para adquirir como médicos las habilidades que teníamos antes de ingresar a la facultad y que habíamos perdido al salir de allí. Las competencias elementales para comprender el sufrimiento ajeno y para permitirnos sentir el propio. La habilidad para articular lo analítico y lo narrativo. Una mañana al entrar en la sala del hospital nos damos cuenta de que podemos escuchar y no sólo preguntar. Que el “escuchatorio” puede articularse con el interrogatorio. Que la gente tiene cosas valiosas para decirnos y que son ellos mismos, con sus propias historias, quienes le dan sentido a la vida que se les termina. Descubrimos que algunos enfermos no se curan pero se sanan. Que ellos se sienten mejor. Y nosotros también.