*

X

La ciencia nos dice cómo parar penalties correctamente (spoiler: estadísticamente, es casi imposible)

Por: pijamasurf - 07/07/2014

¿Es posible encontrar una base estadística para predecir el comportamiento de una pelota y evitar que entre en la portería durante un tiro de penal? Las conclusiones de estos estudios son desalentadoras

Los mexicanos aún se encuentran sumidos en el rencor debido a que el Tri fue eliminado de Brasil 2014 debido a un tiro de penal en el juego contra Holanda. Chile y Costa Rica corrieron con la misma suerte en ronda de penales. Y es que un tiro de penal o penaltie es el peor escenario posible para conseguir la victoria, pues el guardameta tiene a la física en su contra, además de la estadística: según una investigación de Michael Bar-Eli, de la Universidad de Negev en Israel, 85% de los tiros de penal resultan en goles.

Analizando videos de 286 tiros de penal de ligas profesionales en Europa y Sudamérica, además de torneos en Europa y Copas del Mundo, cada cobro fue reducido a un puñado de variables: cada tiro puede ir en tres direcciones verticales (alta, media o baja) con respecto a la portería, al igual que en tres horizontales (derecha, centro o izquierda). A su vez, los movimientos del arquero fueron divididos en tres opciones: saltar a izquierda, derecha o quedarse en el centro. La estadística es desoladora, pues 85% de los tiros de penal resultan en goles o, lo que es lo mismo, en la incapacidad del arquero para elegir la trayectoria correcta del balón y evitar el gol.

57% de los tiros fueron colocados en el tercio inferior, con una cifra de éxito de ~80%; en comparación, sólo 13% de los tiros fueron colocados en el tercio superior de la portería, pero 100% de ellos resultaron en goles.

El movimiento del portero es otra variable importante: al intentar detener el balón, los porteros saltan a izquierda o derecha 94% de las veces, pero su tasa de éxito es sólo de 40%. Lo interesante es que cuando el arquero se queda en el centro de la portería y el tiro coincide con él, logran evitar el gol 60% de las veces. Dado que 30% de los tiros de penal se dirigen al centro de la portería, quedarse quietos podría aumentar las probabilidades de detener el balón hasta en 33%.

¿Así que la mejor estrategia para detener penales es no moverse de lugar? Es posible, pero la estadística no siempre es tomada en cuenta en el campo de juego. Sin embargo, un portero que no se moviera de su lugar durante un tiro probablemente sería tildado de flojo o poco hábil; y es que la verdadera conclusión de Bar-Eli es que el esfuerzo aparentemente "heroico" de los guardametas por saltar hacia uno u otro lado de la portería (cubriendo apenas 1/9 parte del ancho de esta) crea la percepción de que el portero "intenta" hacer algo para detener el tiro.

La física puede darnos otro puñado de variables interesantes. Por ejemplo, según Rhett Allain, la velocidad de los penales cobrados durante el juego de Brasil contra Chile fluctuó entre 38 y 65km/hr (30m/s en promedio) en los 11 metros que separan al balón de la zona de penal hasta la línea de gol.

Para tratar de dar la percepción de que se hace algo para evitar el gol, los arqueros comienzan a moverse 0.2 segundos antes de que el balón se mueva, a una aceleración que Allain sitúa en 5.26m/s2. Si el arquero comienza a moverse al centro de la portería, ¿cuánto le tomará llegar a cualquiera de los lados de la portería, que mide 7.32m de ancho? Comenzando a velocidad cero, es posible situar la posición del arquero según esta ecuación de movimiento:

La te xi t 1

Con una posición final de x a 3.66m del centro y una aceleración de 5.26m/s2, el arquero tiene 1.18 segundos para estar en el lugar donde el balón puede o no estar; sin embargo, la velocidad más baja de los tiros de dicho encuentro fue de 17.9m/s, lo que permite que el balón cubra los 11 metros del pie del tirador hasta la línea de gol en tan sólo 0.61 segundos.

En contraposición con las conclusiones de Bar-Eli, Allain afirma que adivinar es la ruta más exitosa para detener el balón. Dicho de otra forma, no hay forma física en que un portero pueda predecir con 100% de eficacia la trayectoria ni la velocidad de un balón a esa distancia, además de que cuenta sólo con una oportunidad para hacerlo.

Resta decir: no fue penal, pero si lo fuera, el arquero tiene la física y la estadística en su contra.

Te podría interesar:

7 señales de que estás intelectualizando demasiado

Por: pijamasurf - 07/07/2014

El intelecto es una ventaja evolutiva que, sin embargo, puede limitar nuestra experiencia emocional de múltiples formas

overth

La palabra "intelectual", para referirse a una persona, puede tener connotaciones negativas de pedantería o testarudez; lo cierto es que el intelecto es la parte de nuestra conciencia que nos permite razonar, detener arbitrariamente el flujo de los acontecimientos y considerarlos en diferentes perspectivas, por lo que nuestro intelecto es tan importante como el pulgar oponible en la historia de la evolución.

Por otro lado, intelectualizar en exceso puede ser un dolor de cabeza --literal y metafórico-- y, a la larga, una fuente de angustia. Para fines de este artículo, llamaremos "intelectualizar" al procesamiento innecesario y gratuito de información que genera angustia, procrastinación, ansiedad, etc. He aquí una recopilación de algunos síntomas de que tu cerebro está jugándote en contra (y, si en efecto tiendes a sobreintelectualizar las cosas, seguramente tendrás muchas horas de entretenimiento desenmarañando el por qué lo haces):

1. Te tomas tu tiempo para tomar decisiones... mucho... tiempo...

Uno de los problemas de sobreintelectualizar las cosas es que muchas veces la vida requiere decisiones prácticas, simples, cuyas consecuencias no son demasiado desastrosas. Pero si elegir un cereal o un tipo de leche puede parecer todo un rompecabezas en tu mente, tomar decisiones respecto a tu vida amorosa, profesional o académica implica considerar una lista siempre creciente de opciones y consecuencias. Por lo general, terminarás haciéndole caso a tu instinto o a tu premura... pero no estarás conforme con la decisión que tomaste. Cuida que el análisis no te provoque parálisis.

2. Pasas más tiempo planeando que haciendo

Si logras elegir un destino para tomar vacaciones (luego de considerar tus opciones), es probable que la mera idea de vagar por los rincones de una ciudad desconocida te parezca algo difícil de sostener en la práctica. Los intelectuales no se la pasan bien en medio de la incertidumbre (y conocemos bien el vértigo de estar frente a un estante de libros sin poder elegir uno; o, más sencillo, pasamos horas pensando qué ver en Netflix antes de ver por onceava vez la misma película de siempre).

3. Empiezas a sudar cuando alguien te dice "¿Podemos hablar más tarde?"

La escena puede tener lugar con tu jefe, tu pareja o los amigos. Desde el momento en que alguien te dice que quiere hablarte sobre algo asumes que es importante, impostergable; de lo contrario, ¿por qué no hablar de ello ahora? ¿Es que me van a despedir? ¿Vas a dejarme, mi amor? ¿Te ofendí de una manera horrible que ni siquiera me imagino? Probablemente el asunto a tratar es nimio o la gente simplemente quiere platicarte sobre sus vidas, pero para el hámster neurótico salido de una película de Woody Allen que vive en tu cabeza, la espera puede ser terrible.

overth

4. Admítelo: puedes ser MUY demandante

Si envías un correo electrónico, un DM o un mensaje de texto y la persona no te responde en un periodo de tiempo razonable (digamos, de inmediato o dentro de los 30 segundos siguientes), comienzas a considerar que: a) la persona que buscas no sólo está fuera del área de servicio, sino probablemente muerta o secuestrada por Al Qaeda, o b) a la persona no le importas y cada minuto de espera para ti es una dulce y sádica tortura que te inflingen. Lo cierto es que la gente está ocupada y, debemos admitirlo también, las personas sólo son prioridad para sí mismas.

5. Ir al supermercado requiere de toda tu concentración

Seguramente llevas una lista de todo lo que necesitas, pero mientras vas echando las cosas al carrito serás torturadx por la idea de que algo fundamental y de vida o muerte se te ha olvidado. La sensación te perseguirá por cada pasillo, en la caja, en el auto, en el transporte público y rumbo a tu casa. Probablemente has vivido con esa sensación gran parte de tu vida.

Tal vez el punto aquí sea reconocer que no todas las cosas que tienen que ver contigo son tan importantes.

6. No vives el momento

¿Vivir el momento? Para una persona que utiliza su hemisferio cerebral izquierdo más que el derecho, cada momento está unido al siguiente, y al siguiente, y al siguiente, y así irremisiblemente hasta la muerte. El problema con esto es que se nos hace más difícil disfrutar lo que la "gente del hemisferio derecho" llama los pequeños placeres de la vida. Seguro: nuestros placeres están en fijarnos metas y alcanzarlas, en aprender algo nuevo o incluso en cambiar de opinión, pero la espontaneidad y el asombro de la contemplación son placeres más bien raros para nosotros.

7. Raramente "disfrutas al máximo"

Este punto es continuación del anterior, porque nos parece importante recalcarlo: cuando vives en tu mente y tus emociones son algo así como un ruido de fondo o un subproducto de tus razonamientos, tus entretenimientos y pasiones suelen ser sumamente complejos. Esto no es precisamente malo, pero las cosas "simples" o demasiado sencillas, que no te provocan la emoción del reto o el descubrimiento, sencillamente pasan de largo en tu radar. Y lo malo de esto es que la emocionalidad extrema también es sana. Reír y llorar a veces implica "olvidarse de uno mismo" y permitir que la emoción tome el control. Es, sobre todo, admitir que tener el control sobre todo lo que ocurre en nuestra vida no sólo es imposible, sino sumamente cansado.