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La resaca es un mal que nos afecta a muchos, pero que la ciencia se negó a abordar por mucho tiempo. Ahora, un valiente grupo de científicos se ha unido para develar los misterios del día siguiente a una buena noche de fiesta
bill domonkos

Bill Domonkos

En Estados Unidos existe un inusual grupo de científicos llamado The Alcohol Hangover Research Group, que decidió juntar esfuerzos para develar los misterios de un padecimiento que nos afecta a muchos y del cual la ciencia sabe poco: la resaca.

A pesar de ser un tema relegado históricamente por la ciencia, el estudio de la resaca puede decirnos mucho acerca de nuestros cerebros, nuestros órganos y de por qué el alcoholismo es una epidemia.

En una entrevista con Quartz, Richard Stephens, miembro de este honorable grupo y psicólogo de la Universidad de Keele, ha hablado de lo que sabemos hasta ahora sobre lo que sucede al día siguiente de que perdimos la cuenta de las copas.

En primer lugar, Stephens resalta el hecho de que mucha gente cree que la resaca es algo bueno en el sentido de que te previene de seguir bebiendo demasiado, como si le pusiera un freno natural a tu forma de beber. Sin embargo, lo que sucede en realidad es justo lo opuesto: los alcohólicos tienen las peores resacas y de todas maneras siguen bebiendo.

Cuando bebes alcohol, hay una enzima en el cuerpo que rompe el etanol en metabolitos. Te sientes ebrio mientras el etanol continúa en tu cuerpo, pero una vez metabolizado, regresas a la sobriedad. El problema es que, una vez que el cuerpo termina de metabolizar el etanol, normalmente existen otros alcoholes en menores cantidades, los cuales son metabolizados en toxinas (formaldehído y ácido fórmico). Y son estas toxinas las que te hacen sentir enfermo, como si estuvieras ligeramente envenenado.

Convenientemente (o al menos así lo cree tu yo alcoholizado), las enzimas que se encargan de metabolizar estas sustancias prefieren encargarse del etanol antes que de cualquier otro alcohol, lo cual significa que, si empiezas a beber de nuevo cuando estas experimentando los síntomas de la resaca, rompes el proceso en el que se metabolizan el metanol y aquellas otras sustancias que te hacen sentir mal. En otras palabras, vas a querer beber más para prolongar la resaca tanto como sea posible.

Un hallazgo importante es el conocimiento de que la resaca afecta las funciones ejecutivas, esto es, la capacidad de la mente de tomar control de sí misma. Además, quizás lo habrás notado, en la resaca se da pérdida de memoria y déficit de atención.

No se conoce realmente una cura para la resaca, pero cada cultura ha desarrollado de manera intuitiva sus propias curas, las cuales comparten algo con lo que la ciencia está de acuerdo: necesitas glucosa. Por eso en muchos países se recomiendan cosas fritas para aliviar los estragos de una noche de juerga. Necesitas muchos carbohidratos, y desayunar bien e hidratarte hará maravillas por tu cuerpo.

Finalmente, un dato interesante es que entre 22 y 23% de la gente no experimenta resacas, aunque no se sabe por qué. En realidad apenas se empieza a avanzar en el conocimiento de este padecimiento, pero al menos ahora ya sabes qué lo causa y qué desayunar el día siguiente de la fiesta.

Sobre la muerte de Robin Williams: ¿es egoísta decir que el suicidio es egoísta?

Salud

Por: pijamasurf - 07/13/2014

A raíz del presunto suicidio del actor Robin Williams han surgido toda clase de comentarios y opiniones, entre ellas que el suicidio es un acto egoísta. ¿Por qué no lo es?

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El 11 de agosto surgieron las noticias sobre el suicidio de Robin Williams, aparentemente por una depresión desmedida que llevaba años en su vida. Y mientras los homenajes y mensajes de admiración no han parado de ocurrir en medios y redes sociales, hay varios que han tomado la oportunidad de criticar y desacreditar su muerte, como lo hacen con todas las figuras públicas que han cometido suicidio. En Facebook y blogs personales se pueden ver comentarios como “Suicidarte es lo más egoísta que puede hacer una persona”, “Hacerle eso a tu familia es simplemente egoísta”, y decenas de variaciones.

Estas personas están, si no en un error ignorante, al menos muy desinformadas. La tristeza extendida, o depresión, es una condición que si no padecemos, no deberíamos siquiera intentar juzgar (“No critiques lo que no entiendes”, decía Bob Dylan). Hoy en día se ha banalizado tanto la palabra depresión (i. e. “Qué depresión que mañana sea lunes”) que dejamos de visualizar lo que conlleva y hasta dónde puede llegar.

Mucha gente tiende a desacreditar la depresión porque todos hemos sido miserables en algún momento de la vida, pero la depresión es una condición genuinamente debilitante, y tener un mal día o una etapa miserable no lo es. El problema es que los desbalances mentales o emocionales nunca reciben la misma simpatía que las enfermedades físicas, como si los primeros no fueran reales y fueran más bien una creación propia, una debilidad ante la vida, que se debe superar y listo.

death-rwEl caso de Robin Williams es un buen ejemplo para ilustrar cómo la depresión no discrimina. Ni el dinero ni la fama ni el carisma salvan a alguien de decidir terminar con su vida. Quizá, todo lo contrario. La banalidad sólo incrementa la sensación de que el mundo es absurdo y, sobre todo, doloroso: “Nunca se está más solo que cuando se está solo rodeado de gente”, reza el dicho. Ultimadamente, la depresión es una manera de llamarle a un túnel existencial que lo vuelve todo extraño y del que es muy difícil salir si no se tienen a la mano ciertas herramientas. La lógica que tiene una persona sana, no deprimida, nunca será la misma lógica que llevó al otro a quitarse la vida. Los túneles son oscuros y allí puede haber toda suerte de monstruos, pero no sólo monstruos-quimeras, sino también monstruos-verdades.

Uno de los grandes problemas de la depresión es que estando allí es difícil tener buenas ideas. Es difícil decir “Voy a meditar, comer sano, salir a caminar, escuchar a Mozart, irme a vivir al bosque, hacer listas de palabras…”. Estando allí hay parálisis y hay inundación. Decir, entonces, que es “egoísta” cometer suicidio es emitir una opinión completamente desinformada y, finalmente, banal; ­ya el verbo “cometer” antes de “suicidio” es un prejuicio lingüístico. Cuando se dice que es egoísta no se está refiriendo directamente a nada, porque el suicidio varía tanto en sus crisoles como varían los infinitos túneles bajo la superficie.

¿Es egoísta decir que el suicido es egoísta? Esa pregunta queda en el aire. Lo cierto es que las opiniones sobre la tristeza, cuando no se está dentro de esa tristeza, son sólo opiniones. Hablan sólo de quien las habla. El romanticismo que popularmente se le atañe a la depresión y al suicidio, por el otro lado, cae en los mismos errores.