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Estas ilustraciones te harán repensar la forma en la que se percibe el cuerpo femenino

AlterCultura

Por: pijamasurf - 07/14/2014

Lo que empezó como un proyecto personal se ha vuelto un fenómeno viral que ha hecho eco en muchos países. Las ilustraciones de Carol Rossetti devuelven a las mujeres el poder de decidir sobre sus cuerpos sin dejarse llevar por las imposiciones sociales

Miles de shares después, se ha vuelto claro que la brasileña Carol Rossetti no sólo es talentosa, sino que toca puntos sensibles de la sociedad cada que toma el lápiz y realiza una de sus ilustraciones.  

Cada dibujo señala cómo es controlado el cuerpo, cómo el comportamiento y la identidad de cada mujer buscan ser encerrados en imágenes estereotipadas que se ajustan muy poco con la realidad. Como señala Rossetti, “esta opresión está tan profundamente enraizada en nuestra cultura que la mayoría de la gente ni siquiera ve que está ahí, y qué tan cruel puede ser”.

Son muchos los temas que se cruzan en estas imágenes: la identidad sexual, la imagen del cuerpo, la edad, el racismo. Muchos de los personajes están basados en experiencias de Carol o de gente cercana; otras veces, se inspiran en historias compartidas por distintas mujeres en la red.

El proyecto se empezó a compartir en Facebook como algo personal y, en cierta manera, lo sigue siendo. Lo increíble es cómo ha tocado las emociones de mujeres y hombres de todo el mundo. Al principio los textos de las ilustraciones estaban escritos en portugués, pero pronto se vio en la necesidad de traducirlos al inglés. Desde entonces, cada vez más grupos locales los han traducido a sus idiomas. Hoy existen versiones de su trabajo en hebreo, español, ruso, alemán y lituano.

Las imágenes buscan inspirar respeto, confianza, empoderamiento y cuestionar los estándares de belleza impuestos por la sociedad, pero además han generado una hermandad entre muchas mujeres de distintas partes del mundo.

 

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La relación de Haruki Murakami con el jazz es estrecha, algo que puedes comprobar en esta playlist

Quienes hayan leído a Haruki Murakami saben bien que la música es un elemento imprescindible en la narrativa del japonés. Un elemento tomado familiarmente, como muchos de nosotros escuchamos música: al hilo de nuestras tareas cotidianas, mientras trabajamos o mientras cocinamos, mientras vamos por la calle o al hacer ejercicio. La música como una compañía en un sentido casi presencial: algo que está ahí y que da un acento especial al instante, que lo vuelve más alegre, que lo melancoliza o quizá otorga cierta épica a un hecho aparentemente rutinario o trivial. Así, por ejemplo, en el primer párrafo de Crónica del pájaro que da cuerda al mundo, probablemente su novela más ambiciosa:

Cuando sonó el teléfono, estaba en la cocina con una olla de espaguetis al fuego. Iba silbando la obertura de La gazza ladra, de Rossini, al compás de la radio, una emisión en FM. Una música idónea para cocer la pasta.

Si el éxito editorial de Murakami puede explicarse por el hecho de que, desde cierta perspectiva, sus personajes parecen ser cualquiera de nosotros en situaciones en las quizá podríamos estar (una hipótesis que tal vez merezca ampliarse), la manera en la que el escritor usa la música dentro de sus obras sería expresión de ese recurso. Yo mismo, para comenzar a escribir esto, como una especie de ritual propiciatorio, creí que era adecuado escuchar a Sidney Bechet ―y la combinación, hasta ahora, parece armónica. ¿No cabría esta pequeña escena en un relato de Murakami? ¿Un hombre de 28 que trabaja escribiendo, sentado frente a su computadora un sábado al mediodía, solo en su departamento, escuchando jazz estadounidense de los años 50? No intento llevar mis circunstancias al registro literario, sino únicamente mostrar ese posible mecanismo narrativo de Murakami.

En este mismo sentido, ¿qué más común que acercarse a la música como amateur y no como experto? Para muchos de nosotros saber de música significa conocer intérpretes, bandas, nombres de canciones, la época en que estas surgieron y quizá poco más que eso. En pocas palabras, conocer la historia de la música, tanto en un sentido general como en uno íntimo. Poder decir, por ejemplo, que New Order fue la banda que se formó después del suicidio de Ian Curtis y también, por otro lado, saber de manera personal a qué momento de nuestra vida y nuestro ánimo pertenece “Temptation”, por qué la queremos escuchar justo ahora.

Que Murakami sea, como muchos de nosotros, un amateur antes que un experto en asuntos musicales, explica por ejemplo que, como muchos de nosotros, tanto en su narrativa como en la vida diaria pueda brincar del jazz al rock de los '80 y de ahí a la música clásica. Como en el fragmento citado, sus personajes lo mismo pueden estar escuchando a Michael Jackson que recordar una ópera o de pronto tararear algo de Bruce Springsteen. Y quizá también por ese afecto cultivado Murakami lleva la música a su narrativa en un intento de compartirla, acaso el impulso inevitable que se siente y se pone en práctica con todo aquello que se ama.

Ahora bien, el pretexto para todo esto es un post publicado recientemente en Open Culture a propósito de la relación entre Murakami y el jazz. Según dijo en una entrevista con The Paris Review en 2004, Murakami escucha jazz desde que tenía 13 o 14 años; entre los 23 y los 30 administró un bar de jazz en Tokio y a lo largo de su carrera ha encontrado varias similitudes entre este género y la escritura narrativa. La relación, entonces, es notablemente estrecha, motivo suficiente para evidenciarla en una playlist de Youtube con algunas de las pistas favoritas del autor.

 

El elemento en común de estos 23 tracks es Portratit in Jazz 2 —libro publicado en japonés en 2001, compañero de Portratit in Jazz (Shiachosha, 1997), ambos inéditos en otros idiomas—, en donde Murakami habla sobre el lugar que el jazz ha tenido en su vida pero, sobre todo, en el descubrimiento y desarrollo de su talento literario.

Con el jazz, Murakami encontró que la literatura también puede surgir de la combinación de “un buen ritmo natural, constante”, una melodía, la armonía y, claro, la improvisación libre. Elementos que, sin duda, hacen un poco más atractivo casi cualquier elemento de este mundo.

ACTUALIZACIÓN (21-03-2017) - Añadimos esta playlist que compartimos desde el perfil de Pijama Surf en Spotify. A diferencia de la de YouTube, esta contiene los 19 tracks que Murakami enlista en sus libros A  Portrait in Jazz y Portrait in Jazz 2.

Twitter del autor: @juanpablocahz

También en Pijama Surf: Escucha 11 horas de la música preferida de Philip K. Dick en este excelente playlist