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Esta máquina para dibujar penes podría ayudar a iluminarte (VIDEO)

Por: pijamasurf - 07/23/2014

Esta maquina está exclusivamente diseñada para trazar falos con un Sharpie mediante, simplemente, oprimir un botón

Con el fin de facilitarnos tareas y acelerar nuestra evolución, a lo largo de los siglos los seres humanos hemos cultivado miles de máquinas que pueden aprovecharse en incontables rubros. Sin embargo, hay ocasiones en las que, más allá de la simple utilidad, un plano que, aunque responda al pulso evolutivo, no deja de ser esencialmente primitivo, estos artefactos persiguen objetivos más trascendentales o etéreos: por ejemplo la estética, la poesía o la reflexión. Y tal vez, está maquina que funciona exclusivamente para dibujar falos es un caso que podríamos incluir en este último segmento. Su fin es tan ridículamente abstracto que termina ofreciendo un pretexto para reflexionar largamente: ¿por qué existen cosas así? ¿quién es capaz de acumular tal cantidad de ocio para terminar creándolas? ¿podría convertirse en un instrumento psicoanalítico? Interrogantes todas que podrían detonar algunas de las mayores virtudes a nuestro alcance, por ejemplo la creatividad o, incluso, el wu wei (la no mente), detonante directo de esa epifanía climática que llamamos iluminación. 

 

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La (no tan) misteriosa historia de la máquina de movimiento perpetuo

Por: pijamasurf - 07/23/2014

La misteriosa máquina de movimiento perpetuo resuelve esotéricamente lo que en un contexto científico sería digno de celebración. ¿O tal vez se trató de una máquina que muestra nada menos que el funcionamiento del karma?
[caption id="attachment_81397" align="alignright" width="300"]Réplica de la máquina de movimiento perpetuo de Readheffe Réplica de la máquina de movimiento perpetuo de Redheffer[/caption]

Desde Arquímides, el hombre ha buscado un punto de apoyo que le permita mover algo (mercancias, personas, información) con el menor trabajo involucrado. Pero hay personas, como Charles Redheffer, que se lo toman literalmente. La tragedia bufa de Redheffer y su máquina de movimiento perpetuo comienza en 1812, cuando las caravanas de sanadores y espectáculos de rarezas eran una forma no industrializada de entretenimiento.

En 1812, Redheffer hizo una entrada triunfal en la ciudad de Filadelfia, E. U., afirmando haber construido una máquina de movimiento perpetuo. Las máquinas de este tipo se basaban en principios mecánicos de corte experimental y esotérico, y lo más cerca que el siglo XIX llegó a la utopía de la energía ilimitada fue con los diseños que Tesla nunca llegó a comercializar.

La celebridad inmediata de Redheffer se basaba en la propaganda, además del artificio minucioso por la máquina y el discurso de ventas que lo acompañaba; además del dólar a la entrada, el espectador podía examinar la máquina con la condición de que se mantuviera detrás de una ventana especial, por el peligro de que el invento sufriera daños en manos inexpertas. Pronto, Redheffer solicitó fondos estatales y privados para construir una versión a escala gigante de la máquina lo que, de haber ocurrido, no nos tendría en la crisis energética por la que atravesamos, y la Revolución Industrial y la Modernidad hubieran tenido un desarrollo muy diferente, cosa que no ocurrió.

Pero uno de los hijos de los inspectores que fueron a verificar que no se tratara de un fraude (o mejor dicho, que fueron a reconocer qué tipo de fraude se llevaba a cabo) notó que los engranes de la máquina estaban colocados en la dirección errónea.

Se sabe que Leonardo da Vinci solía dibujar los planos de sus máquinas con sutiles errores de armado, de modo que si fuesen robados, las máquinas no pudieran servir al enemigo, pues muchas veces se trataba de diseños militares. Pero la falla que el chico descubrió en la máquina de Redheffer era mucho más básica, y hacía evidente que el movimiento de los engranes era producido por una fuente externa.

Un ingeniero llamado Charles Gobort incluso apostó públicamente mucho dinero para probar que la máquina era real. Pero un segundo ingeniero contratado por el inspector, Isaiah Lukens, construyó un doble de la máquina de Redheffer, que andaba gracias a una maquinaria de relojería escondida. Cuando esta máquina fue mostrada a Redheffer, este "mordió la carnada, el anzuelo, la línea y la caña", como dijo Lukens en una crónica de la época, y ofreció una gran cantidad de dinero al falso inventor por que le revelara el secreto.

Luego de ser expuesto públicamente, Redheffer huyó a Nueva York, donde presentó otra versión de su máquina; una que tampoco resistió un análisis experto. El ingeniero mecánico Robert Fulton estaba intrigado con el problema, y al notar un leve contoneo de la máquina, se dio cuenta de que la fuente de poder debía encontrarse en otra parte. En una palabra, esa máquina no se movía como una máquina construida en esas mismas condiciones debería moverse.

En medio de una multitud, Fulton retó a Redheffer a que le permitiera explicar lo que, según él, era el secreto de la máquina; si era incapaz de hacerlo, Fulton le daría un montón de dinero por los daños que pudiera causarle a la máquina. La codicia traicionó una vez más a Redheffer, quien aceptó el trato. Entonces Fulton, en un momento que en el siglo XX sería conocido como "retirar la cortina del mago de Oz", retiró una de las paredes de seguridad de la máquina, dejando ver que en la parte superior de la máquina había un hilo muy delgado; al seguir el hilo, se dieron cuenta de que había un hombre en otro piso moviendo un cigüeñal con una mano y comiendo pan con la otra.

La máquina fue destruida y Redheffer huyó una vez más.