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Pederastia, sotanas y poder

Por: Maite Azuela - 06/11/2014

Para quienes se negaban a la canonización de Juan Pablo II por el silencio que guardó acerca de la pederastia de Marcial Maciel mientras fue cabeza del Vaticano, no era de sorprender que un violador de menores se presentara en aquella celebración sin impedimento alguno

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¿Sabían que entre los asistentes a la canonización de Juan Pablo II estuvo un sacerdote mexicano que se dedicó más de 30 años a abusar sexualmente de cientos de menores?

Alto, rubio, con la mirada evasiva, Enrique Córdova, acompañado de sus compañeros de diferentes jerarquías eclesiales, viajó como si fuera un buen samaritano hacia Roma, sin que nadie hiciera públicos sus actos. Su presencia en un evento tan importante y solemne para la iglesia católica no puede explicarse sin la complicidad de la arquidiócesis. Para quienes se negaban a la canonización de Juan Pablo II por el silencio que guardó acerca de la pederastia de Marcial Maciel mientras fue cabeza del Vaticano, no era de sorprender que un violador de menores se presentara en aquella celebración sin impedimento alguno.

El viaje a Europa le sirvió para esconderse de la ley. Lo último que se supo de él, según señala el ex cura Alberto Athié, es que voló a España para fugarse y desaparecer. 

Sus cómplices no han sido sólo quienes usan sotana. Resulta que el gobernador de San Luis Potosí, Fernando Toranzo Fernández, era muy cercano a Córdova, quien incluso fungía como su Consejero Ciudadano de Transparencia y Vigilancia para las Adquisiciones y Contratación de Obra Pública.

El silencio de las autoridades eclesiásticas no ha sido lo único que ha alimentado la impunidad de estos actos. Durante los años en que las víctimas denunciaron al padre Maciel, presidentes de la República, jefes de gobierno, gobernadores, jueces y legisladores ignoraron por completo esas denuncias. La complacencia era un acuerdo no escrito que les permitía colaborar para mantener vivos sus intereses.

El caso de Córdova en San Luis Potosí parece estar menos amordazado que el del padre Maciel. Definitivamente, los recursos económicos que le representa a la Iglesia la investidura de Córdova no tienen nada que ver con lo que los legionarios aportan al Vaticano. Aún así, transcurrieron 30 años durante los cuales este sacerdote, a quien el arzobispo señalaba sólo como un descuidado de las buenas costumbres, abusó sistemáticamente de menores de edad mediante actos que iban desde las humillaciones, la tortura psicológica o el sexo oral, hasta la violación.

Tan es así que la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas (CEAV), que había permanecido al margen de todos estos crímenes, ofreció asesoría legal y jurídica a las presuntas víctimas justo cuando la arquidiócesis –después de varias décadas- dio de baja a Córdova.

Parece que las cosas no se modificarán demasiado. El discurso del presidente se enfoca en las reformas y toca de paso el problema de los migrantes. Tras hacer una invitación teatral al Papa, se ve lejana la posibilidad de que toque estos temas que lastiman profundamente a niños y familias en nuestro país.

Peña Nieto está a tiempo todavía. Si su interés estuviera colocado en sus gobernados y no en las justificaciones plenipotenciarias, habría de pronunciarse en defensa de las víctimas del sacerdocio ahora que el representante del Vaticano pise nuestra tierra.

La complicidad entre las autoridades eclesiásticas y el poder de los políticos mexicanos está a la vista. Lo que llama la atención es la falta de reacciones de las comunidades católicas que no pertenecen directamente al clero. Es incomprensible su indiferencia ante el sufrimiento de las víctimas, la apatía con la que enmudecen y dejan que estos delincuentes ultrajen a los suyos.

Quizá la baja paulatina que ha tenido el número de católicos en América Latina durante estas últimas décadas sea una señal de repulsión ante estas complicidades. Según la investigación del Latinobarómentro, entre 1995 y 2013 la población católica en el continente bajo de 80% a 67%.

Lo que importa ahora es que den con el paradero de Córdova para hacerlo pagar por cada uno de sus crímenes pederastas y que además investiguen a los cómplices que, tanto desde el gobierno de San Luis Potosí como desde la arquidiócesis, permitieron el abuso de los pequeños durante tres décadas.

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El poema de Catulo que fue censurado durante 20 siglos por su obscenidad

Por: Javier Raya - 06/11/2014

El poema XVI de Catulo ha servido para que traductores de todas las épocas proyecten sus propias inseguridades, tiñendo de misterio versos que se concibieron transparentes y cuyo significado deja poco margen de ambigüedad: ¿amenaza de violación homosexual o festiva desestimación de sus enemigos? Catulo tiene la primera y la última palabra
[caption id="attachment_78752" align="aligncenter" width="614"]Catulo y Lesbia, de Sir Lawrence Alma-Tadema Catulo y Lesbia, de Sir Lawrence Alma-Tadema[/caption]
CARMINA XVI
 
Paedicabo ego vos et irrumabo
Aureli pathice et cinaede Furi,
qui me ex versiculis meis putastis,
quod sunt molliculi, parum pudicum.
Nam castum esse decet pium poetam
ipsum, versiculos nihil necesse est,
qui tum denique habent salem ac leporem,
si sunt molliculi ac parum pudici
et quod pruriat incitare possunt,
non dico pueris, sed his pilosis,
qui duros nequeunt movere lumbos.
Vos quod milia multa basiorum
legitis, male me marem putatis?
Paedicabo ego vos et irrumabo

Con toda la basura que pasa a diario por nuestras pantallas, ¿es posible que alguien pueda aún sentirse avergonzado por leer un poema? Por increíble que parezca, los 14 versos endecasílabos del Carmina XVI de Catulo, nacido en Verona y muerto en Roma en el año 54 a. C., parecen no haber sido traducidos propiamente desde entonces. Pero Catulo no es -ni por mucho- un poeta menor; entonces, ¿por qué los dos primeros versos, y a menudo el último, fueron suprimidos de ediciones canónicas o reelaborados con frases eufemísticas?

Antes de contar la historia del poema, es preciso hacernos una idea de la literalidad y precisión de lo que Catulo está diciéndole a los dos personajes, Furio y Aurelio, blancos elegidos de su escarnio en este y muchos poemas más. Una versión literal, en métrica blanca y con diccionario a la vista, quedaría más o menos así:

Voy a cogérmelos por el culo y por la cara,
Aurelio mamavergas y Furio el sodomita,
que por mis lascivos versos me consideran
un culo blando y un desvergonzado.
Se supone que el poeta debe ser casto
él mismo, aunque sus versos no lo sean,
aunque tengan sin duda sal y gracia
si son lascivos y desvergonzados
y provoquen escozor, no digo que en los jóvenes,
sino en los peludos viejos
que no pueden levantar ni el culo.
¿Porque han leído "muchos miles de besos"
me consideran un amanerado?
Voy a cogérmelos por el culo y por la cara.
 

Versiones de los dos primeros versos

Os encularé y me la mamaréis
bardaje de Aurelio y marica de Furio

(Ana Pérez Vega, 2008)

Os daré por el culo y me la vais a chupar, 
Aurelio comevergas y Furio julandrón

(Rosario González Galicia, 2001)

Yo me los voy a culear y voy a hacer que ustedes me chupen la pija,
a vos Aurelio, culo roto, y a vos Furio, que sos una loca bailarina

(Leonor Silvestri, 2007)

 Fuck you, boys, up the butt and in the mouth, you queer Aurelius and you fag Furius!

(Micaela Wakil Janan, 1994)

 
Aurelius down, you'll knuckle under!
Furius up! Admit your blunder!

(Jack Lindsay, 1948)

Us la fotré pel cul i me la xupareu

(Jordi Llovet, 2003)

Cuestión de contexto

El latín es mucho más exacto que el español y deja poca controversia en cuanto a su significado, especialmente en la descripción minuciosa de los actos sexuales de los primeros versos. Pedicare (del griego παιδικω), por ejemplo, es un verbo transitivo cuya definición fiel es "insertar el propio pene en el ano de otra persona"; irrumare, por su parte, es "insertar el propio pene en la boca de otra persona para que lo chupe", y se llama al depositario del mentado pene un fellator o, como en la línea dos, un pathicus. Sólo para estar muy claros: una "mamada" sería una fellatio, pero irrumabo sería más bien un "face-fuck", o utilizar la boca de alguien como si se la follara.

F. W. Cornish, responsable de la edición Loeb, considerada canónica por mucho tiempo en lengua inglesa, presenta felizmente el Carmina XVI como "un fragmento", sustituyendo el primer verso por un asterisco; C. H. Sisson, siguiendo la edición Loeb, omite también las líneas obscenas "porque me parece que el poema está mejor sin ellas (las últimas ocho líneas): las líneas adicionales son probablemente espurias. No es probable que Catulo exaltara la cualidad pornográfica de lo que escribió." (Una breve relación histórica de la censura de este texto puede leerse aquí.)

La virilidad no era cosa menor en los días de Catulo: en las colecciones de poemas a Lesbia (pseudónimo de una mujer casada) o a Ipsitila, la sexualidad toma la forma de un deseo difícil de saciar, como cuando el poeta refiere la ocasión de realizar hasta "novem continuas fututiones" (coger nueve veces seguidas) con esta última, pero también hay notas tiernas, como cuando promete a Lesbia, besándola sin cesar, que "cuando lleguemos a muchos miles" de besos "perderemos la cuenta para ignorarla."

Probablemente Furio y Aurelio se burlaron de Catulo por prometer una cantidad tan descomunal de besos a una mujer, sobre todo si tomamos en cuenta que Furio tuvo amores con Juventio, amante de Catulo. Lo que ha sonrojado a los traductores no es el sentido del verso pedicabo ego vos et irrumabo, sino su contexto apropiado. Algunos investigadores consideran que, en tiempos de Catulo, se trataría de una expresión obscena pero en sentido figurado, algo así como si en español mexicano dijéramos "chinga tu madre". En efecto, nadie espera realmente que al imprecar con esa expresión al otro, el aludido vaya efectivamente y tenga relaciones sexuales con su madre. Del mismo modo, es poco probable que Catulo sintiera deseos lascivos por Furio o Aurelio, sino que estaba mandándolos al carajo por tildarlo de amanerado a causa de su poesía amorosa.

Pero haríamos mal en hacer como los traductores de Catulo y suponer que esos dos versos constituyen el poema entero. Catulo dice mucho más. Tanto dice, de hecho, que Ovidio, Plinio el Joven y Apuleyo se han remitido a la autoridad de este texto para afirmar que en cierta medida un poeta debe ser una persona respetable, pero no así sus poemas. La figura del poeta maldito a la Baudelaire ("un buen poeta es una mala persona") es una lectura adolescente y miope de algo mucho más complejo: el poeta puede ser buena o mala persona, eso da lo mismo, pero debe exigir la máxima precisión y la mayor amplitud de registros emocionales en su trabajo.

Catulo dejó cientos de canciones de amor (que Carl Orff llegó a musicalizar), al igual que himnos, elegías delicadas y un puñado de invectivas. Porque ni los hombres ni los poetas son de la misma manera todo el tiempo ni a todas horas, y por lo mismo, los mejores encuentran la forma adecuada de cantar sus amores sin dejar de pasar revista a sus contados enemigos.

En la tradición hispanoamericana, un texto de tenor similar al de Catulo (donde un poeta rebate a sus críticos en tono invectivo y abiertamente hostil) podría ser Aquí estoy, de Neruda, dedicado a sus acérrimos enemigos, Pablo de Rohka y Vicente Huidobro, algunos de cuyos versos rezan:

¡Cabrones!
¡Hijos de putas!
Hoy ni mañana
ni jamás
acabaréis conmigo!
Tengo llenos de pétalos los testículos, 
tengo lleno de pájaros el pelo, 
tengo poesía y vapores, 
cementerios y casas, 
gente que se ahoga, 
incendios,
en mis “Veinte poemas”,
en mis semanas, en mis caballerías, 
y me cago en la puta que os malparió, 
Derokas, patíbulos,
Vidobras,
y aunque escribáis en francés con el retrato 

de Picasso en las verijas…

Otras versiones de Carmina XVI en castellano

Os sodomizaré y me la chuparéis, Aurelio bujarrón y puto Furio, que me habéis considerado poco honesto por mis ligeros versos, porque son muy sensuales. Es verdad que, si conviene que el poeta piadoso sea casto personalmente, en nada es forzoso que lo sean sus versos, ya que entonces al fin tienen sal y gracia, si son muy sensuales y poco pudorosos y pueden provocar excitación, no digo a los jóvenes, sino a esos velludos que no pueden menear sus pesados lomos. ¿Vosotros, porque habéis leído muchos miles de besos, me consideráis poco macho? Os sodomizaré y me la chuparéis.

(Arturo Soler Ruiz, Gredos, 2011)

Yo os daré por el culo y por la boca
Aurelio pederasta y capón Furio,
que a mí por mis versitos me jusgásteis
-pues tiernecitos son- púdico poco.
Pues bien está ser casto el pío poeta
mismo; no deben serlo los versitos
que, al fin de cuentas, tienen sal y encanto
si tiernecitos son y poco púdicos,
e incitar pueden lo que da prurito
no digo a niños, pero a estos peludos
que no pueden mover los duros lomos.
Vosotros, que muchos miles de besos
leísteis, ¿me juzgáis que no soy macho?
Yo os daré por el culo y por la boca.

(Rubén Bonifaz Nuño, 1969)

 

Twitter del autor: @javier_raya